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El segundo libro de Samuel continúa la historia del reinado de David, comenzando con su lamento por la muerte de Saúl y Jonatán. Este libro es canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en la tradición judía, donde forma parte de los Profetas Anteriores (Nevi'im Rishonim). El texto presentado sigue fielmente la traducción de la Biblia de Jerusalén.

2 Samuel

Capítulo 10

1

Después de esto murió el rey de los amonitas, y su hijo Hanún reinó en su lugar.

2

Dijo David: «Haré misericordia con Hanún, hijo de Najás, como su padre la hizo conmigo.» Y envió David a sus servidores a darle el pésame por su padre. Llegaron los servidores de David a la tierra de los amonitas,

3

pero los jefes de los amonitas dijeron a su señor Hanún: «¿Crees que es para honrar a tu padre por lo que David te ha enviado consoladores? ¿No ha enviado más bien David a sus servidores para explorar la ciudad y espiarla y devastarla?»

4

Hanún prendió a los servidores de David, les rapó la mitad de la barba, les cortó los vestidos por la mitad hasta las nalgas y los despidió.

5

Se lo comunicaron a David, y éste envió a su encuentro, porque aquellos hombres se encontraban en extremo avergonzados. El rey mandó a decirles: «Quedaos en Jericó hasta que os vuelva a crecer la barba, y entonces volveréis.»

6

Vieron los amonitas que se habían hecho odiosos a David, y enviaron a contratar a los arameos de Bet Rejob y a los arameos de Sobá, 20.000 hombres de a pie; al rey de Maaká, 1.000 hombres; y a los de Tob, 12.000 hombres.

7

Lo supo David y envió a Joab con todo el ejército de los valientes.

8

Salieron los amonitas y ordenaron la batalla a la entrada de la puerta. Los arameos de Sobá y de Rejob y los hombres de Tob y de Maaká estaban solos en campo raso.

9

Viendo Joab que tenía que atacar por el frente y por la retaguardia, eligió de entre lo mejor de Israel a los suyos y los puso en orden de batalla contra los arameos.

10

Puso el resto de la tropa bajo el mando de su hermano Abisay, que los puso en orden de batalla contra los amonitas.

11

Dijo Joab: «Si los arameos son más fuertes que yo, ven en mi auxilio; y si los amonitas lo son más que tú, iré yo a auxiliarte.

12

¡Ten valor y portémonos valientemente por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios, y haga Yahveh lo que bien le parezca!»

13

Se acercó Joab con su gente para atacar a los arameos, y estos huyeron delante de él.

14

Cuando los amonitas vieron que los arameos habían huido, huyeron también ellos delante de Abisay, y se retiraron a la ciudad. Entonces Joab se retiró de los amonitas y volvió a Jerusalén.

15

Vieron los arameos que habían sido derrotados por Israel, y se reagruparon.

16

Envió Hadadézer a hacer venir a los arameos del otro lado del Río, los de Helam, con Sobac, jefe del ejército de Hadadézer, al frente.

17

Se le dio parte a David, y éste reunió a todo Israel, pasó el Jordán y llegó a Helam. Los arameos se ordenaron en batalla contra David y pelearon con él.

18

Pero los arameos huyeron delante de Israel; David mató a los arameos setecientos carros y cuarenta mil jinetes, e hirió a Sobac, jefe del ejército, que murió allí.

19

Todos los reyes, vasallos de Hadadézer, al verse derrotados por Israel, hicieron la paz con Israel y le quedaron sometidos. Los arameos no volvieron a ayudar a los amonitas.

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