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El segundo libro de Samuel continúa la historia del reinado de David, comenzando con su lamento por la muerte de Saúl y Jonatán. Este libro es canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en la tradición judía, donde forma parte de los Profetas Anteriores (Nevi'im Rishonim). El texto presentado sigue fielmente la traducción de la Biblia de Jerusalén.

2 Samuel

Capítulo 12

1

Yahveh envió a Natán a David. Fue donde él y le dijo: «Había dos hombres en la misma ciudad, uno rico y otro pobre.

2

El rico tenía muchísimas ovejas y bueyes;

3

el pobre no tenía más que una corderilla, una sola, que había comprado; él la criaba, y ella crecía con él y con sus hijos, comiendo de su pan, bebiendo de su vaso y durmiendo en su seno, y la tenía como a una hija.

4

Llegó un viajero a casa del rico, y éste, no queriendo tomar de sus propias ovejas o vacas para guisar para el viajero que había venido, tomó la corderilla del pobre y la guisó para aquel que había llegado.»

5

Se encendió la cólera de David contra aquel hombre y dijo a Natán: «¡Vive Yahveh que el que ha hecho eso merece la muerte!

6

Y pagará cuatro veces el valor de la corderilla por haber hecho tal cosa y no haber tenido compasión.»

7

Dijo Natán a David: «Ese hombre eres tú. Así dice Yahveh, Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel, yo te libré de la mano de Saúl,

8

te di la casa de tu señor y puse en tu seno las mujeres de tu señor, y te di la casa de Israel y de Judá; y si esto es poco, añadiré otras tantas cosas.

9

¿Por qué has menospreciado la palabra de Yahveh haciendo lo que es malo a sus ojos? Has herido con la espada a Urías el hitita, has tomado a su mujer por mujer tuya, y a él le has matado con la espada de los amonitas.

10

Ahora, pues, la espada no se apartará jamás de tu casa, ya que me has menospreciado y has tomado la mujer de Urías el hitita para hacerla tu mujer.

11

Así dice Yahveh: He aquí que voy a hacer venir de tu propia casa una desgracia sobre ti; tomaré a tus mujeres ante tus propios ojos y se las daré a otro, que se acostará con ellas a plena luz del sol.

12

Tú lo hiciste en secreto, pero yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol.»

13

Dijo David a Natán: «He pecado contra Yahveh.» Natán respondió a David: «Yahveh, de su parte, perdona tu pecado; no morirás.

14

Pero, por haber ultrajado a Yahveh con este asunto, el hijo que te ha nacido morirá.»

15

Y se fue Natán a su casa. Hirió Yahveh al niño que la mujer de Urías había dado a David, y cayó gravemente enfermo.

16

Suplicó David a Dios por el niño; ayunó y se encerraba por las noches, y se echaba en el suelo.

17

Los ancianos de su casa se le acercaron para hacerle levantar del suelo, pero no quiso, ni comió con ellos.

18

El séptimo día murió el niño. Los servidores de David temían decirle que el niño había muerto, porque pensaban: «Cuando el niño vivía, le hablábamos, y no nos hacía caso; ¿cómo le diremos que ha muerto el niño? ¡Se hará una desgracia!»

19

Viendo David que sus servidores murmuraban entre sí, comprendió que el niño había muerto. Preguntó David a sus servidores: «¿Ha muerto el niño?» Respondieron: «Ha muerto.»

20

Entonces David se levantó del suelo, se lavó, se ungió, se cambió de vestidos, entró en la Casa de Yahveh y se postró. Luego volvió a su casa, pidió que le sirviesen de comer y comió.

21

Sus servidores le dijeron: «¿Qué significa lo que haces? Cuando el niño vivía, ayunabas y llorabas; ahora que ha muerto, te levantas y comes.»

22

Él respondió: «Cuando el niño vivía, ayunaba y lloraba, pues me decía: "¿Quién sabe si Yahveh se compadecerá de mí y vivirá el niño?"

23

Pero ahora que ha muerto, ¿por qué he de ayunar? ¿Podré hacerle volver? Yo voy hacia él, pero él no volverá a mí.»

24

Consoló David a Betsabé, su mujer; fue a ella, se unió a ella, y ella dio a luz un hijo, a quien llamó Salomón. Y Yahveh le amó,

25

y le envió a decir, por medio del profeta Natán, que le pusiera por nombre Yedidías, en atención a Yahveh.

26

Entretanto, Joab atacaba a Rabá de los amonitas, y se apoderó de la ciudad real.

27

Envió Joab mensajeros a David para decirle: «He atacado a Rabá y me he apoderado ya de la ciudad de las aguas.

28

Reúne, pues, al resto del ejército, pon sitio a la ciudad y tómala, no sea que tome yo la ciudad y sea llamada con mi nombre.»

29

Reunió David a todo el ejército, fue a Rabá, la atacó y la tomó.

30

Tomó la corona de la cabeza de su rey, que pesaba un talento de oro y tenía una piedra preciosa; la pusieron sobre la cabeza de David. Y sacó un inmenso botín de la ciudad.

31

Sacó a sus habitantes y les puso a las sierras, a los trillos de hierro y a las hachas de hierro, y los hizo pasar por hornos de ladrillos. Lo mismo hizo con todas las ciudades de los amonitas. Volvió luego David con todo el ejército a Jerusalén.

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