El segundo libro de Samuel continúa la historia del reinado de David, comenzando con su lamento por la muerte de Saúl y Jonatán. Este libro es canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en la tradición judía, donde forma parte de los Profetas Anteriores (Nevi'im Rishonim). El texto presentado sigue fielmente la traducción de la Biblia de Jerusalén.
2 Samuel
Capítulo 13
Sucedió después de esto: Absalón, hijo de David, tenía una hermana muy hermosa llamada Tamar, de la que se enamoró Amnón, también hijo de David.
Amnón se obsesionó de tal manera que hasta enfermó por Tamar, su hermana, pues siendo ella virgen, le parecía a Amnón difícil hacerle nada.
Tenía Amnón un amigo llamado Jonadab, hijo de Simá, hermano de David; Jonadab era un hombre muy astuto.
Le preguntó: «Hijo de rey, ¿por qué estás tú así, abatido día tras día? ¿No me lo contarás?» Respondió Amnón: «Es que estoy enamorado de Tamar, la hermana de mi hermano Absalón.»
Le dijo Jonadab: «Acuéstate en tu lecho, hazte el enfermo; cuando venga tu padre a visitarte, le dirás: "Que venga mi hermana Tamar a darme de comer, y que haga la comida delante de mis ojos, para que yo la vea y la tome de su mano."»
Amnón se acostó, se hizo el enfermo. Vino el rey a visitarle, y dijo Amnón al rey: «Que venga mi hermana Tamar, para que haga delante de mis ojos dos tortas, y yo comeré de su mano.»
David mandó decir a Tamar en casa: «Ve a casa de tu hermano Amnón y prepárale la comida.»
Fue Tamar a casa de su hermano Amnón, que estaba acostado. Tomó masa, la amasó, hizo tortas delante de él, y las coció.
Tomó la sartén y las vació delante de él, pero él se negó a comer. Dijo Amnón: «Haced salir a todo el mundo de aquí.» Y todos salieron de su presencia.
Entonces dijo Amnón a Tamar: «Tráeme la comida a la alcoba, para que yo coma de tu mano.» Tamar tomó las tortas que había hecho y se las llevó a su hermano Amnón a la alcoba.
Se las acercó para que comiera, pero él la asió y le dijo: «Ven, acuéstate conmigo, hermana mía.»
Ella le dijo: «No, hermano mío; no me violes, que no se hace así en Israel; no hagas esa infamia.
¿Y yo, adónde iría con mi vergüenza? Y tú serías como un infame en Israel. Habla, pues, al rey; no se opondrá él a que me des a ti.»
Pero él no quiso escucharla, la forzó, la violó y se acostó con ella.
Entonces la aborreció Amnón con un odio muy grande, mayor que el amor con que la había amado, y le dijo Amnón: «¡Levántate y vete!»
Ella le dijo: «No, hermano, que sería mayor este mal que el que ya me has hecho, si me echas.» Pero él no quiso escucharla.
Llamó a su criado, a su servidor, y le dijo: «Echa fuera a ésta, lejos de mí, y echa el cerrojo detrás de ella.»
Llevaba ella una túnica de mangas largas, pues con este vestido se adornaban las doncellas vírgenes. Su criado la echó fuera y echó el cerrojo detrás de ella.
Entonces Tamar se echó ceniza sobre la cabeza, rasgó la túnica de mangas largas que llevaba, se puso las manos sobre la cabeza y se fue gritando.
Le dijo su hermano Absalón: «¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Ahora, pues, hermana mía, guarda silencio; es tu hermano; no te preocupes por eso.» Tamar se quedó, desolada, en casa de su hermano Absalón.
Cuando el rey David supo todo esto, se enojó sobremanera, pero no quiso entristecer a su hijo Amnón, porque le amaba por ser su primogénito.
Absalón no dijo a Amnón ni bueno ni malo; pero Absalón aborrecía a Amnón por haber violado a su hermana Tamar.
A los dos años, cuando esquilaban las ovejas de Absalón en Baal Hasor, que está junto a Efraím, invitó Absalón a todos los hijos del rey.
Fue Absalón donde el rey y le dijo: «Mira, ha llegado la esquila de tus siervos; que venga el rey con sus servidores a casa de tu siervo.»
Pero el rey respondió a Absalón: «No, hijo mío; no vayamos todos, no seamos una carga para ti.» Insistió, pero no quiso ir; sólo le dio su bendición.
Dijo Absalón: «Si no vienes tú, que venga al menos con nosotros mi hermano Amnón.» Respondió el rey: «¿Para qué ha de ir contigo?»
Insistió Absalón; entonces le dejó ir con Amnón y con todos los hijos del rey.
Absalón ordenó a sus criados: «Atended. Cuando esté alegre Amnón con vino, y yo os diga: "¡Herid a Amnón!", le mataréis. No temáis; ¿no soy yo el que os lo ordeno? ¡Ánimo, sed valientes!»
Los criados de Absalón hicieron con Amnón como Absalón había ordenado. Entonces todos los hijos del rey se levantaron, montaron cada uno en su mula y huyeron.
Cuando aún iban por el camino, llegó a David el rumor: «¡Absalón ha matado a todos los hijos del rey, y no ha quedado ni uno!»
El rey se levantó, rasgó sus vestidos y se echó en tierra; todos sus servidores estaban junto a él con los vestidos rasgados.
Pero Jonadab, hijo de Simá, hermano de David, tomó la palabra y dijo: «No piense mi señor que han muerto todos los jóvenes, los hijos del rey; sólo ha muerto Amnón; porque eso ya estaba decidido por orden de Absalón desde el día que Amnón violó a su hermana Tamar.
Ahora, pues, que mi señor el rey no se preocupe pensando que han muerto todos los hijos del rey, porque sólo Amnón ha muerto.»
Absalón huyó. El centinela alzó los ojos y vio que una gran muchedumbre venía por el camino del lado del monte, por la cuesta de Joronáim.
Jonadab dijo al rey: «Ahí tienes a los hijos del rey que vienen; es como decía tu siervo.»
Apenas había acabado de hablar, cuando llegaron los hijos del rey; alzaron la voz y lloraron; también el rey y todos sus servidores lloraron con gran llanto.
Absalón había huido y se había ido a casa de Talmay, hijo de Ammihud, rey de Gesur. David hizo duelo por su hijo todo el tiempo.
Absalón huyó y se fue a Gesur, donde estuvo tres años.
Y el rey David cesó de perseguir a Absalón, porque ya se había consolado de la muerte de Amnón.