El segundo libro de Samuel continúa la historia del reinado de David, comenzando con su lamento por la muerte de Saúl y Jonatán. Este libro es canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en la tradición judía, donde forma parte de los Profetas Anteriores (Nevi'im Rishonim). El texto presentado sigue fielmente la traducción de la Biblia de Jerusalén.
2 Samuel
Capítulo 14
Joab, hijo de Seruyá, comprendió que el corazón del rey estaba por Absalón.
Envió a llamar a una mujer astuta de Tecoa, y le dijo: «Hazte la que está de duelo, vístete luto, no te unjas con óleo y sé como una mujer que hace ya mucho tiempo está de duelo por un muerto.
Ve donde el rey y háblale de esta manera.» Y Joab puso en su boca las palabras.
Habló, pues, la mujer de Tecoa al rey; se postró en tierra, hizo reverencia y dijo: «¡Sálvame, oh rey!»
El rey le preguntó: «¿Qué te pasa?» Ella respondió: «Yo soy una mujer viuda; ha muerto mi marido.
Tu sierva tenía dos hijos; riñeron los dos en el campo, y como no había nadie que los separase, hirió el uno al otro y le mató.
Ahora toda la familia se ha levantado contra tu sierva y le dice: "Entrega al que mató a su hermano; lo vamos a matar por la vida del hermano a quien mató, aunque acabemos también con el heredero." Así apagarán la brasa que me queda, no dejarán a mi marido nombre ni resto sobre la tierra.»
Dijo el rey a la mujer: «Vete a tu casa; yo daré ordenes en tu favor.»
Respondió la mujer de Tecoa al rey: «¡Caiga la culpa sobre mí, mi señor el rey, y sobre la casa de mi padre, y sea inocente el rey y su trono!»
Continuó el rey: «Si alguien te amenaza, tráemelo, y no volverá a molestarte.»
Dijo ella: «Que el rey se acuerde de Yahveh tu Dios, para que no aumente el vengador de la sangre para seguir destruyendo, y no maten a mi hijo.» Respondió él: «Vive Yahveh, que no caerá un pelo de la cabeza de tu hijo.»
La mujer dijo: «Permite tu sierva decir una palabra a mi señor el rey.» Dijo él: «Habla.»
La mujer dijo: «¿Por qué has pensado así contra el pueblo de Dios? Al hablar así el rey, se declara reo, no haciendo volver a su desterrado.
Morimos sin remedio, y somos como el agua derramada por tierra que no se puede recoger, pero Dios no quita la vida, sino que idea medios para que no sea arrojado lejos de él su desterrado.
Ahora, pues, si he venido a hablar así a mi señor el rey, es porque el pueblo me ha atemorizado; y tu sierva se ha dicho: "Voy a hablar al rey; quizás el rey haga lo que dice su sierva
y escuche el rey para librar a su sierva de la mano del hombre que quiere exterminarme a mí y a mi hijo juntos de la heredad de Dios".
Tu sierva se ha dicho: "La palabra de mi señor el rey será un consuelo, porque mi señor el rey es como un ángel de Dios para discernir el bien y el mal. ¡Yahveh tu Dios sea contigo!"»
El rey respondió a la mujer: «No me ocultes nada de lo que te voy a preguntar.» Dijo la mujer: «Hable mi señor el rey.»
Preguntó el rey: «¿Está la mano de Joab contigo en todo esto?» Respondió la mujer: «Vive tu vida, oh rey, mi señor, que nadie puede desviarse ni a derecha ni a izquierda de lo que dice mi señor el rey. Sí, tu siervo Joab me ha ordenado, y él ha puesto todas estas palabras en boca de tu sierva.
Para dar a este asunto otra apariencia, ha hecho tu siervo Joab esto. Pero mi señor es sabio con la sabiduría de un ángel de Dios, que conoce todo lo que pasa en la tierra.»
Dijo el rey a Joab: «Mira, voy a hacer esto; ve, pues, y haz volver al joven Absalón.»
Cayó Joab sobre su rostro en tierra, se postró y bendijo al rey; luego dijo Joab: «Hoy sabe tu siervo que he hallado gracia a tus ojos, pues el rey ha concedido la súplica de su siervo.»
Se levantó Joab, fue a Gesur y trajo a Absalón a Jerusalén.
Pero el rey dijo: «Que se vaya a su casa, y no vea mi rostro.» Absalón se fue a su casa y no vio el rostro del rey.
En todo Israel no había hombre tan hermoso y tan loado como Absalón; desde la planta de los pies hasta la coronilla no tenía defecto.
Cuando se cortaba el cabello (y se lo cortaba cada año, porque le pesaba), pesaba el pelo de su cabeza doscientos siclos de peso real.
Nacieron a Absalón tres hijos y una hija llamada Tamar, que era una mujer muy hermosa.
Absalón habitó dos años en Jerusalén, sin ver la cara del rey.
Absalón mandó llamar a Joab para enviarle al rey, pero no quiso venir. Volvió a mandar llamarle y no quiso venir.
Dijo entonces a sus criados: «Mirad, la parcela de Joab está junto a la mía, donde tiene cebada; id y prendedle fuego.» Los criados de Absalón prendieron fuego a la parcela.
Entonces se levantó Joab y fue a casa de Absalón, y le dijo: «¿Por qué han pegado fuego tus criados a mi parcela?»
Absalón respondió a Joab: «Mira, te he mandado a decir: Ven acá, que quiero enviarte al rey a decirle: ¿Para qué he venido de Gesur? Mejor me sería estar todavía allí. Ahora, pues, que vea yo el rostro del rey; y si hay delito en mí, que me mate.»
Fue Joab al rey y se lo dijo. El rey llamó a Absalón; vino a él y se postró ante el rey con el rostro en tierra; y el rey besó a Absalón.