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El segundo libro de Samuel continúa la historia del reinado de David, comenzando con su lamento por la muerte de Saúl y Jonatán. Este libro es canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en la tradición judía, donde forma parte de los Profetas Anteriores (Nevi'im Rishonim). El texto presentado sigue fielmente la traducción de la Biblia de Jerusalén.

2 Samuel

Capítulo 15

1

Después de esto, se procuró Absalón un carro, caballos y cincuenta hombres que corrieran delante de él.

2

Se levantaba de mañana y se paraba al borde del camino de la puerta. Cuando alguien, teniendo un pleito, venía al rey para sentencia, Absalón le llamaba y le decía: «¿De qué ciudad eres?» Respondía: «Tu siervo es de tal tribu de Israel.»

3

Entonces Absalón le decía: «Mira, tu asunto es bueno y justo, pero nadie te escucha de parte del rey.»

4

Y añadía: «¡Quién me hiciera juez en el país, para que viniese a mí todo el que tiene un pleito o una causa, y yo le haría justicia!»

5

Cuando alguien se acercaba a él para postrarse, él le tendía la mano, le abrazaba y le besaba.

6

Así hacía Absalón con todos los israelitas que acudían al rey para un juicio. Así fue ganándose Absalón el corazón de los hombres de Israel.

7

Al cabo de cuatro años, dijo Absalón al rey: «Permíteme ir a Hebrón a cumplir el voto que he hecho a Yahveh.

8

Porque tu siervo hizo un voto, cuando residía en Gesur de Aram, diciendo: "Si Yahveh me hace volver a Jerusalén, iré a servir a Yahveh."»

9

El rey le dijo: «Vete en paz.» Y él se levantó y se fue a Hebrón.

10

Envió Absalón espías por todas las tribus de Israel para que dijeran: «Cuando oigáis el sonido de la trompeta, decid: "¡Absalón ha sido proclamado rey en Hebrón!"»

11

Con Absalón habían ido de Jerusalén doscientos hombres, invitados por él, que iban sin malicia, sin saber nada.

12

Mientras ofrecía los sacrificios, Absalón mandó llamar a Ajitofel de Guilo, consejero de David, de su ciudad de Guilo. La conjuración fue adquiriendo fuerza, y el pueblo acudía cada vez más numeroso a Absalón.

13

Llegó un mensajero a David, diciendo: «El corazón de los hombres de Israel se ha ido tras Absalón.»

14

Dijo David a todos sus servidores que estaban con él en Jerusalén: «¡Levantaos, huyamos, porque no podremos escapar de Absalón! ¡Daos prisa a marchar, no sea que nos alcance rápidamente, nos oprima y hiera a la ciudad a filo de espada!»

15

Respondieron los servidores del rey: «En todo lo que decida mi señor el rey, ahí estamos tus siervos.»

16

Salió el rey con toda su casa detrás de él, y dejó el rey a diez concubinas para guardar la casa.

17

Salió, pues, el rey con todo el pueblo detrás de él, y se detuvieron en la última casa.

18

Todos sus servidores desfilaban a su lado, y todos los cereteos, todos los peleteos y los seiscientos hombres de Gat que le habían seguido desde aquella ciudad, desfilaban delante del rey.

19

Dijo el rey a Ittay de Gat: «¿Por qué vienes también tú con nosotros? Vuelve y quédate con el rey, pues eres extranjero y desterrado de tu tierra.

20

Llegaste ayer, ¿y te voy a hacer hoy andar errante con nosotros, mientras yo voy adonde pueda ir? Vuelve, y haz volver a tus hermanos; ¡misericordia y fidelidad!»

21

Pero Ittay respondió al rey: «Vive Yahveh y vive mi señor el rey, que en el lugar donde esté mi señor el rey, sea para muerte o para vida, allí estará tu siervo.»

22

Dijo David a Ittay: «Pasa, pues, adelante.» Ittay de Gat pasó adelante con todos sus hombres y con toda la chusma que le seguía.

23

Todo el país lloraba a grandes voces mientras toda la gente desfilaba. El rey cruzó el torrente Cedrón, y toda la gente desfilaba hacia el camino del desierto.

24

Allí estaba también Sadoc, y todos los levitas con él, que llevaban el arca de la alianza de Dios; colocaron el arca de Dios, y subió Abiatar, mientras toda la gente terminaba de salir de la ciudad.

25

Dijo el rey a Sadoc: «Vuelve el arca de Dios a la ciudad. Si yo hallo gracia a los ojos de Yahveh, él me hará volver, y me hará ver el arca y su Morada.

26

Pero si dice: "No te quiero", aquí estoy; que haga de mí lo que bien le parezca.»

27

Dijo el rey al sacerdote Sadoc: «¿Ves? Vuelve en paz a la ciudad, y contigo tu hijo Ajimáas y Jonatán, hijo de Abiatar, vuestros dos hijos.

28

Mirad, yo voy a parar en los vados del desierto, hasta que llegue un mensaje de vosotros informándome.»

29

Sadoc y Abiatar hicieron volver el arca de Dios a Jerusalén, y se quedaron allí.

30

Subió David la cuesta de los Olivos; subía llorando, llevando la cabeza cubierta e iba descalzo. Todo el pueblo que le acompañaba tenía cubierta la cabeza, subía llorando.

31

Avisaron a David: «Ajitofel está con Absalón en la conspiración.» Dijo David: «¡Convierte, Yahveh, en necedad los consejos de Ajitofel!»

32

Cuando llegó David a la cumbre, donde se postraba ante Dios, salió a su encuentro Jusay el arquita, con la túnica rasgada y la cabeza cubierta de polvo.

33

David le dijo: «Si vienes conmigo, me serás una carga.

34

Pero si vuelves a la ciudad y dices a Absalón: "Yo seré de los tuyos, oh rey; fui otrora servidor de tu padre, pues bien, ahora lo soy tuyo", entonces podrás anular por mí el consejo de Ajitofel.

35

¿No están allí contigo los sacerdotes Sadoc y Abiatar? Todo lo que oigas de la casa del rey, se lo comunicarás a los sacerdotes Sadoc y Abiatar.

36

Ellos tienen allí consigo a sus dos hijos, Ajimáas de Sadoc y Jonatán de Abiatar; por ellos me comunicaréis todo lo que oigáis.»

37

Jusay, amigo de David, entró en la ciudad, cuando ya Absalón entraba en Jerusalén.

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