El segundo libro de Samuel continúa la historia del reinado de David, comenzando con su lamento por la muerte de Saúl y Jonatán. Este libro es canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en la tradición judía, donde forma parte de los Profetas Anteriores (Nevi'im Rishonim). El texto presentado sigue fielmente la traducción de la Biblia de Jerusalén.
2 Samuel
Capítulo 2
Después de esto, consultó David a Yahveh diciendo: «¿Subiré a una de las ciudades de Judá?» Yahveh le respondió: «Sube.» David preguntó: «¿A dónde subiré?» Y respondió: «A Hebrón.»
Subió, pues, David allá, con sus dos mujeres, Ajinoam de Yizreel y Abigail, la mujer de Nabal, del Carmelo.
David subió también con los hombres que le acompañaban, cada cual con su familia, y se establecieron en las ciudades de Hebrón.
Vinieron los hombres de Judá y ungieron allí a David como rey sobre la casa de Judá. Y se comunicó a David que los hombres de Yabés de Galaad habían sepultado a Saúl.
Entonces David envió mensajeros a los de Yabés de Galaad para decirles: «¡Benditos seáis de Yahveh, que habéis hecho esa obra de misericordia con Saúl, vuestro señor, sepultándole!
¡Yahveh sea con vosotros benévolo y fiel! También yo os haré bien, por cuanto lo habéis hecho así.
Ahora, pues, esforzaos y sed valientes, pues ha muerto Saúl, vuestro señor, y a mí me ha ungido la casa de Judá como rey suyo.»
Abner, hijo de Ner, jefe del ejército de Saúl, tomó a Isbaal, hijo de Saúl, y lo llevó a Majanáim.
Le hizo rey sobre Galaad, sobre los asuritas, sobre Yizreel, sobre Efraím, sobre Benjamín y sobre todo Israel.
Cuarenta años tenía Isbaal, hijo de Saúl, cuando comenzó a reinar sobre Israel, y reinó dos años. Sólo la casa de Judá seguía a David.
El tiempo que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá fue de siete años y seis meses.
Salió Abner, hijo de Ner, con los servidores de Isbaal, hijo de Saúl, de Majanáim a Gabaón.
También Joab, hijo de Seruyá, y los servidores de David salieron y se encontraron con ellos junto al estanque de Gabaón. Unos se sentaron a un lado del estanque, y otros al otro lado.
Dijo Abner a Joab: «Levántense los muchachos y luchen delante de nosotros.» Respondió Joab: «Que se levanten.»
Se levantaron, pues, y vinieron: doce por Benjamín, por Isbaal, hijo de Saúl, y doce de los servidores de David.
Se apoderó cada uno de la cabeza de su adversario, le metió la espada en el costado, y cayeron todos a una. Por eso se llamó aquel lugar Helcat Hassurim, que está en Gabaón.
Hubo aquel día un combate muy recio, y Abner y los hombres de Israel fueron batidos por los servidores de David.
Estaban allí los tres hijos de Seruyá: Joab, Abisay y Asael. Asael, ligero de pies como una gacela del campo.
Asael iba tras Abner, y en su persecución no se apartaba ni a derecha ni a izquierda.
Abner, volviéndose, dijo: «¿Eres tú, Asael?» Él respondió: «Yo soy.»
Abner le dijo: «Apártate a la derecha o a la izquierda, echa mano a uno de los jóvenes y tómate sus despojos.» Pero Asael no quiso apartarse de él.
Volvió Abner a decir a Asael: «Apártate, no sea que te tenga que derribar por tierra, y cómo podría yo levantar luego mi rostro ante Joab, tu hermano.»
Pero como no se apartaba, le hirió Abner con la lanza en el vientre, y la lanza le salió por las espaldas. Cayó allí mismo, y murió en aquel lugar. Y cuantos llegaban al lugar donde había caído Asael y había muerto, se paraban.
Joab y Abisay, persiguiendo a Abner, se pararon al ponerse el sol en la colina de Amá, frente a Gia, camino del desierto de Gabaón.
Reunieron los benjaminitas sus filas en torno a Abner, formando un solo escuadrón, y se pararon en la cumbre de una colina.
Abner gritó a Joab: «¿Ha de devorar la espada para siempre? ¿No sabes que al fin habrá amargura? ¿Hasta cuándo no dirás al pueblo que se aparte de perseguir a sus hermanos?»
Dijo Joab: «Vive Dios que si tú no hubieras hablado, el pueblo no habría cesado de perseguir a sus hermanos hasta la mañana.»
Tocó, pues, Joab la trompeta, y todo el pueblo se detuvo, y no persiguió más a Israel, ni combatió más.
Abner y sus hombres caminaron toda aquella noche por la Arabá, pasaron el Jordán, recorrieron todo el Bitrón y llegaron a Majanáim.
Volvió Joab de perseguir a Abner y reunió todo el pueblo. Faltaban de los servidores de David diecinueve hombres, además de Asael.
Pero los servidores de David habían herido a Benjamín y a los de Abner a 360 hombres, que habían muerto.
Tomaron a Asael y lo sepultaron en el sepulcro de su padre, que estaba en Belén. Joab y sus hombres anduvieron toda la noche, y al amanecer llegaron a Hebrón.