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El segundo libro de Samuel continúa la historia del reinado de David, comenzando con su lamento por la muerte de Saúl y Jonatán. Este libro es canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en la tradición judía, donde forma parte de los Profetas Anteriores (Nevi'im Rishonim). El texto presentado sigue fielmente la traducción de la Biblia de Jerusalén.

2 Samuel

Capítulo 22

1

Dirigió David a Yahveh las palabras de este cántico, el día que Yahveh le libró de la mano de todos sus enemigos y de la mano de Saúl.

2

Dijo: ¡Yahveh es mi roca, mi fortaleza, mi libertador;

3

mi Dios es mi roca, en quien me refugio, mi escudo y el baluarte de mi salvación, mi altura inexpugnable, mi asilo. Salvador mío, de la violencia me has salvado.

4

Yo invoco a Yahveh, que es digno de alabanza, y soy salvo de mis enemigos.

5

Las olas de la muerte me envolvían, torrentes destructores me aterraban;

6

los lazos del seol me cercaban, me aguardaban los lazos de la muerte.

7

En mi angustia invoqué a Yahveh, y clamé a mi Dios; desde su santuario oyó mi voz, y mi clamor llegó a sus oídos.

8

Entretanto la tierra se estremeció y tembló, los cimientos del cielo se sacudieron, y temblaron porque él se airó.

9

Humareda subió de sus narices, fuego devorador de su boca, ascuas ardientes brotaban de él.

10

Inclinó los cielos y descendió, con densa nube bajo sus pies.

11

Cabalgó en un querubín y voló, apareció sobre las alas del viento.

12

Hizo de las tinieblas un pabellón en torno a él, aguas negras, nubes espesas.

13

Del resplandor que le precedía brotaban ascuas de fuego.

14

Tronó Yahveh desde los cielos, el Altísimo hizo oír su voz.

15

Lanzó flechas y dispersó a mis enemigos, rayos y los confundió.

16

Entonces apareció el fondo del mar, y se descubrieron los cimientos del mundo, a la amenaza de Yahveh, al soplo del aliento de sus narices.

17

Desde lo alto me asió, me sacó de las muchas aguas,

18

me libró de mi enemigo poderoso, de aquellos que me odiaban, más fuertes que yo.

19

Me asaltaron el día de mi desgracia, pero Yahveh fue mi apoyo.

20

Me sacó a la anchura, me libró porque me ama.

21

Yahveh me trató según mi justicia, según la pureza de mis manos me recompensó.

22

Porque guardé los caminos de Yahveh, no me aparté malvadamente de mi Dios.

23

Todos sus juicios los tengo presentes, y sus preceptos no aparté de mí.

24

He sido perfecto para con él, y me he guardado de la iniquidad.

25

Yahveh me recompensó según mi justicia, según mi pureza delante de sus ojos.

26

Con el fiel te muestras fiel, con el hombre perfecto te muestras perfecto;

27

con el puro te muestras puro, y con el perverso te muestras áspero.

28

Tú salvas al pueblo humilde, pero tus ojos humillan a los soberbios.

29

Tú eres mi lámpara, Yahveh; Yahveh ilumina mis tinieblas.

30

Contigo aplasto a un ejército, con mi Dios salto una muralla.

31

Este Dios: su camino es perfecto; la palabra de Yahveh es acrisolada; escudo es para cuantos a él se acogen.

32

Porque ¿quién es Dios fuera de Yahveh? ¿Quién es Roca fuera de nuestro Dios?

33

Este Dios es mi fuerte baluarte, él allana el camino perfecto.

34

El da a mis pies la ligereza de las ciervas, me planta en las alturas.

35

El adiestra mis manos para el combate, mis brazos para tensar el arco de bronce.

36

Me diste el escudo de tu salvación, tu auxilio me ha engrandecido.

37

Tú has ensanchado mis pasos bajo mí, y no han flaqueado mis tobillos.

38

Persigo a mis enemigos y los extermino, no me vuelvo sin haberlos consumido.

39

Los consumo, los traspaso, y no se levantan, caen bajo mis pies.

40

Tú me has ceñido de fuerza para el combate, has humillado ante mí a mis adversarios.

41

Tú me has hecho volver la espalda a mis enemigos, he aniquilado a los que me odian.

42

Miran, y no hay quien salve, a Yahveh, y no les responde.

43

Los pulverizo como polvo de la tierra, los aplasto como barro de la calle.

44

Tú me libras de las contiendas de mi pueblo, me conservas como cabeza de naciones; un pueblo que yo no conocía me sirve.

45

Los extranjeros me halagan, al oír hablar de mí me obedecen.

46

Los extranjeros se acobardan, salen temblando de sus fortalezas.

47

¡Viva Yahveh, bendita sea mi Roca, ensalzado sea el Dios de mi roca de salvación!

48

El Dios que me da el desquite, y somete los pueblos a mí.

49

El que me libra de mis enemigos, me encumbra sobre mis agresores, me salva del hombre violento.

50

Por eso te daré gracias entre las naciones, Yahveh, y salmodiaré para tu nombre.

51

El concede grandes victorias a su rey, y hace misericordia a su ungido, a David y a su descendencia para siempre.

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