El segundo libro de Samuel continúa la historia del reinado de David, comenzando con su lamento por la muerte de Saúl y Jonatán. Este libro es canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en la tradición judía, donde forma parte de los Profetas Anteriores (Nevi'im Rishonim). El texto presentado sigue fielmente la traducción de la Biblia de Jerusalén.
2 Samuel
Capítulo 23
Estas son las últimas palabras de David: «Oráculo de David, hijo de Jesé, oráculo del hombre enaltecido, del ungido del Dios de Jacob, del dulce cantor de Israel.
El espíritu de Yahveh habla por mí, y su palabra está en mi lengua.
El Dios de Jacob me habló, la Roca de Israel me dijo: "El que gobierna a los hombres con justicia, el que gobierna en el temor de Dios,
es como la luz matinal cuando sale el sol, mañana sin nubes, que con resplandores después de la lluvia hace brotar de la tierra la hierba."
Sí, así es mi casa delante de Dios; pues ha hecho conmigo una alianza eterna, en todo bien ordenada y guardada. ¿No es él quien hace germinar mi salvación y cumplir todos mis deseos?
Pero los malvados serán todos arrojados como espinas, que no se pueden coger con la mano.
Quien las toca se arma de hierro o de asta de lanza, y son quemadas allí mismo.»
Estos son los nombres de los valientes de David: Isbaal, el hacmonita, jefe de los Tres. Desenvainó su lanza contra 800, a los que hirió de una vez.
Después de él, Eleazar, hijo de Dodó, hijo de Ajohí, uno de los tres valientes que estaban con David cuando insultaron a los filisteos reunidos allí para la batalla, mientras los israelitas se retiraban.
El se levantó e hirió a los filisteos hasta que se le cansó la mano y se le quedó pegada a la espada. Yahveh dio aquel día una gran victoria, y el pueblo volvió atrás, pero sólo para despojar.
Después de él, Samá, hijo de Agé, el hararita. Los filisteos se reunieron en Lejí; había allí una parcela sembrada de lentejas, y el pueblo huyó ante los filisteos.
El se paró en medio de la parcela, la defendió y batió a los filisteos, y Yahveh dio una gran victoria.
Tres de los Treinta jefes bajaron en tiempo de la siega a donde estaba David en la cueva de Adulam, mientras una compañía de filisteos acampaba en el valle de Refayín.
Estaba entonces David en la fortaleza, y había una guarnición de filisteos en Belén.
Expresó David este deseo: «¡Quién me diera a beber agua del pozo de Belén que está a la puerta!»
Entonces los tres valientes atravesaron el campamento de los filisteos, sacaron agua del pozo de Belén que está a la puerta, la trajeron y la ofrecieron a David. Pero él no quiso beberla, sino que la derramó como libación a Yahveh,
diciendo: «Líbreme Yahveh de hacer tal cosa. ¿He de beber yo la sangre de esos hombres que han ido a costa de su vida?» Y no quiso beberla. Esto hicieron los tres valientes.
Abisay, hermano de Joab, hijo de Seruyá, era jefe de los Treinta. El blandió su lanza contra 300 y los hirió, adquiriendo renombre entre los Treinta.
Por eso fue más famoso que los Treinta y llegó a ser jefe de ellos; pero no igualó a los Tres.
Benayahu, hijo de Yehoyadá, hombre lleno de hazañas, natural de Cabseel; hirió a los dos héroes de Moab; bajó y mató a un león en una cisterna un día de nieve.
Mató también a un egipcio de gran talla; el egipcio llevaba una lanza en la mano, pero Benayahu bajó contra él con un bastón, arrebató la lanza de la mano del egipcio y le mató con su propia lanza.
Esto hizo Benayahu, hijo de Yehoyadá, y adquirió renombre entre los tres valientes.
Por eso fue más famoso que los Treinta, pero no igualó a los Tres. David le nombró su guardia de corps.
Asael, hermano de Joab, estaba entre los Treinta; Elhanán, hijo de Dodó, de Belén;
Samá, de Jarod; Elicá, de Jarod;
Jeles, de Palet; Ira, hijo de Iques, de Tecoa;
Abiézer, de Anatot; Sibecay, de Jushá;
Salmón, de Ajohaj; Maharay, de Netofá;
Jéled, hijo de Baana, de Netofá; Ittay, hijo de Ribay, de Guibeá de Benjamín;
Benayahu, de Piratón; Hidday, de Nalé Gaas;
Abibaalón, de Arbat; Azmáwet, de Bajurim;
Elyajba, de Saalbón; Yasén, de Guilón;
Jonatán, hijo de Samá, de Jarar; Ajiam, hijo de Sarar, de Arar;
Elifélet, hijo de Ahasbay, de Maaká; Eliam, hijo de Ajitofel, de Guilón;
Jesray, del Carmelo; Faray, de Arab;
Yigael, hijo de Natán, de Sobá; Baní, de Gad;
Selec, de Amón; Najray, de Beerot, escudero de Joab, hijo de Seruyá;
Irá, de Yatir; Gareb, de Yatir;
Urías, el hitita. Total: treinta y siete.