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El segundo libro de Samuel continúa la historia del reinado de David, comenzando con su lamento por la muerte de Saúl y Jonatán. Este libro es canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en la tradición judía, donde forma parte de los Profetas Anteriores (Nevi'im Rishonim). El texto presentado sigue fielmente la traducción de la Biblia de Jerusalén.

2 Samuel

Capítulo 7

1

Cuando ya el rey habitaba en su casa, después que Yahveh le había dado reposo de todos sus enemigos de alrededor,

2

dijo el rey al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, y el arca de Dios habita en medio de la tienda.»

3

Natán respondió al rey: «Ve, haz todo lo que tienes en tu corazón, porque Yahveh está contigo.»

4

Mas aquella noche fue dirigida la palabra de Yahveh a Natán en estos términos:

5

«Ve y di a mi siervo David: Así dice Yahveh: ¿Me vas a edificar tú una casa para que yo habite?

6

Pues yo no he habitado en una casa desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto hasta hoy; he andado de un lugar a otro, en una tienda, en un tabernáculo.

7

En todas mis andanzas con todos los israelitas, ¿he dicho yo acaso a alguno de los jueces de Israel, a los que mandé pastorear a mi pueblo Israel: "Por qué no me edificáis una casa de cedro?"

8

Ahora, pues, dirás a mi siervo David: Así dice Yahveh Sebaot: Yo te tomé del aprisco, de detrás del rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel.

9

He estado contigo en todas tus empresas, he exterminado a todos tus enemigos delante de ti y voy a hacerte un nombre grande como el nombre de los grandes de la tierra.

10

Fijaré un lugar para mi pueblo, para Israel, y le plantaré para que habite en su lugar, sin que sea más removido, y los malhechores no vuelvan a oprimirlo como antes,

11

desde el tiempo en que establecí jueces sobre mi pueblo Israel. Y te daré reposo de todos tus enemigos. Y Yahveh te anuncia que Yahveh te edificará una casa.

12

Cuando se cumplan tus días y descanses con tus padres, yo levantaré después de ti a la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza.

13

El edificará una casa a mi nombre, y yo consolidaré el trono de su reino para siempre.

14

Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Si hace mal, le castigaré con vara de hombre y con azotes humanos;

15

pero no apartaré de él mi gracia como la aparté de Saúl, al que separé de delante de ti.

16

Tu casa y tu reino serán estables para siempre delante de mí, y tu trono será firme eternamente.»

17

De acuerdo con todas estas palabras y toda esta visión, así habló Natán a David.

18

Entró el rey David y se sentó delante de Yahveh, y dijo: «¿Quién soy yo, Señor Yahveh, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí?

19

Pero aún te ha parecido poco, Señor Yahveh, y has hablado también de la casa de tu siervo para el futuro, y me has mostrado el porvenir del hombre, ¡oh Señor Yahveh!

20

¿Qué puede añadir David hablando más? Tú conoces a tu siervo, Señor Yahveh.

21

Por tu palabra y según tu corazón has hecho todas estas grandes cosas, manifestándoselas a tu siervo.

22

Por eso eres grande, oh Yahveh Dios; no hay otro como tú, ni hay Dios fuera de ti, según cuanto hemos oído con nuestros oídos.

23

¿Qué otra nación hay sobre la tierra como tu pueblo Israel? ¿A qué otro pueblo ha ido Dios a rescatar para hacerlo su pueblo, adquiriéndole renombre, obrando en favor de él grandes y terribles cosas, arrojando delante de él a las naciones y a los dioses de ellas?

24

Tú has constituido a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre, y tú, Yahveh, eres su Dios.

25

Ahora, pues, Yahveh Dios, confirma para siempre la palabra que has pronunciado sobre tu siervo y sobre su casa, y haz como has dicho.

26

Que sea glorificado tu nombre para siempre, hasta el punto de decirse: "¡Yahveh Sebaot es Dios sobre Israel!" Y que la casa de tu siervo David sea estable delante de ti.

27

Porque tú, Yahveh Sebaot, Dios de Israel, has revelado a tu siervo: "Yo te edificaré una casa"; por eso tu siervo se ha atrevido a dirigirte esta oración.

28

Ahora, pues, Señor Yahveh, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y me has prometido este bien a tu siervo.

29

Sírvete, pues, bendecir la casa de tu siervo para que permanezca para siempre delante de ti, pues tú, Señor Yahveh, has hablado, y con tu bendición será bendita para siempre la casa de tu siervo.»

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