Primer libro de los Reyes, que continúa la historia comenzada en 1 y 2 Samuel. Narra el final del reinado de David, la ascensión y el reinado de Salomón (incluyendo la construcción del Templo), y posteriormente la división del reino en Israel (Norte) y Judá (Sur). Cubre el ministerio del profeta Elías durante el reinado de Acab. Forma parte de los libros históricos en el canon cristiano.
1 Reyes
Capítulo 1 — Abisag, la sunamita
El rey David era ya anciano, de edad avanzada, y aunque le cubrían con ropas, no entraba en calor.
Dijéronle sus servidores: «Búsquese para mi señor el rey una joven virgen que asista al rey y lo cuide; que duerma en tu seno y dé calor a mi señor el rey.»
Buscaron, pues, por todo el territorio de Israel una joven hermosa, y encontraron a Abisag, la sunamita, y la llevaron al rey.
Era la joven sumamente hermosa. Ella cuidaba al rey y le servía, pero el rey no la conoció.
Adonías, hijo de Jagguit, se engrió diciendo: «Yo seré rey.» Se procuró carros y caballos, y cincuenta hombres que corrieran delante de él.
Su padre no le había contrariado nunca, diciéndole: «¿Por qué has hecho eso?» Era también él de muy buen parecer, y había nacido después de Absalóm.
Tuvo una conferencia con Joab, hijo de Seruyá, y con el sacerdote Abiatar, y ellos le secundaron y apoyaron.
Pero el sacerdote Sadoc, Benaías hijo de Joyadá, el profeta Natán, Simí, Reí y los valientes de David no estaban con Adonías.
Adonías inmolió ovejas, bueyes y becerros cebados junto a la piedra de Zójelet, que está cerca de la fuente de Róguel, e invitó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, servidores del rey;
pero no invitó al profeta Natán, ni a Benaías, ni a los valientes, ni a su hermano Salomón.
Dijo, pues, Natán a Betsabé, madre de Salomón: «¿Has oído que Adonías, hijo de Jagguit, se ha hecho rey, sin saberlo nuestro señor David?
Pues ahora ven, permíteme que te dé un consejo para que salves tu vida y la vida de tu hijo Salomón.
Vete a encontrar con el rey David y dile: “¿No has jurado, rey señor mío, a tu sierva, diciendo: Tu hijo Salomón será rey después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿Por qué, pues, se ha hecho rey Adonías?”»
«Estando tú aún hablando con el rey, entraré yo detrás de ti y confirmaré tus palabras.»
Betsabé entró donde el rey, en la alcoba. El rey era muy anciano, y Abisag, la sunamita, le servía.
Betsabé se inclinó y postró ante el rey, y el rey dijo: «¿Qué deseas?»
Ella le respondió: «Señor mío, tú juraste a tu sierva por Yahveh tu Dios: “Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono.”
Pues bien: Adonías se ha hecho rey, sin saberlo tú, rey señor mío.
Ha inmolado bueyes, becerros cebados y muchas ovejas, y ha invitado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar y a Joab, jefe del ejército, pero no ha invitado a Salomón, tu siervo.
En cuanto a ti, rey señor mío, los ojos de todo Israel están puestos en ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey después de él.
De lo contrario, cuando mi señor el rey descanse con sus padres, mi hijo Salomón y yo seremos tenidos por culpables.»
Estaba ella aún hablando con el rey, cuando llegó el profeta Natán.
Avisaron al rey: «Ahí está el profeta Natán.» Este entró en presencia del rey y se postró ante el rey rostro en tierra.
Dijo Natán: «Rey señor mío, ¿has dicho tú: “Adonías reinará después de mí, y él se sentará en mi trono?”
Porque hoy ha bajado, ha inmolado bueyes, becerros cebados y muchas ovejas, y ha invitado a todos los hijos del rey, a los jefes del ejército y al sacerdote Abiatar; y están comiendo y bebiendo con él y diciendo: “¡Viva el rey Adonías!”
Pero a mí, tu siervo, al sacerdote Sadoc, a Benaías, hijo de Joyadá, y a Salomón, tu siervo, no nos ha invitado.
¿Es ésta disposición de mi señor el rey, sin que se nos haya manifestado a tus siervos quién ha de sentarse en el trono de mi señor el rey después de él?»
El rey David respondió: «Llamadme a Betsabé.» Ella entró, se presentó al rey y se puso de pie ante él.
Y el rey juró diciendo: «¡Vive Yahveh, que me ha librado de toda angustia!
que hoy mismo cumpliré el juramento que te hice por Yahveh, Dios de Israel: “Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en mi lugar.”»
Betsabé se inclinó, rostro en tierra, postrándose ante el rey, y dijo: «¡Viva mi señor el rey David para siempre!»
El rey David dijo: «Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Benaías, hijo de Joyadá.» Ellos entraron en presencia del rey,
y el rey les dijo: «Tomad con vosotros a los servidores de vuestro señor; haced montar a mi hijo Salomón en mi mula y hacedle bajar a Gihón.
Allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey de Israel. Tocaréis luego la trompeta y diréis: “¡Viva el rey Salomón!”
Subiréis detrás de él; él vendrá y se sentará en mi trono, y reinará en mi lugar, porque yo he dispuesto que sea jefe de Israel y de Judá.»
Benaías, hijo de Joyadá, respondió al rey: «¡Amén! Así lo diga Yahveh, Dios de mi señor el rey.
Como Yahveh ha estado con mi señor el rey, así sea con Salomón; y haga más grande su trono que el trono de mi señor el rey David.»
Bajaron, pues, el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaías, hijo de Joyadá, los quereteos y peleteos, hicieron montar a Salomón en la mula del rey David y le condujeron a Gihón.
El sacerdote Sadoc tomó el cuerno de aceite de la Tienda y ungió a Salomón. Tocaron luego la trompeta, y todo el pueblo dijo: «¡Viva el rey Salomón!»
Todo el pueblo subió tras él, a danzas y flautas, llenos de alegría, de modo que la tierra retumbaba con sus gritos.
Lo oyeron Adonías y todos los invitados que estaban con él, cuando terminaban de comer. Oyó Joab el sonido de la trompeta y dijo: «¿Por qué ese tumulto en la ciudad?»
Estaba él aún hablando, cuando llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar. Adonías le dijo: «Entra, porque eres hombre de valer, y seguro que traes buenas noticias.»
Jonatán respondió a Adonías: «¡Todo lo contrario! Nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón.
El rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, a Benaías, hijo de Joyadá, y a los quereteos y peleteos; le han hecho montar en la mula del rey,
y el sacerdote Sadoc y el profeta Natán le han ungido rey en Gihón. Desde allí han subido llenos de alegría, y la ciudad bulle; ese es el rumor que habéis oído.
Además, Salomón se ha sentado en el trono real,
y los servidores del rey han ido a felicitar a nuestro señor el rey David, diciendo: “¡Haga tu Dios más famoso el nombre de Salomón que tu nombre, y engrandezca su trono más que tu trono!” Y el rey se ha postrado en el lecho,
y además ha dicho: “¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, que ha dado hoy un sucesor en mi trono, y lo ven mis ojos!”»
Entonces se turbaron y se levantaron todos los invitados de Adonías, y se fue cada cual por su camino.
Adonías, temeroso de Salomón, se levantó y fue a asirse a los cuernos del altar.
Avisaron a Salomón: «Adonías teme al rey Salomón, y se ha agarrado a los cuernos del altar, diciendo: “Júreme hoy el rey Salomón que no matará a espada a su siervo.”»
Salomón dijo: «Si se porta como hombre de bien, no caerá en tierra ni un cabello suyo; pero si se hallare en él maldad, morirá.»
El rey Salomón envió a traerle del altar. El fue, se postró ante el rey Salomón, y Salomón le dijo: «Vete a tu casa.»