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Primer libro de los Reyes, que continúa la historia comenzada en 1 y 2 Samuel. Narra el final del reinado de David, la ascensión y el reinado de Salomón (incluyendo la construcción del Templo), y posteriormente la división del reino en Israel (Norte) y Judá (Sur). Cubre el ministerio del profeta Elías durante el reinado de Acab. Forma parte de los libros históricos en el canon cristiano.

1 Reyes

Capítulo 10 — Visita de la reina de Saba

1

La reina de Saba oyó la fama de Salomón, relacionada con el nombre de Yahveh, y vino a probarle con enigmas.

2

Llegó a Jerusalén con un séquito muy numeroso, con camellos cargados de aromas, gran cantidad de oro y piedras preciosas. Se presentó a Salomón y le dijo todo cuanto tenía en el corazón.

3

Salomón respondió a todas sus preguntas; no hubo nada tan difícil que el rey no pudiera responder.

4

La reina de Saba vio toda la sabiduría de Salomón, la casa que había edificado,

5

los manjares de su mesa, las habitaciones de sus servidores, el servicio y la librea de sus criados y sus copas, y los holocaustos que ofrecía en la Casa de Yahveh, y se quedó sin aliento.

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Dijo al rey: «Era verdad lo que oí en mi tierra acerca de tus palabras y de tu sabiduría.

7

Pero no lo creía hasta que he venido y lo han visto mis ojos. Pues bien, no me habían contado ni la mitad. Has superado con tu sabiduría la fama que yo había oído.

8

¡Dichosos tus hombres, dichosos estos servidores tuyos que están siempre delante de ti y oyen tu sabiduría!

9

¡Bendito sea Yahveh, tu Dios, que te ha elegido para ponerte en su trono como rey de parte de Yahveh! Por el amor eterno de tu Dios a Israel, para mantenerlos para siempre, te ha puesto por rey para que hagas justicia y derecho.»

10

Ella dio al rey ciento veinte talentos de oro, gran cantidad de aromas y piedras preciosas. Nunca más llegaron aromas en tanta abundancia como los que la reina de Saba dio al rey Salomón.

11

Además, la flota de Jirán, que traía oro de Ofir, trajo también de Ofir mucha madera de algum y piedras preciosas.

12

Con la madera de algum hizo el rey barandillas para la Casa de Yahveh y para la casa del rey, y también arpas y salterios para los cantores. Nunca más había llegado ni se ha visto hasta hoy madera de algum semejante.

13

El rey Salomón dio a la reina de Saba cuanto ella quiso y pidió, aparte de los regalos que le hizo con esplendidez real. Luego ella se volvió y se fue a su tierra con sus servidores.

14

El peso del oro que llegaba a Salomón cada año era de seiscientos sesenta y seis talentos de oro,

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sin contar lo que traían los mercaderes y el tráfico de los especieros, todos los reyes de Arabia y los gobernadores del país.

16

El rey Salomón hizo doscientos escudos de oro batido; empleó seiscientas monedas de oro en cada escudo.

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También trescientos escudos de oro batido, empleando trescientas monedas de oro en cada escudo; y los puso el rey en la Casa del Bosque del Líbano.

18

El rey hizo también un gran trono de marfil, que revistió de oro fino.

19

Seis gradas tenía el trono, la cima redonda por detrás, brazos a uno y otro lado del asiento y dos leones junto a los brazos.

20

Doce leones estaban allí sobre las seis gradas, a ambos lados. No se había hecho nada igual en ningún reino.

21

Todas las copas del rey Salomón eran de oro, y toda la vajilla de la Casa del Bosque del Líbano era de oro fino; no había plata, porque en tiempo de Salomón no se tenía la plata en nada.

22

Porque el rey tenía en el mar una flota de Tarsis con la flota de Jirán; cada tres años llegaba la flota de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales.

23

El rey Salomón fue más grande que todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabiduría.

24

Toda la tierra procuraba ver el rostro de Salomón para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón.

25

Cada uno traía su presente: objetos de plata y de oro, vestidos, armas, aromas, caballos y mulos, año tras año.

26

Salomón acumuló carros y caballos; tenía mil cuatrocientos carros y doce mil caballos, que puso en las guarniciones de las ciudades y en su palacio de Jerusalén.

27

El rey hizo que la plata abundara en Jerusalén como las piedras, y los cedros como los sicómoros de la Sefelá.

28

Los caballos de Salomón procedían de Egipto y de Cilicia. Los mercaderes del rey los compraban en Cilicia,

29

y un carro costaba seiscientas monedas de plata, y un caballo ciento cincuenta. Lo mismo exportaban para todos los reyes de los hititas y arameos.

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