Primer libro de los Reyes, que continúa la historia comenzada en 1 y 2 Samuel. Narra el final del reinado de David, la ascensión y el reinado de Salomón (incluyendo la construcción del Templo), y posteriormente la división del reino en Israel (Norte) y Judá (Sur). Cubre el ministerio del profeta Elías durante el reinado de Acab. Forma parte de los libros históricos en el canon cristiano.
1 Reyes
Capítulo 12 — Rebelión de las tribus del norte
Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había ido a Siquem para proclamarle rey.
Cuando lo oyó Jeroboam, hijo de Nabat, que estaba aún en Egipto, a donde había huido de la presencia del rey Salomón, volvió de Egipto.
Enviaron a llamarle, y fueron Jeroboam con toda la asamblea de Israel a decir a Roboam:
«Tu padre hizo duro nuestro yugo. Ahora, pues, aligera tú el duro servicio de tu padre y la pesada carga que nos impuso, y te serviremos.»
El les dijo: «Id vosotros por tres días, y luego volved a mí.» El pueblo se fue.
El rey Roboam consultó a los ancianos que habían asistido a su padre Salomón cuando vivía, diciendo: «¿Cómo aconsejáis que responda a este pueblo?»
Ellos dijeron: «Si hoy te haces servidor de este pueblo, le sirves, accedes a su petición y les hablas con bondad, ellos serán siempre tus siervos.»
Pero él desechó el consejo que los ancianos le habían dado, y consultó a los jóvenes que se habían criado con él y le asistían.
Les dijo: «¿Qué aconsejáis que respondamos a este pueblo que me ha hablado diciendo: “Aligera el yugo que tu padre nos impuso”?»
Los jóvenes que se habían criado con él le dijeron: «Así dirás a este pueblo que te ha dicho: “Tu padre hizo pesado nuestro yugo; tú, en cambio, aligéranoslo.” Así les dirás: “Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre.
Mi padre os cargó un yugo pesado, yo añadiré aún a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, yo os castigaré con escorpiones.”»
Al tercer día Jeroboam y todo el pueblo volvieron a Roboam, conforme había mandado el rey: «Volved a mí de aquí a tres días.»
El rey respondió duramente al pueblo, desechando el consejo que los ancianos le habían dado.
Y les habló según el consejo de los jóvenes: «Mi padre hizo pesado vuestro yugo, yo añadiré aún a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, yo os castigaré con escorpiones.»
No escuchó, pues, el rey al pueblo, porque había una intervención de Yahveh para cumplir la promesa que Yahveh había hecho a Jeroboam, hijo de Nabat, por medio de Ahías, el silonita.
Viendo todo Israel que el rey no les había escuchado, le respondió: «¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos herencia con el hijo de Isaí. ¡A tus tiendas, Israel! Ahora mira por tu casa, David.» Y se fue Israel a sus tiendas.
Mas sobre los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá reinó Roboam.
El rey Roboam envió a Adoram, jefe de los trabajos forzados, pero todo Israel le apedreó, y murió. El rey Roboam subió apresuradamente a su carro para huir a Jerusalén.
Así se rebeló Israel contra la casa de David hasta el día de hoy.
Cuando todo Israel oyó que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarle a la asamblea y le proclamaron rey sobre todo Israel. Nadie siguió a la casa de David, excepto la tribu de Judá solamente.
Roboam llegó a Jerusalén y reunió a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil guerreros escogidos, para pelear contra la casa de Israel, con el fin de restablecer el reino a Roboam, hijo de Salomón.
Pero vino la palabra de Dios a Semeías, hombre de Dios, diciendo:
«Habla a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, a toda la casa de Judá y de Benjamín y al resto del pueblo. Diles:
“Así dice Yahveh: No subáis ni peleéis contra vuestros hermanos los israelitas; vuélvase cada uno a su casa, porque yo he hecho esto.”» Escucharon la palabra de Yahveh y desistieron de marchar, conforme a la palabra de Yahveh.
Jeroboam reedificó Siquem en la montaña de Efraín, y habitó allí. Luego salió de allí y reedificó Penuel.
Jeroboam dijo en su corazón: «Ahora podría restablecerse el reino en la casa de David.
Si este pueblo sube a ofrecer sacrificios en la Casa de Yahveh, en Jerusalén, el corazón de este pueblo volverá a su señor, a Roboam, rey de Judá; me matarán a mí y volverán a Roboam, rey de Judá.»
Tomó consejo el rey, hizo dos becerros de oro y dijo al pueblo: «Ya habéis subido bastante a Jerusalén. ¡Ahí tienes, Israel, tus dioses, que te hicieron subir del país de Egipto!»
Puso el uno en Betel, y el otro lo puso en Dan.
Y esto fue motivo de pecado, porque el pueblo fue ante uno de ellos hasta Dan.
Construyó santuarios en los altos e instituyó sacerdotes tomados del pueblo, que no eran de los hijos de Leví.
Instituyó Jeroboam una fiesta en el mes octavo, el día quince del mes, como la fiesta que se celebraba en Judá, y ofreció sacrificios sobre el altar. Hizo lo mismo en Betel, sacrificando a los becerros que había hecho; instaló también en Betel a los sacerdotes de los altos que había instituido.
Ofreció, pues, sobre el altar que había construido en Betel, el día quince del mes octavo, el mes que él había elegido arbitrariamente. Hizo una fiesta para los israelitas y ofreció sacrificios en el altar, quemando incienso.