Primer libro de los Reyes, que continúa la historia comenzada en 1 y 2 Samuel. Narra el final del reinado de David, la ascensión y el reinado de Salomón (incluyendo la construcción del Templo), y posteriormente la división del reino en Israel (Norte) y Judá (Sur). Cubre el ministerio del profeta Elías durante el reinado de Acab. Forma parte de los libros históricos en el canon cristiano.
1 Reyes
Capítulo 17 — Elías y la sequía
Elías, el tesbita, de los moradores de Galaad, dijo a Acab: «Vive Yahveh, Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá en estos años rocío ni lluvia, sino cuando yo lo diga.»
Entonces la palabra de Yahveh fue dirigida a él:
«Apártate de aquí, vete hacia el oriente y escóndete junto al torrente Kerit, que está al este del Jordán.
Beberás del torrente, y he mandado a los cuervos que te den allí de comer.»
El se fue e hizo conforme a la palabra de Yahveh; fue y se instaló junto al torrente Kerit, que está al este del Jordán.
Los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del torrente.
Pero al cabo de algún tiempo se secó el torrente, porque no había llovido sobre la tierra.
Entonces la palabra de Yahveh le fue dirigida diciendo:
«Levántate, vete a Sarepta de Sidón y quédate allí; he dado orden allí a una mujer viuda para que te alimente.»
El se levantó y fue a Sarepta. Al llegar a la puerta de la ciudad, vio a una viuda que estaba recogiendo leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un vaso para que beba.»
Cuando iba a traerle agua, la llamó y le dijo: «Tráeme también, por favor, un bocado de pan.»
Ella respondió: «Vive Yahveh, tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente tengo un puñado de harina en la orza y un poco de aceite en la alcuza. Estaba recogiendo un par de leños para ir a prepararlo para mí y para mi hijo; lo comeremos y luego moriremos.»
Elías le dijo: «No temas; ve, haz como has dicho, pero hazme a mí primero con ello una torta pequeña y tráemela; para ti y para tu hijo la harás después.
Porque así dice Yahveh, Dios de Israel: La orza de harina no se vaciará y la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que Yahveh envíe la lluvia sobre la superficie del suelo.»
Ella fue e hizo como había dicho Elías. Comieron él, ella y su casa, durante muchos días.
La orza de harina no se vació ni la alcuza de aceite se agotó, conforme a la palabra que Yahveh había dicho por medio de Elías.
Después de esto, el hijo de la mujer, dueña de la casa, cayó enfermo. La enfermedad fue tan grave que dejó de respirar.
Ella dijo entonces a Elías: «¿Qué tengo yo contigo, hombre de Dios? ¿Has venido a mí para recordar mi iniquidad y dar muerte a mi hijo?»
El dijo: «Dame a tu hijo.» Lo tomó de su seno, lo subió a la alcoba donde él habitaba y lo acostó sobre su lecho.
Entonces invocó a Yahveh y dijo: «¡Yahveh, Dios mío! ¿Es que también contra la viuda con quien yo habito has traído este mal, dando muerte a su hijo?»
Se tendió tres veces sobre el niño, invocó a Yahveh y dijo: «¡Yahveh, Dios mío, vuelva el alma de este niño a su cuerpo!»
Yahveh escuchó la voz de Elías: el alma del niño volvió a su cuerpo, y revivió.
Elías tomó al niño, lo bajó de la alcoba a la casa y lo entregó a su madre, diciendo: «Mira, tu hijo vive.»
La mujer dijo a Elías: «Ahora conozco que tú eres un hombre de Dios y que la palabra de Yahveh en tu boca es verdad.»