Primer libro de los Reyes, que continúa la historia comenzada en 1 y 2 Samuel. Narra el final del reinado de David, la ascensión y el reinado de Salomón (incluyendo la construcción del Templo), y posteriormente la división del reino en Israel (Norte) y Judá (Sur). Cubre el ministerio del profeta Elías durante el reinado de Acab. Forma parte de los libros históricos en el canon cristiano.
1 Reyes
Capítulo 19 — Huye Elías a Horeb
Acab contó a Jezabel todo lo que había hecho Elías y cómo había matado a espada a todos los profetas.
Jezabel envió un mensajero a Elías para decirle: «Así me castiguen los dioses y me añadan, si mañana a estas horas no he puesto tu vida como la de uno de ellos.»
El tuvo miedo, se levantó y huyó para salvar su vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su criado.
El anduvo por el desierto una jornada de camino, llegó y se sentó bajo un retamo. Deseó morirse y dijo: «¡Basta ya, Yahveh! Toma mi vida, que no soy yo mejor que mis padres.»
Se acostó y se durmió bajo el retamo. Pero he aquí que un ángel le tocó y le dijo: «Levántate, come.»
Miró y vio a su cabecera una torta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y volvió a acostarse.
Volvió el ángel de Yahveh por segunda vez, le tocó y le dijo: «Levántate, come, porque es largo el camino para ti.»
Se levantó, comió y bebió, y fortalecido con aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, Horeb.
Allí entró en una cueva donde pasó la noche. Entonces la palabra de Yahveh fue dirigida a él, diciendo: «¿Qué haces aquí, Elías?»
Respondió: «Ardo en celo por Yahveh, Dios Sebaot, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. Sólo yo he quedado, y buscan mi vida para quitármela.»
Le dijo: «Sal y ponte en el monte delante de Yahveh.» He aquí que Yahveh pasaba. Un viento huracanado y violento descuajaba los montes y rompía las peñas delante de Yahveh, pero Yahveh no estaba en el viento. Después del viento, un terremoto, pero Yahveh no estaba en el terremoto.
Después del terremoto, un fuego, pero Yahveh no estaba en el fuego. Después del fuego, una voz de suave silencio.
Cuando Elías la oyó, se cubrió el rostro con su manto, salió y se puso a la entrada de la cueva. Una voz le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?»
Respondió: «Ardo en celo por Yahveh, Dios Sebaot, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. Sólo yo he quedado, y buscan mi vida para quitármela.»
Yahveh le dijo: «Vuelve por tu camino hacia el desierto de Damasco; llegarás y ungirás a Jazael como rey de Aram.
A Jehú, hijo de Nimsi, le ungirás como rey de Israel; y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, le ungirás como profeta en lugar tuyo.
Al que escape de la espada de Jazael le matará Jehú; y al que escape de la espada de Jehú le matará Eliseo.
Pero yo dejaré en Israel siete mil hombres: todas las rodillas que no se han doblado ante Baal y todas las bocas que no le han besado.»
El se fue de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Había doce yuntas de bueyes delante de él, y él iba con la duodécima. Elías pasó junto a él y le echó su manto encima.
Eliseo dejó los bueyes, corrió tras Elías y le dijo: «Déjame besar a mi padre y a mi madre, y te seguiré.» El le respondió: «Vete, vuélvete, pues ¿qué te he hecho?»
Se volvió de seguirle, tomó una yunta de bueyes y los sacrificó, coció su carne con el arado de los bueyes, y se la dio a la gente, que comió. Luego se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio.