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Primer libro de los Reyes, que continúa la historia comenzada en 1 y 2 Samuel. Narra el final del reinado de David, la ascensión y el reinado de Salomón (incluyendo la construcción del Templo), y posteriormente la división del reino en Israel (Norte) y Judá (Sur). Cubre el ministerio del profeta Elías durante el reinado de Acab. Forma parte de los libros históricos en el canon cristiano.

1 Reyes

Capítulo 2 — Ultimas disposiciones de David

1

Cuando se acercaron los días de David para morir, mandó a su hijo Salomón:

2

«Yo voy por el camino de todos los de la tierra. Sé, pues, fuerte y pórtate como un hombre;

3

guarda la ordenanza de Yahveh tu Dios, andando por sus caminos y observando sus leyes, sus mandamientos, sus normas y sus testimonios, como está escrito en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo cuanto hagas y en cualquier empresa,

4

y para que Yahveh cumpla la promesa que me hizo, diciendo: “Si tus hijos guardan su proceder andando fielmente ante mí con todo su corazón y con toda su alma, nunca te faltará un sucesor en el trono de Israel.”

5

«Ya sabes también lo que me hizo Joab, hijo de Seruyá, lo que hizo a los dos jefes del ejército de Israel: a Abner, hijo de Ner, y a Amasá, hijo de Yéter, a quienes mató, vengando en tiempo de paz sangre de guerra, manchando el cinto que ciñe sus lomos y las sandalias que calza.

6

Obra, pues, con sabiduría y no dejes que sus canas bajen en paz a la mansión de los muertos.

7

«Trata con benevolencia a los hijos de Barzilay, el galaadita, y séan de los que comen en tu mesa, porque así se portaron conmigo cuando huía de tu hermano Absalóm.

8

«Tienes también contigo a Simí, hijo de Guerá, benjaminita de Bajurim. El me maldijo con maldición horrible el día que yo iba a Mahanáyim; pero él bajó a recibirme al Jordán, y yo le juré por Yahveh: “No te mataré a espada.”

9

Pero ahora no le tengas por inocente, pues eres hombre sabio y sabrás cómo has de tratarlo para que sus canas bajen a la mansión de los muertos, pero con sangre.»

10

David se acostó con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David.

11

El tiempo que David reinó sobre Israel fue de cuarenta años: en Hebrón reinó siete años, y en Jerusalén reinó treinta y tres.

12

Salomón se sentó en el trono de David, su padre, y su realeza se consolidó firmemente.

13

Adonías, hijo de Jagguit, fue a Betsabé, madre de Salomón, y ella dijo: «¿Vienes en son de paz?» Respondió: «En son de paz.»

14

Y añadió: «Tengo que decirte una cosa.» Ella dijo: «Habla.»

15

«Tú sabes bien que el reino me pertenecía, y que todo Israel tenía puestos sus ojos en mí para que yo reinara. Pero el reino ha pasado a mi hermano, porque por disposición de Yahveh era suyo.

16

Ahora sólo una cosa te pido; no me la niegues.» Ella dijo: «Habla.»

17

El dijo: «Dí, por favor, al rey Salomón (pues no te lo negará) que me dé por esposa a Abisag, la sunamita.»

18

Dijo Betsabé: «Bien; yo hablaré por ti al rey.»

19

Betsabé fue a hablar al rey Salomón en favor de Adonías, y el rey se levantó a su encuentro, se postró ante ella y se sentó en su trono; luego hizo poner un trono para la madre del rey, y ella se sentó a su derecha.

20

Ella dijo: «Una pequeña petición te voy a hacer; no me la niegues.» El rey le dijo: «Pide, madre mía, que no te la negaré.»

21

Ella dijo: «Que se dé Abisag, la sunamita, por esposa a tu hermano Adonías.»

22

Respondió el rey Salomón a su madre: «¿Por qué pides para Adonías a Abisag, la sunamita? Pide también para él el reino, pues es mi hermano mayor; para él, para el sacerdote Abiatar y para Joab, hijo de Seruyá.»

23

El rey Salomón juró por Yahveh diciendo: «¡Así me castigue Dios y me añada, si no ha pronunciado Adonías esta palabra contra su propia vida!

24

Pues, ¡vive Yahveh, que me ha confirmado y me ha hecho sentar en el trono de David, mi padre, y me ha establecido una dinastía como me lo había prometido!, que Adonías morirá hoy mismo.»

25

El rey Salomón dio orden a Benaías, hijo de Joyadá, que cayó sobre él, y murió.

26

Al sacerdote Abiatar le dijo el rey: «Vete a Anatot, a tu campo, pues eres reo de muerte; pero no te mataré hoy, porque llevaste el arca de Yahveh Dios ante mi padre David, y porque fuiste maltratado cuando mi padre lo fue.»

27

Salomón, pues, privó del sacerdocio a Abiatar, cumpliendo así la palabra que Yahveh había pronunciado contra la casa de Elí en Siló.

28

Llegó la noticia hasta Joab. Joab se había adherido a Adonías, aunque no se había adherido a Absalóm. Joab huyó a la Tienda de Yahveh y se asió a los cuernos del altar.

29

Avisaron al rey Salomón: «Joab ha huido a la Tienda de Yahveh, y está junto al altar.» Salomón envió a Benaías, hijo de Joyadá, diciendo: «Ve y arremete contra él.»

30

Llegó Benaías a la Tienda de Yahveh y le dijo: «Así dice el rey: Sal de ahí.» El respondió: «No; aquí quiero morir.» Benaías llevó la respuesta al rey: «Así ha hablado Joab, y así me ha respondido.»

31

El rey le dijo: «Haz como él ha dicho: arremente contra él, y entiérrale. Así harás desaparecer de sobre mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab derramó injustamente.

32

Yahveh hará recaer su sangre sobre su cabeza, porque atacó a dos hombres más justos y mejores que él, y los mató a espada, sin que mi padre David lo supiera: a Abner, hijo de Ner, jefe del ejército de Israel, y a Amasá, hijo de Yéter, jefe del ejército de Judá.

33

Caiga su sangre sobre la cabeza de Joab y sobre la cabeza de su descendencia para siempre. Paz, en cambio, para David, para su descendencia, para su casa y para su trono, para siempre, de parte de Yahveh.»

34

Benaías, hijo de Joyadá, subió, arremetió contra él y le mató. Fue sepultado en su casa, en el desierto.

35

El rey puso en su lugar al frente del ejército a Benaías, hijo de Joyadá, y en lugar de Abiatar puso el rey al sacerdote Sadoc.

36

El rey mandó llamar a Simí y le dijo: «Constrúyete una casa en Jerusalén; habita allí, y no salgas de allí a ninguna parte.

37

El día que salgas y pases el torrente Cedrón, ten por cierto que morirás sin remedio; tu sangre recaerá sobre tu cabeza.»

38

Dijo Simí al rey: «Está bien; como ha dicho mi señor el rey, así lo hará tu siervo.» Y habitó Simí en Jerusalén muchos días.

39

Pero sucedió que al cabo de tres años, dos esclavos de Simí huyeron a Aquis, hijo de Maaká, rey de Gat. Y avisaron a Simí: «Tus esclavos están en Gat.»

40

Simí se levantó, aparejó su asno, y fue a Gat, donde Aquis, en busca de sus esclavos. Fue Simí, y trajo a sus esclavos de Gat.

41

Avisaron a Salomón que Simí había ido de Jerusalén a Gat, y que había vuelto.

42

El rey mandó llamar a Simí y le dijo: «¿No te conjuré yo por Yahveh, protestando ante ti: “El día que salgas y vayas a cualquier parte, ten por cierto que morirás sin remedio”? Y tú me dijiste: “Está bien, lo acepto.”

43

¿Por qué, pues, no has guardado el juramento de Yahveh ni la orden que te di?»

44

Y dijo el rey a Simí: «Tú conoces todo el mal que, bien lo sabes, hiciste a mi padre David. Yahveh ha hecho recaer tu maldad sobre tu cabeza.

45

Pero el rey Salomón será bendecido, y el trono de David permanecerá firme delante de Yahveh para siempre.»

46

El rey ordenó a Benaías, hijo de Joyadá, que salió y arremetió contra él, y murió. Quedó así el reino consolidado en manos de Salomón.

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