Primer libro de los Reyes, que continúa la historia comenzada en 1 y 2 Samuel. Narra el final del reinado de David, la ascensión y el reinado de Salomón (incluyendo la construcción del Templo), y posteriormente la división del reino en Israel (Norte) y Judá (Sur). Cubre el ministerio del profeta Elías durante el reinado de Acab. Forma parte de los libros históricos en el canon cristiano.
1 Reyes
Capítulo 21 — Viña de Nabot
Después de esto sucedió que Nabot, de Yizreel, tenía una viña en Yizreel, junto al palacio de Acab, rey de Samaria.
Acab habló a Nabot diciendo: «Dame tu viña para que me sirva de huerto, pues está junto a mi casa; yo te daré por ella otra viña mejor, o si prefieres, te pagaré su valor en dinero.»
Nabot respondió a Acab: «¡Guárdeme Yahveh de darte la heredad de mis padres!»
Acab fue a su casa, resentido y enojado por la respuesta que Nabot de Yizreel le había dado: «No te daré la heredad de mis padres.» Se acostó en su cama, volvió el rostro y no quiso comer.
Su esposa Jezabel vino a él y le dijo: «¿Por qué estás tan resentido y no quieres comer?»
El le respondió: «Porque he hablado a Nabot de Yizreel diciéndole: Dame tu viña por dinero, o, si te parece, te daré otra viña por ella; pero él me ha respondido: No te daré mi viña.»
Jezabel, su mujer, le dijo: «¿Eres tú ahora el que ejerce la realeza sobre Israel? Levántate, come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Yizreel.»
Escribió cartas en nombre de Acab, las selló con el sello del rey, y las envió a los ancianos y a los nobles que habitaban con Nabot en su ciudad.
En las cartas escribió: «Proclamad un ayuno, sentad a Nabot en un puesto preferente entre el pueblo;
sentad frente a él a dos hombres perversos, que declaren: “Has maldecido a Dios y al rey.” Luego sacadle y apedreadle hasta que muera.»
Los hombres de la ciudad de Nabot, los ancianos y los nobles que habitaban en su ciudad, hicieron según les había mandado Jezabel, conforme a lo escrito en las cartas que les había enviado.
Proclamaron un ayuno y sentaron a Nabot en un puesto preferente entre el pueblo.
Llegaron dos hombres perversos, se sentaron frente a él, y aquellos hombres acusaron a Nabot delante del pueblo, diciendo: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey.» Le sacaron fuera de la ciudad, le apedrearon y murió.
Luego enviaron a decir a Jezabel: «Nabot ha sido apedreado y ha muerto.»
Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y había muerto, dijo a Acab: «Levántate, toma posesión de la viña de Nabot de Yizreel, que no quiso dartela por dinero, pues Nabot ya no vive, ha muerto.»
Acab se levantó para bajar a la viña de Nabot de Yizreel y tomar posesión de ella.
Entonces la palabra de Yahveh fue dirigida a Elías, el tesbita, diciendo:
«Levántate, baja al encuentro de Acab, rey de Israel, que está en Samaria; he aquí que está en la viña de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión de ella.
Le hablarás diciendo: “Así dice Yahveh: ¿Has matado y también desposeído?” Y le hablarás diciendo: “Así dice Yahveh: En el lugar mismo donde los perros lamieron la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre.”»
Acab dijo a Elías: «¿Me has encontrado, enemigo mío?» El respondió: «Te he encontrado, por cuanto te has vendido para hacer lo malo a los ojos de Yahveh.
He aquí que voy a traer la desgracia sobre ti, y barreré tu descendencia; exterminaré de Acab a todo varón, esclavo o libre, en Israel.
Haré con tu casa como con la casa de Jeroboam, hijo de Nabat, y como con la casa de Baasá, hijo de Ajías, por la provocación con que me has irritado y has hecho pecar a Israel.
Y también contra Jezabel habló Yahveh diciendo: “Los perros comerán a Jezabel en el campo de Yizreel.”
El que de Acab muera en la ciudad, los perros le comerán; y el que muera en el campo, las aves del cielo le comerán.»
(No hubo otro como Acab, que se hubiera vendido para hacer lo malo a los ojos de Yahveh, instigado por su mujer Jezabel.
Procedió de manera completamente abominable, yendo tras los ídolos, como hicieron los amorreos, a quienes Yahveh expulsó de delante de los israelitas.)
Cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos, se vistió de sayal y ayunó; dormía vestido de sayal y andaba taciturno.
Entonces la palabra de Yahveh fue dirigida a Elías, el tesbita, diciendo:
«¿Has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré la desgracia en sus días; en días de su hijo traeré la desgracia sobre su casa.»