Primer libro de los Reyes, que continúa la historia comenzada en 1 y 2 Samuel. Narra el final del reinado de David, la ascensión y el reinado de Salomón (incluyendo la construcción del Templo), y posteriormente la división del reino en Israel (Norte) y Judá (Sur). Cubre el ministerio del profeta Elías durante el reinado de Acab. Forma parte de los libros históricos en el canon cristiano.
1 Reyes
Capítulo 22 — Muerte de Acab
Tres años estuvieron sin guerra entre Aram e Israel.
El tercer año, Josafat, rey de Judá, bajó donde el rey de Israel.
El rey de Israel dijo a sus servidores: «¿No sabéis que Ramot de Galaad nos pertenece? Y nosotros nos mantenemos quietos sin arrebatársela al rey de Aram.»
Y dijo a Josafat: «¿Vendrás conmigo a la guerra contra Ramot de Galaad?» Josafat respondió al rey de Israel: «Cuenta conmigo como contigo; mi pueblo como tu pueblo; mis caballos como tus caballos.»
Josafat dijo al rey de Israel: «Consulta primero, te ruego, la palabra de Yahveh.»
El rey de Israel reunió a los profetas, unos cuatrocientos hombres, y les dijo: «¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad o desistiré?» Ellos dijeron: «Sube, el Señor la entregará en manos del rey.»
Josafat dijo: «¿No hay aquí ningún otro profeta de Yahveh para que le consultemos?»
El rey de Israel respondió a Josafat: «Queda aún un hombre por quien podemos consultar a Yahveh, pero yo le aborrezco porque nunca profetiza para mí el bien, sino el mal; es Miqueas, hijo de Yimlá.» Josafat dijo: «No hable el rey así.»
Entonces el rey de Israel llamó a un oficial y le dijo: «Trae pronto a Miqueas, hijo de Yimlá.»
El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, vestidos de sus ropas reales, estaban sentados cada uno en su trono en la era de la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban ante ellos.
Sedecias, hijo de Quenaaná, se hizo unos cuernos de hierro y dijo: «Así dice Yahveh: Con éstos acornearás a los arameos hasta acabar con ellos.»
Y todos los profetas profetizaban de igual modo diciendo: «Sube a Ramot de Galaad, y triunfarás; Yahveh la entregará en manos del rey.»
El mensajero que había ido a llamar a Miqueas le habló diciendo: «He aquí que los profetas a una voz anuncian cosas buenas al rey; ojalá tu palabra sea como la palabra de uno de ellos, y anuncies cosa buena.»
Miqueas dijo: «Vive Yahveh, que lo que Yahveh me diga, eso hablaré.»
Llegó, pues, ante el rey, y el rey le dijo: «Miqueas, ¿iremos a la guerra contra Ramot de Galaad o desistiremos?» El le respondió: «Sube y triunfarás; Yahveh la entregará en manos del rey.»
El rey le dijo: «¿Cuántas veces te he de conjurar para que no me digas más que la verdad en nombre de Yahveh?»
El dijo: «Veo a todo Israel disperso por los montes, como ovejas sin pastor; y ha dicho Yahveh: “Estos no tienen señor; vuélvase cada uno en paz a su casa.”»
El rey de Israel dijo a Josafat: «¿No te lo dije? No profetiza para mí el bien, sino el mal.»
Miqueas prosiguió: «Escucha, pues, la palabra de Yahveh: Vi a Yahveh sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda.
Y Yahveh dijo: “¿Quién inducirá a Acab para que suba y caiga en Ramot de Galaad?” Unos decían de una manera, otros de otra.
Entonces se adelantó un espíritu, se puso delante de Yahveh y dijo: “Yo le induciré.” Yahveh le preguntó: “¿Cómo?”
El respondió: “Saldré y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas.” Dijo El: “Le inducirás, y ciertamente lo conseguirás; sal y hazlo así.”
Pues bien, ahora Yahveh ha puesto un espíritu de mentira en la boca de todos esos tus profetas; pero Yahveh ha decretado tu desgracia.»
Se acercó Sedecias, hijo de Quenaaná, y dio una bofetada a Miqueas, diciendo: «¿Por dónde salió de mí el espíritu de Yahveh para hablarte a ti?»
Miqueas respondió: «Vas a verlo el día que entres de cámara en cámara para esconderte.»
El rey de Israel dijo: «Toma a Miqueas, llévaselo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey,
y diles: “Así dice el rey: Meted a éste en la cárcel, y dadle de comer pan de aflicción y agua de angustia hasta que yo vuelva sano y salvo.”»
Miqueas dijo: «Si vuelves sano y salvo, no ha hablado Yahveh por mí.» Y añadió: «¡Oídlo, pueblos todos!»
Subió, pues, el rey de Israel con Josafat, rey de Judá, a Ramot de Galaad.
El rey de Israel dijo a Josafat: «Yo me disfrazaré para entrar en la batalla; tú vístete con tus ropas.» Y el rey de Israel se disfrazó y entró en la batalla.
El rey de Aram había dado orden a los jefes de sus carros, los treinta y dos, diciendo: «No peleéis contra chico ni contra grande, sino sólo contra el rey de Israel.»
Cuando los jefes de los carros vieron a Josafat, dijeron: «Ciertamente ése es el rey de Israel.» Y se lanzaron contra él para pelear; pero Josafat gritó.
Al ver los jefes de los carros que no era el rey de Israel, desistieron de perseguirle.
Un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura. El dijo a su cochero: «Vuelve el carro y sácame del ejército, porque estoy herido.»
Aquél día el combate arreció. Al rey lo tuvieron en pie en el carro frente a Aram; murió al atardecer; la sangre de la herida corría por el fondo del carro.
Al ponerse el sol, corrió una voz por el ejército: «¡Cada cual a su ciudad, cada cual a su tierra!»
Murió, pues, el rey, y le llevaron a Samaria; y sepultaron al rey en Samaria.
Cuando lavaron el carro en el estanque de Samaria, los perros lamieron su sangre (las prostitutas también se bañaron allí), conforme a la palabra que Yahveh había dicho.
El resto de los hechos de Acab, todo cuanto hizo, la casa de marfil que edificó y todas las ciudades que construyó, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel?
Acab se acostó con sus padres. Ocozías, su hijo, reinó en su lugar.
Josafat, hijo de Asá, comenzó a reinar sobre Judá el año cuarto de Acab, rey de Israel.
Josafat tenía treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Azubá, hija de Siljí.
Anduvo en todo el camino de Asá, su padre, sin apartarse de él, haciendo lo recto a los ojos de Yahveh. Sin embargo, los altos no desaparecieron, y el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y quemando incienso en los altos.
Josafat estuvo en paz con el rey de Israel.
El resto de los hechos de Josafat, sus hazañas y sus guerras, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?
Barrió de la tierra el resto de los prostituidos sagrados que habían quedado en tiempo de Asá, su padre.
No había entonces rey en Edom; había un gobernador.
Josafat construyó naves de Tarsis para ir a Ofir por oro; pero no fueron porque las naves se rompieron en Esyón Guéber.
Entonces Ocozías, hijo de Acab, dijo a Josafat: «Que vayan mis siervos con los tuyos en las naves.» Pero Josafat no quiso.
Josafat se acostó con sus padres y fue sepultado con sus padres en la Ciudad de David, su padre. Joram, su hijo, reinó en su lugar.
Ocozías, hijo de Acab, comenzó a reinar sobre Israel en Samaria el año diecisiete de Josafat, rey de Judá; reinó sobre Israel dos años.
Hizo lo malo a los ojos de Yahveh, anduvo en el camino de su padre, en el camino de su madre y en el camino de Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel.
Sirvió a Baal y se postró ante él, irritando a Yahveh, Dios de Israel, en todo como lo había hecho su padre.