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Primer libro de los Reyes, que continúa la historia comenzada en 1 y 2 Samuel. Narra el final del reinado de David, la ascensión y el reinado de Salomón (incluyendo la construcción del Templo), y posteriormente la división del reino en Israel (Norte) y Judá (Sur). Cubre el ministerio del profeta Elías durante el reinado de Acab. Forma parte de los libros históricos en el canon cristiano.

1 Reyes

Capítulo 3 — Salomón pide sabiduría

1

Salomón emparentó con el faraón, rey de Egipto, casándose con la hija del faraón. La llevó a la Ciudad de David, mientras no acababa de construir su casa, la Casa de Yahveh y la muralla de Jerusalén en derredor.

2

Solamente el pueblo seguía sacrificando en los altos, porque no se había edificado aún una Casa al Nombre de Yahveh.

3

Salomón amaba a Yahveh, siguiendo los preceptos de su padre David; sólo que sacrificaba y quemaba incienso en los altos.

4

Fue el rey a Gabaón para ofrecer allí sacrificios, pues aquél era el principal alto. Mil holocaustos ofreció Salomón sobre aquel altar.

5

En Gabaón se le apareció Yahveh a Salomón en sueños durante la noche. Dijo Dios: «Pídeme lo que quieras que te dé.»

6

Dijo Salomón: «Tú has tenido gran misericordia con tu siervo David, mi padre, por haber andado delante de ti con fidelidad, justicia y rectitud de corazón para contigo; le has guardado esta gran misericordia, y le has dado un hijo que se siente en su trono como hoy se ve.

7

Pues bien, Yahveh, Dios mío, tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David, mi padre. Soy yo muchacho y no sé gobernar ni salir ni entrar.

8

Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú has elegido, un pueblo inmenso, que no se puede contar ni numerar.

9

Concede, pues, a tu siervo un corazón atento para gobernar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. Porque ¿quién podrá gobernar a este pueblo tuyo tan grande?»

10

Agradó al Señor que Salomón hubiera pedido esto.

11

Díjole Dios: «Por haber pedido esto, y no haber pedido para ti muchos días, ni para ti riquezas, ni la vida de tus enemigos, sino haber pedido discernimiento para escuchar la justicia,

12

voy a hacer lo que has dicho. Te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes de ti ni lo habrá después de ti.

13

Y aun aquello que no has pedido te lo doy: riquezas y gloria, de manera que no haya rey ninguno como tú mientras vivas.

14

Y si andas por mis caminos guardando mis leyes y mandamientos, como lo hizo David, tu padre, alargaré tus días.»

15

Despertó Salomón, y resultó que había sido un sueño. Volvió a Jerusalén y se presentó ante el Arca de la Alianza de Yahveh, ofreció holocaustos y sacrificios de comunión e hizo un banquete a todos sus servidores.

16

Entonces llegaron donde el rey dos mujeres rameras y se presentaron ante él.

17

Una de ellas dijo: «¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer habitamos en una misma casa; yo di a luz estando ella en casa.

18

Tres días después de haber dado yo a luz, dio también a luz esta mujer. Estábamos juntas, no había en casa nadie más que nosotras dos.

19

Una noche murió el hijo de esta mujer, porque ella se acostó sobre él.

20

Ella se levantó a media noche, tomó a mi hijo de junto a mí, mientras tu sierva dormía, y lo puso en su seno; a su hijo muerto lo puso en mi seno.

21

Me levanté por la mañana para dar el pecho a mi hijo, y estaba muerto. Lo examiné por la mañana y vi claramente que no era mi hijo, el que yo había dado a luz.»

22

La otra dijo: «No; mi hijo es el vivo, y el tuyo es el muerto.» Pero la primera replicó: «No; el tuyo es el muerto y el mío es el vivo.» Así discutían en presencia del rey.

23

Dijo el rey: «Una dice: “Este que vive es mi hijo, y tu hijo es el muerto.” Y la otra dice: “No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el vivo.”»

24

El rey ordenó: «Traedme una espada.» Trajeron una espada delante del rey.

25

El rey dijo: «Partid en dos al niño vivo; dad la mitad a una y la otra mitad a la otra.»

26

Entonces la mujer cuyo hijo era el vivo dijo al rey, porque se le conmovieron las entrañas por su hijo: «¡Ah, señor mío! Dadle a ella el niño vivo; no lo matéis.» La otra decía: «No será ni mío ni tuyo; ¡partid!»

27

Entonces el rey tomó la palabra y dijo: «Dad a la primera el niño vivo; no lo matéis. ¡Esa es la madre!»

28

Todo Israel oyó el juicio que el rey había pronunciado, y tuvieron miedo al rey, pues vieron que la sabiduría de Dios estaba en él para hacer justicia.

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