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Primer libro de los Reyes, que continúa la historia comenzada en 1 y 2 Samuel. Narra el final del reinado de David, la ascensión y el reinado de Salomón (incluyendo la construcción del Templo), y posteriormente la división del reino en Israel (Norte) y Judá (Sur). Cubre el ministerio del profeta Elías durante el reinado de Acab. Forma parte de los libros históricos en el canon cristiano.

1 Reyes

Capítulo 4 — Los grandes oficiales de Salomón

1

El rey Salomón reinó sobre todo Israel.

2

Y estos fueron sus altos funcionarios: Azarías, hijo de Sadoc, el sacerdote;

3

Elihóref y Ajiá, hijos de Sisa, secretarios; Josafat, hijo de Ajilud, heraldo;

4

Benaías, hijo de Joyadá, jefe del ejército; Sadoc y Abiatar, sacerdotes;

5

Azarías, hijo de Natán, jefe de los gobernadores; Zabud, hijo de Natán, sacerdote y amigo del rey;

6

Ajisar, mayordomo; Adoniram, hijo de Abdá, jefe de los trabajos forzados.

7

Salomón tenía doce gobernadores sobre todo Israel, los cuales proveían de víveres al rey y a su casa; cada uno estaba obligado a proveer durante un mes al año.

8

Estos eran sus nombres: Ben Jur, en la montaña de Efraín;

9

Ben Dequer, en Maqués, Saalbín, Bet Semes, Elón y Bet Janán;

10

Ben Jesed, en Arubot, y tenía a Soco y toda la tierra de Jéfer;

11

Ben Abinadab, en toda la altura de Dor; éste era yerno de Salomón, casado con Tafat, su hija;

12

Baaná, hijo de Ajilud, en Tanak, Meguido y en todo Bet Seán, que está junto a Sartán, por debajo de Yizreel, desde Bet Seán hasta Abel Mejolá, hasta más allá de Yocmeán;

13

Ben Guéber, en Ramot de Galaad; él tenía las aldeas de Jaír, hijo de Manasés, que están en Galaad; tenía también el territorio de Argob, que está en Basán, sesenta grandes ciudades con muralla y cerrojos de bronce;

14

Ahinadab, hijo de Iddó, en Mahanáyim;

15

Ajimaas, en Neftalí. También éste se había casado con una hija de Salomón, Basemat;

16

Baaná, hijo de Husai, en Aser y en Alot;

17

Josafat, hijo de Parúaj, en Isacar;

18

Simí, hijo de Elá, en Benjamín;

19

Guéber, hijo de Urí, en el país de Galaad, el país de Sijón, rey de los amorreos, y de Og, rey de Basán; había además un solo gobernador en el país.

20

Judá e Israel eran numerosos como la arena del mar, comían, bebían y se divertían.

21

Salomón dominaba sobre todos los reinos desde el Río hasta el país de los filisteos y la frontera de Egipto; pagaban tributo y sirvieron a Salomón todos los días de su vida.

22

La comida diaria de Salomón era de treinta medidas de flor de harina y sesenta de harina común;

23

diez bueyes cebados, veinte bueyes de pasto y cien ovejas, sin contar ciervos, gacelas, corzos y aves cebadas.

24

Porque él dominaba en toda la región de la otra parte del Río, desde Tifsaj hasta Gaza, sobre todos los reyes de la otra parte del Río; y tuvo paz por todas partes en derredor.

25

Judá e Israel vivieron seguros, cada uno bajo su parra y bajo su higuera, desde Dan hasta Berseba, durante toda la vida de Salomón.

26

Salomón tenía cuarenta mil pesebres para los caballos de sus carros, y doce mil caballos.

27

Aquellos gobernadores proveían de víveres al rey Salomón y a todos los que venían a la mesa del rey Salomón, cada uno en su mes, sin que nada faltase.

28

Traían también la cebada y la paja para los caballos y los corceles al lugar en que se hallaba el rey, cada cual según su cometido.

29

Dios dio a Salomón sabiduría, inteligencia abundantísima y anchura de corazón como la arena de la orilla del mar.

30

La sabiduría de Salomón superó a la sabiduría de todos los orientales y a toda la sabiduría de Egipto.

31

Fue más sabio que todos los hombres: más que Etán, el ezraíta, y que Hemán, Calcol y Dardá, hijos de Majol; y su fama se extendió a todas las naciones de alrededor.

32

Pronunció tres mil proverbios y sus cánticos fueron mil cinco.

33

Disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que brota en la pared, disertó también sobre las bestias, las aves, los reptiles y los peces.

34

De todos los pueblos venían a oír la sabiduría de Salomón, y de todos los reyes de la tierra que habían oído hablar de su sabiduría.

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