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En la tradición hebrea, Crónicas es un solo libro. Es una relectura teológica de la historia desde Adán hasta el edicto de Ciro, enfocándose en Judá, el Templo y la dinastía davídica, escrita probablemente después del exilio en Babilonia.

1 Crónicas

Capítulo 29 — Ofrendas para el templo; oración de David; muerte de David

1

Además, el rey David dijo a toda la asamblea: A Salomón mi hijo, al único que Dios ha elegido, le toca ser joven y tierno, y la obra es grande, porque la Casa no es para hombre, sino para Yavé Dios.

2

Yo, pues, con todas mis fuerzas he preparado para la Casa de mi Dios: oro para las cosas de oro, plata para las de plata, bronce para las de bronce, hierro para las de hierro, madera para las de madera, piedras de ónice, piedras de engaste, piedras negras y de varios colores, toda clase de piedras preciosas, y mucho mármol.

3

Además, por el gran cariño que tengo a la Casa de mi Dios, yo entrego a la Casa de mi Dios el oro y la plata que poseo, además de todo lo que he preparado para la Casa del santuario:

4

tres mil talentos de oro, de oro de Ofir, y siete mil talentos de plata refinada, para cubrir las paredes de las salas;

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oro para las cosas de oro, y plata para las de plata, y para toda clase de trabajos que han de hacer los artistas. ¿Y quién quiere ofrecer hoy voluntariamente su ofrenda a Yavé?

6

Entonces los jefes de las casas paternas, los jefes de las tribus de Israel, los jefes de millares y de cientos y los jefes de los negocios del rey, ofrecieron voluntariamente.

7

Y dieron para el servicio de la Casa de Dios: cinco mil talentos de oro, diez mil dracmas de oro, diez mil talentos de plata, dieciocho mil talentos de bronce, y cien mil talentos de hierro.

8

Y los que tenían piedras preciosas las dieron para el tesoro de la Casa de Yavé, bajo la custodia de Jehiel gersonita.

9

Y el pueblo se alegró de que hubieran ofrecido voluntariamente, porque de todo corazón ofrecían voluntariamente a Yavé; y asimismo el rey David se alegró con gran gozo.

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Bendijo, pues, David a Yavé en presencia de toda la asamblea, y dijo: ¡Bendito seas tú, oh Yavé, Dios de Israel nuestro padre, desde la eternidad hasta la eternidad!

11

Tuya es, oh Yavé, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Yavé, es el reino, y tú eres excelso sobre todos.

12

Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos.

13

Ahora, pues, Dios nuestro, te alabamos, y loamos tu glorioso nombre.

14

Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Porque todo viene de ti, y de lo recibido de tu mano te damos.

15

Porque nosotros somos extranjeros delante de ti, y advenedizos, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra son como sombra, y no hay esperanza.

16

Oh Yavé Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar una Casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo.

17

Yo sé, Dios mío, que tú pruebas los corazones, y que amas la rectitud; por eso yo en la rectitud de mi corazón he ofrecido voluntariamente todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, aquí presente, te ha hecho ofrendas voluntariamente.

18

Oh Yavé, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, nuestros padres, guarda esto para siempre en la intención de los pensamientos del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón hacia ti.

19

Y a mi hijo Salomón da corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y los ponga todos por obra, y edifique la casa para la cual he hecho preparativos.

20

Después dijo David a toda la asamblea: Bendecid ahora a Yavé vuestro Dios. Entonces toda la asamblea bendijo a Yavé, al Dios de sus padres, y se inclinaron y adoraron a Yavé, y también al rey.

21

Y al día siguiente ofrecieron sacrificios a Yavé, y le ofrecieron holocaustos: mil becerros, mil carneros, mil corderos, con sus libaciones, y muchos sacrificios por todo Israel.

22

Comieron y bebieron aquel día delante de Yavé con gran alegría. Y por segunda vez proclamaron rey a Salomón hijo de David, y lo ungieron por príncipe a Yavé, y a Sadoc por sacerdote.

23

Y se sentó Salomón en el trono de Yavé como rey en lugar de David su padre, y fue prosperado; y todo Israel le obedeció.

24

Todos los jefes y los valientes, y también todos los hijos del rey David, prestaron obediencia al rey Salomón.

25

Y Yavé engrandeció a Salomón sobremanera a los ojos de todo Israel, y le dio un reinado tan glorioso como ningún rey antes de él había tenido en Israel.

26

Así, pues, reinó David hijo de Isaí sobre todo Israel.

27

El tiempo que reinó sobre Israel fue de cuarenta años: siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén.

28

Y murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria; y reinó en su lugar Salomón su hijo.

29

Los hechos del rey David, primeros y postreros, están escritos en las crónicas del vidente Samuel, en las crónicas del profeta Natán y en las crónicas del vidente Gad,

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con todo su reinado y su poder, y los sucesos que acontecieron a él, a Israel y a todos los reinos de aquellas tierras.

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