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El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).

2 Crónicas

Capítulo 10 — División del reino

1

Roboán fue a Siquem, porque en Siquem se había reunido todo Israel para hacerle rey.

2

Cuando lo oyó Jeroboán, hijo de Nabat, que estaba en Egipto, a donde había huido de la presencia del rey Salomón, regresó de Egipto.

3

Enviaron a llamarle. Vinieron, pues, Jeroboán y todo Israel y hablaron a Roboán diciendo:

4

«Tu padre hizo pesado nuestro yugo; ahora aligera tú la dura servidumbre y el pesado yugo que tu padre puso sobre nosotros, y te serviremos.»

5

El les respondió: «Dentro de tres días volved a mí.» Y el pueblo se fue.

6

El rey Roboán consultó a los ancianos que habían asistido a Salomón su padre mientras vivía, diciendo: «¿Qué consejo me dais para responder a este pueblo?»

7

Ellos le dijeron: «Si te muestras bondadoso con este pueblo, los complaces y les hablas con buenas palabras, serán siempre tus siervos.»

8

Pero él, desechando el consejo que los ancianos le habían dado, consultó a los jóvenes que se habían criado con él y que estaban a su servicio.

9

Les dijo: «¿Qué consejo me dais para responder a este pueblo que me ha dicho: Aligera el yugo que tu padre puso sobre nosotros?»

10

Los jóvenes que se habían criado con él le respondieron: «Así dirás al pueblo que te ha hablado diciendo: Tu padre hizo pesado nuestro yugo, pero tú aligéralo; así les dirás: "Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre.

11

Ahora, pues, mi padre os cargó un pesado yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os azotó con látigos, pero yo os azotaré con escorpiones.»

12

Vino Jeroboán con todo el pueblo al tercer día ante Roboán, según el rey había dicho: «Volved a mí dentro de tres días.»

13

El rey les respondió ásperamente; desechó el consejo de los ancianos,

14

y les habló según el consejo de los jóvenes: «Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pero yo añadiré a él; mi padre os azotó con látigos, pero yo os azotaré con escorpiones.»

15

No escuchó, pues, el rey al pueblo, porque esto venía de Dios, para cumplir Yahveh la palabra que había dicho por medio de Ajías de Silo a Jeroboán, hijo de Nabat.

16

Viendo todo Israel que el rey no les había escuchado, respondió al rey: «¿Qué parte tenemos con David? ¡Ninguna herencia con el hijo de Isaí! ¡Cada uno a sus tiendas, Israel! ¡Que atienda ahora tu casa, David!» Y todo Israel se fue a sus tiendas.

17

Roboán reinó únicamente sobre los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá.

18

El rey Roboán envió a Adoram, que estaba al frente de los trabajos forzados, pero los israelitas lo apedrearon y murió. El rey Roboán subió apresuradamente a su carro y huyó a Jerusalén.

19

Así se rebeló Israel contra la casa de David hasta el día de hoy.

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