El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).
2 Crónicas
Capítulo 11 — Roboán fortifica Judá
Llegado Roboán a Jerusalén, reunió a la casa de Judá y de Benjamín, 180.000 guerreros escogidos, para luchar contra Israel y restablecer el reino bajo su dominio.
Pero fue dirigida la palabra de Yahveh a Semaías, hombre de Dios, en estos términos:
«Habla a Roboán, hijo de Salomón, rey de Judá, y a todos los israelitas de Judá y de Benjamín, diciendo:
Así dice Yahveh: No subáis ni luchéis contra vuestros hermanos; vuélvase cada uno a su casa, porque yo he hecho esto.» Ellos escucharon las palabras de Yahveh y desistieron de marchar contra Jeroboán.
Roboán habitó en Jerusalén y edificó ciudades fortificadas en Judá.
Edificó Belén, Etam, Tecoa,
Bet Sur, Soco, Adullam,
Gat, Maresá, Zif,
Adoraim, Laquís, Azecá,
Sorá, Ayalón y Hebrón, ciudades fortificadas en Judá y en Benjamín.
Las fortificó, puso en ellas gobernadores y almacenes de víveres, aceite y vino.
En cada ciudad puso escudos y lanzas, y las hizo muy fuertes. Así conservó Judá y Benjamín.
Los sacerdotes y levitas que estaban en todo Israel se pusieron de parte de él, desde todas sus comarcas.
Pues los levitas abandonaron sus pastos y sus posesiones, y se fueron a Judá y a Jerusalén, porque Jeroboán y sus hijos los habían excluido de las funciones sacerdotales de Yahveh.
Jeroboán estableció por su cuenta sacerdotes para los altos, para los machos cabríos y para los becerros que había hecho.
Detrás de ellos, de todas las tribus de Israel, los que habían fijado su corazón en buscar a Yahveh, Dios de Israel, vinieron a Jerusalén para sacrificar a Yahveh, Dios de sus padres.
Y robustecieron el reino de Judá y apoyaron a Roboán, hijo de Salomón, durante tres años, porque durante tres años siguieron el camino de David y Salomón.
Roboán tomó por mujer a Majalat, hija de Yerimot, hijo de David, y de Abihail, hija de Eliab, hijo de Isaí.
Ella le dio hijos: Yeús, Semarías y Zaham.
Después tomó a Maacá, hija de Absalón, la cual le dio Abías, Atay, Zizá y Selomit.
Roboán amaba a Maacá, hija de Absalón, más que a todas sus otras mujeres y concubinas (pues tuvo dieciocho mujeres y sesenta concubinas, y engendró veintiocho hijos y sesenta hijas).
Roboán designó como jefe a Abías, hijo de Maacá, para que fuera jefe entre sus hermanos, con intención de hacerle rey.
Actuó prudentemente distribuyendo a todos sus hijos por todos los territorios de Judá y de Benjamín, por todas las ciudades fortificadas; les dio abundantísimo alimento y les procuró numerosas mujeres.