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El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).

2 Crónicas

Capítulo 13 — Abías, rey de Judá

1

El año dieciocho del rey Jeroboán, Abías comenzó a reinar sobre Judá.

2

Reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Micaía, hija de Uriel, de Guibeá. Hubo guerra entre Abías y Jeroboán.

3

Abías dio comienzo a la guerra con un ejército de guerreros valientes, 400.000 hombres escogidos. Jeroboán ordenó contra él la batalla con 800.000 hombres escogidos, valientes guerreros.

4

Abías se puso en pie sobre el monte Sefará, en la región montañosa de Efraím, y dijo: «¡Escuchadme, Jeroboán y todo Israel!

5

¿No sabéis que Yahveh, Dios de Israel, dio el reino a David sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos, por una alianza de sal?

6

Pero Jeroboán, hijo de Nabat, siervo de Salomón, hijo de David, se sublevó contra su señor.

7

Se juntaron con él hombres vanos y perversos, que se hicieron fuertes contra Roboán, hijo de Salomón. Roboán era joven y pusilánime, y no pudo resistirles.

8

¿Pensáis vosotros poder resistir al reino de Yahveh, que está en manos de los hijos de David, porque sois una multitud y tenéis los becerros de oro que Jeroboán os hizo por dioses?

9

¿No habéis echado vosotros a los sacerdotes de Yahveh, los hijos de Aarón y a los levitas, y os habéis hecho sacerdotes como los pueblos de otras tierras? El que viene con un novillo y siete carneros para ser consagrado, se hace sacerdote de los que no son dioses.

10

Pero nosotros tenemos a Yahveh por Dios; no le hemos abandonado; los sacerdotes que sirven a Yahveh son hijos de Aarón, y los levitas asisten al servicio.

11

Ofrecen a Yahveh los holocaustos cada mañana y cada tarde, el incienso aromático, la disposición de los panes sobre la mesa pura, y el candelabro de oro con sus lámparas que se encienden cada tarde; porque nosotros guardamos la ordenanza de Yahveh nuestro Dios, mientras que vosotros le habéis abandonado.

12

Ved cómo Dios está con nosotros a la cabeza, y sus sacerdotes con las trompetas de toque contra vosotros. ¡Hijos de Israel, no luchéis contra Yahveh, el Dios de vuestros padres, porque no triunfaréis!»

13

Jeroboán había hecho girar una emboscada para cogerles por la espalda, de suerte que él estaba frente a Judá y la emboscada detrás.

14

Volviéndose Judá, vio que tenía que luchar por delante y por detrás; entonces clamaron a Yahveh, y los sacerdotes tocaron las trompetas.

15

Entonces los hombres de Judá lanzaron el grito de guerra; y al grito de guerra de Judá, Yahveh derrotó a Jeroboán y a todo Israel delante de Abías y de Judá.

16

Los israelitas huyeron ante Judá, y Dios los entregó en sus manos.

17

Abías y su pueblo les causaron gran mortandad; cayeron heridos de Israel 500.000 hombres escogidos.

18

Fueron humillados los israelitas en aquella ocasión, mientras que los hijos de Judá salieron victoriosos porque se apoyaron en Yahveh, Dios de sus padres.

19

Abías persiguió a Jeroboán y le tomó las ciudades: Betel con sus aldeas, Yesaná con sus aldeas y Efrón con sus aldeas.

20

Ya no recobró Jeroboán su poder en tiempo de Abías; luego le hirió Yahveh y murió.

21

Abías, por el contrario, fue robusteciendo. Tomó catorce mujeres y engendró veintidós hijos y dieciséis hijas.

22

Los demás hechos de Abías, su conducta y sus palabras, están escritos en la historia del profeta Iddó.

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