El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).
2 Crónicas
Capítulo 14 — Asá, rey de Judá
Abías se acostó con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. Reinó en su lugar su hijo Asá. En sus días el país tuvo paz durante diez años.
Asá hizo lo bueno y lo recto a los ojos de Yahveh su Dios.
Suprimió los altares extraños y los altos, rompió las estelas, taló las culebras,
y mandó a Judá que buscase a Yahveh, el Dios de sus padres, y que cumpliera la ley y los mandamientos.
Suprimió en todas las ciudades de Judá los altos y los altares de incienso. Y tuvo paz el reino bajo su dominio.
Edificó ciudades fortificadas en Judá, porque el país estaba tranquilo y no hubo guerra con él aquellos años, pues Yahveh le había dado reposo.
Dijo a Judá: «Edifiquemos estas ciudades, rodeémoslas de murallas, torres, puertas y cerrojos, mientras el país está en paz con nosotros, porque hemos buscado a Yahveh nuestro Dios, le hemos buscado y nos ha dado paz por todas partes.» Edificaron, pues, y prosperaron.
Tuvo Asá un ejército de 300.000 hombres de Judá que llevaban escudo grande y lanza, y 280.000 de Benjamín que llevaban escudo pequeño y tiraban del arco; todos ellos eran valientes guerreros.
Zéraj, el etíope, salió contra ellos con un ejército de 1.000.000 de hombres y 300 carros, y llegó hasta Maresá.
Asá salió a su encuentro, y ordenaron la batalla en el valle de Sefatá, junto a Maresá.
Entonces Asá invocó a Yahveh su Dios, diciendo: «¡Oh Yahveh! Sólo tú puedes ayudar al débil contra el fuerte. ¡Ayúdanos, Yahveh, Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra esta multitud! ¡Oh Yahveh, tú eres nuestro Dios; no prevalezca el hombre contra ti!»
Yahveh derrotó a los etíopes delante de Asá y delante de Judá; y huyeron los etíopes.
Asá y la gente que con él estaba los persiguieron hasta Guerar. Cayeron tantos etíopes que no pudieron recobrarse, porque fueron destrozados delante de Yahveh y de su ejército. Tomaron un enorme botín.
Batieron todas las ciudades alrededor de Guerar, porque el terror de Yahveh había caído sobre ellas; saquearon todas las ciudades, pues tenían mucho botín.
Atacaron también las tiendas de los ganaderos, y se llevaron gran cantidad de ovejas y camellos. Luego se volvieron a Jerusalén.