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El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).

2 Crónicas

Capítulo 15 — Reforma de Asá

1

Azarías, hijo de Oded, fue investido por el espíritu de Dios,

2

y salió al encuentro de Asá. Le dijo: «¡Escuchadme, Asá, y todo Judá y Benjamín! Yahveh está con vosotros cuando estáis con él; si le buscáis, se dejará encontrar de vosotros; pero si le abandonáis, él os abandonará.

3

Por mucho tiempo Israel estuvo sin Dios verdadero, sin sacerdote que enseñara y sin ley.

4

Pero en su angustia se volvieron a Yahveh, Dios de Israel, le buscaron y se dejó encontrar de ellos.

5

En aquellos tiempos no había paz para el que salía ni para el que entraba, sino muchas turbaciones sobre todos los habitantes de los países.

6

Se estrellaba nación contra nación y ciudad contra ciudad, porque Dios los turbaba con toda clase de aflicciones.

7

Mas vosotros, esforzaos y no desmayen vuestras manos, porque vuestro trabajo tendrá recompensa.»

8

Cuando Asá oyó estas palabras y la profecía del profeta Oded, cobró ánimo e hizo desaparecer las abominaciones de toda la tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que había conquistado en la montaña de Efraím; y restauró el altar de Yahveh que estaba delante del pórtico de Yahveh.

9

Reunió a todo Judá y Benjamín y a los que residían con ellos como extranjeros, procedentes de Efraím, Manasés y Simeón, pues muchos de Israel se habían pasado a él al ver que Yahveh, su Dios, estaba con él.

10

Se reunieron en Jerusalén el tercer mes del año quince del reinado de Asá.

11

Aquel día sacrificaron a Yahveh 700 bueyes y 7.000 ovejas del botín que habían traído.

12

Entraron en la alianza de buscar a Yahveh, el Dios de sus padres, de todo corazón y de toda alma;

13

y todo el que no buscase a Yahveh, Dios de Israel, sería muerto, pequeño o grande, hombre o mujer.

14

Juraron fidelidad a Yahveh en alta voz, con aclamaciones, trompetas y cuernos.

15

Todo Judá se alegró de este juramento, porque de todo corazón habían jurado, y de toda voluntad habían buscado a Yahveh, y se dejó encontrar de ellos. Yahveh les dio paz por todas partes.

16

También privó a Maacá, su madre, de su dignidad de reina madre, por haber hecho una estatua abominable para Aserá. Asá derribó su estatua abominable, la desmenuzó y la quemó en el torrente Cedrón.

17

Los altos no desaparecieron de Israel; sin embargo, el corazón de Asá fue perfecto todos sus días.

18

Trajo a la Casa de Dios las ofrendas que su padre había consagrado y las suyas propias: plata, oro y objetos.

19

No hubo guerra hasta el año treinta y cinco del reinado de Asá.

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