El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).
2 Crónicas
Capítulo 16 — Alianza de Asá con Siria
El año treinta y seis del reinado de Asá, subió Baasá, rey de Israel, contra Judá y fortificó Ramá, para cortar la comunicación con Asá, rey de Judá.
Entonces Asá sacó la plata y el oro de los tesoros de la Casa de Yahveh y de la casa real, y envió mensajeros a Ben Hadad, rey de Aram, que residía en Damasco, diciendo:
«Haya alianza entre tú y yo, como la hubo entre tu padre y el mío. Mira que te envío plata y oro. Anda, rompe tu alianza con Baasá, rey de Israel, para que se retire de mí.»
Ben Hadad escuchó al rey Asá y envió a los jefes de sus ejércitos contra las ciudades de Israel; conquistaron Iyón, Dan, Abel Máim y todas las ciudades de almacenamiento de Neftalí.
Cuando Baasá lo oyó, dejó de fortificar Ramá y suspendió sus obras.
Entonces el rey Asá tomó a todo Judá, y se llevaron las piedras de Ramá y la madera con que Baasá estaba edificando, y con ello fortificó Guibea y Mizpa.
En aquel tiempo vino el vidente Jananí a Asá, rey de Judá, y le dijo: «Por haberte apoyado en el rey de Aram y no haberte apoyado en Yahveh tu Dios, por eso el ejército del rey de Aram ha escapado de tus manos.
Los etíopes y los libios, ¿no formaban un ejército numerosísimo, con carros y jinetes en gran cantidad? Sin embargo, porque te apoyaste en Yahveh, él los entregó en tus manos.
Porque los ojos de Yahveh recorren toda la tierra para fortalecer a los que se entregan a él de todo corazón. En esto has obrado neciamente; por lo tanto, de ahora en adelante tendrás guerras.»
Asá se irritó contra el vidente y le echó en la cárcel, porque estaba muy enojado con él por esto. Y al mismo tiempo Asá oprimió a algunos del pueblo.
Los hechos de Asá, los primeros y los últimos, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel.
El año treinta y nueve de su reinado, Asá enfermó de los pies hasta el extremo; pero en su enfermedad no buscó a Yahveh, sino a los médicos.
Y Asá se acostó con sus padres; murió el año cuarenta y uno de su reinado.
Le sepultaron en el sepulcro que él mismo se había labrado en la ciudad de David. Le colocaron sobre un lecho lleno de perfumes y aromas preparados según la técnica de los perfumistas, y en su honor hicieron una gran hoguera.