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El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).

2 Crónicas

Capítulo 18 — Alianza de Josafat con Acab

1

Tuvo Josafat abundantes riquezas y gloria, y emparentó con Acab.

2

Algunos años después bajó a Samaría a visitar a Acab. Acab mató muchas ovejas y bueyes para él y para la gente que con él venía, y le persuadió para que subiera con él a Ramot de Galaad.

3

Acab, rey de Israel, dijo a Josafat, rey de Judá: «¿Quieres venir conmigo a Ramot de Galaad?» Respondió: «Como tú, como yo; como tu pueblo, como mi pueblo; estaremos contigo en la guerra.»

4

Pero Josafat dijo al rey de Israel: «Consulta hoy la palabra de Yahveh.»

5

El rey de Israel reunió a los profetas, 400 hombres, y les dijo: «¿Podemos ir a la guerra contra Ramot de Galaad, o desistiré?» Ellos dijeron: «Sube, porque Dios la entregará en manos del rey.»

6

Pero Josafat dijo: «¿No hay aquí todavía algún profeta de Yahveh para que le consultemos?»

7

El rey de Israel respondió a Josafat: «Aún hay un hombre por quien podríamos consultar a Yahveh, pero yo le aborrezco, porque nunca me profetiza nada bueno, sino siempre mal: es Miqueas, hijo de Yimlá.» Josafat dijo: «No hable así el rey.»

8

Entonces el rey de Israel llamó a un eunuco y le dijo: «Trae pronto a Miqueas, hijo de Yimlá.»

9

El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono, vestidos con sus mantos, en la era que hay a la entrada de la puerta de Samaría; y todos los profetas profetizaban delante de ellos.

10

Sedecías, hijo de Quenaaná, se había hecho unos cuernos de hierro y dijo: «Así dice Yahveh: Con éstos acornearás a Aram hasta acabar con ellos.»

11

Todos los profetas profetizaban de igual modo, diciendo: «Sube a Ramot de Galaad y triunfarás; Yahveh la entregará en manos del rey.»

12

El mensajero que había ido a llamar a Miqueas le dijo: «Mira, las palabras de los profetas son unánimes en anunciar éxito al rey; que tu palabra sea como la de ellos y anuncia éxito.»

13

Pero Miqueas respondió: «¡Vive Yahveh! Lo que mi Dios me diga, eso anunciaré.»

14

Cuando llegó ante el rey, éste le dijo: «Miqueas, ¿podemos ir a la guerra contra Ramot de Galaad, o desistiré?» Respondió: «Subid y triunfaréis; serán entregados en vuestras manos.»

15

El rey le dijo: «¿Cuántas veces te he de conjurar para que no me digas más que la verdad en nombre de Yahveh?»

16

Entonces dijo: «Veo a todo Israel disperso por los montes, como ovejas que no tienen pastor; y dice Yahveh: "Éstos no tienen dueño; vuélvase cada cual en paz a su casa."»

17

Dijo el rey de Israel a Josafat: «¿No te dije que no profetizaría para mí nada bueno, sino sólo mal?»

18

Miqueas prosiguió: «Por tanto, oíd la palabra de Yahveh. Yo veo a Yahveh sentado en su trono, y todo el ejército del cielo a su derecha y a su izquierda.

19

Yahveh dijo: "¿Quién inducirá a Acab, rey de Israel, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?" Y uno decía de una manera, otro de otra.

20

Entonces se adelantó un espíritu, se presentó delante de Yahveh y dijo: "Yo le induciré." "¿De qué modo?", le preguntó Yahveh.

21

El respondió: "Saldré a ser espíritu de mentira en boca de todos sus profetas." Dijo entonces: "Le inducirás, y lo conseguirás. Sal y hazlo así.

22

Pues bien, Yahveh ha puesto un espíritu de mentira en boca de esos tus profetas; pero Yahveh ha decretado tu desgracia.»

23

Entonces Sedecías, hijo de Quenaaná, se acercó, abofeteó a Miqueas y dijo: «¿Por dónde se fue de mí el espíritu de Yahveh para hablarte a ti?»

24

Miqueas respondió: «Míralo tú el día que te refugies de aposento en aposento.»

25

El rey de Israel dijo entonces: «Tomad a Miqueas, llevadlo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey,

26

y decidles: "Así dice el rey: Meted a éste en la cárcel y dadle de comer pan de aflicción y agua de angustia hasta que yo vuelva en paz."»

27

Miqueas dijo: «Si vuelves en paz, Yahveh no ha hablado por mí.» Y añadió: «¡Oídlo, pueblos todos!»

28

Subieron, pues, el rey de Israel y Josafat, rey de Judá, a Ramot de Galaad.

29

El rey de Israel dijo a Josafat: «Yo me disfrazaré para entrar en la batalla; pero tú ponte tus vestiduras reales.» Y el rey de Israel se disfrazó, y entraron en la batalla.

30

El rey de Aram había dado esta orden a los jefes de sus carros: «No combatais contra nadie, pequeño o grande, sino sólo contra el rey de Israel.»

31

Cuando los jefes de los carros vieron a Josafat, dijeron: «¡Es el rey de Israel!» y lo rodearon para atacarle. Pero Josafat gritó, y Yahveh le auxilió; Dios los apartó de él.

32

Cuando los jefes de los carros vieron que no era el rey de Israel, desistieron de perseguirle.

33

Pero un hombre disparó el arco al azar, e hirió al rey de Israel entre las junturas de la coraza. Dijo entonces a su cochero: «Vuelve el carro y sácame del campamento, porque estoy herido.»

34

Pero aquel día arreció la batalla, y el rey de Israel se sostuvo en el carro frente a Aram hasta la tarde; murió a la puesta del sol.

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