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El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).

2 Crónicas

Capítulo 2 — Preparativos para la construcción del Templo

1

Salomón reclutó 70.000 hombres para llevar cargas, 80.000 para cortar piedras en la montaña y 3.600 capataces.

2

Envió Salomón a decir a Jiram, rey de Tiro: «Como hiciste con mi padre David, enviándole cedros para que construyera su palacio, hazme ahora también a mí.

3

He aquí que voy a edificar una Casa al Nombre de Yahveh mi Dios, para consagrársela y ofrecer incienso aromático en su presencia, para la disposición continua de los panes, para los holocaustos de la mañana y de la tarde, de los sábados, novilunios y solemnidades de Yahveh nuestro Dios, como está establecido para siempre en Israel.

4

La Casa que voy a edificar ha de ser grande, porque nuestro Dios es más grande que todos los dioses.

5

Pero ¿quién será capaz de edificarle una Casa, ya que los cielos de los cielos no pueden contenerle? ¡Y cuánto menos esta Casa que yo voy a edificar, que no será sino un lugar para quemar incienso en su presencia!

6

Envía, pues, un hombre experto en trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la púrpura roja y escarlata, y en la técnica del grabado, para que trabaje con los maestros que yo tengo en Judá y en Jerusalén, que mi padre David ha preparado.

7

Envíame también cedros, cipreses y sándalos del Líbano, porque yo sé que tus siervos saben cortar la madera del Líbano. Mis siervos irán con los tuyos.

8

Tú me prepararás mucha madera, porque la Casa que voy a edificar ha de ser grande y maravillosa.

9

A los leñadores que corten la madera les daré 20.000 coros de trigo molido, 20.000 coros de cebada, 20.000 batos de vino y 20.000 batos de aceite.»

10

Jiram, rey de Tiro, respondió por carta a Salomón: «Porque Yahveh ama a su pueblo, te ha puesto por rey de él.»

11

Y añadió Jiram: «Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, que hizo los cielos y la tierra, por haber dado al rey David un hijo sabio, dotado de inteligencia y prudencia, que edifique una Casa a Yahveh y una casa para su realeza.

12

Te envío, pues, un hombre sabio y con inteligencia, a Jiram Abí,

13

hijo de una mujer danita y de un padre tirio. Es experto en trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la piedra, la madera, la púrpura roja y escarlata, el lino fino y el carmesí, y en toda clase de grabado. Además hará cualquier trabajo que se le encomiende, junto con tus maestros y los de mi señor David, tu padre.

14

Envíe, pues, mi señor a sus siervos el trigo, la cebada, el aceite y el vino que ha ofrecido,

15

y nosotros cortaremos en el Líbano toda la madera que necesites, y te la enviaremos en balsas por mar hasta Jope; y tú la harás subir a Jerusalén.»

16

Salomón hizo un censo de todos los extranjeros residentes en el país de Israel, según el censo que había hecho su padre David; y se halló que había 153.600.

17

Tomó de ellos 70.000 para cargar, 80.000 para cortar piedras en la montaña, y 3.600 como capataces para hacer trabajar al pueblo.

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