El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).
2 Crónicas
Capítulo 21 — Joram, rey de Judá
Josafat se acostó con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. Reinó en su lugar su hijo Joram.
Este tenía hermanos, hijos de Josafat: Azarías, Jehiel, Zacarías, Azarías, Miguel y Sefatías. Todos ellos eran hijos de Josafat, rey de Judá.
Su padre les había dado muchos dones de plata, oro y objetos de valor, además de ciudades fortificadas en Judá; pero el reino se lo dio a Joram porque era el primogénito.
Cuando Joram se hizo cargo del reino de su padre y se consolidó en él, mató a espada a todos sus hermanos y también a algunos jefes de Israel.
Tenía Joram treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén.
Siguió el camino de los reyes de Israel, como había hecho la casa de Acab, porque tenía por mujer a una hija de Acab; e hizo lo malo a los ojos de Yahveh.
Pero Yahveh no quiso destruir la casa de David, a causa de la alianza que había hecho con David, y porque había prometido darle una lámpara a él y a sus descendientes para siempre.
En sus días se rebeló Edom contra el poder de Judá, y se dio un rey.
Entonces Joram pasó con sus jefes y con todos sus carros; se levantó de noche y batió a los edomitas que le habían rodeado y a los jefes de los carros.
Pero Edom se rebeló contra el poder de Judá, y así ha quedado hasta hoy. En aquel mismo tiempo también se rebeló Libná contra su poder, porque él había abandonado a Yahveh, Dios de sus padres.
Construyó además altos en las montañas de Judá, hizo que los habitantes de Jerusalén se prostituyeran, y descarrió a Judá.
Llegó a sus manos un escrito del profeta Elías que decía: «Así dice Yahveh, Dios de tu padre David: Por cuanto no has seguido el camino de Josafat, tu padre, ni el camino de Asá, rey de Judá,
sino que has seguido el camino de los reyes de Israel, y has hecho que se prostituyan Judá y los habitantes de Jerusalén, como se prostituyó la casa de Acab, y además has matado a tus hermanos, a los de la casa de tu padre, que eran mejores que tú,
he aquí que Yahveh va a herir a tu pueblo, a tus hijos, a tus mujeres y a toda tu hacienda con una gran plaga,
y tú con una grave enfermedad, con un mal de vientre, hasta que éste se vaya saliendo día tras día.»
Yahveh excitó contra Joram el espíritu de los filisteos y de los árabes vecinos a los etíopes.
Subieron contra Judá, invadieron el país, saquearon toda la hacienda que se halló en la casa del rey, y también a sus hijos y mujeres, de modo que no le quedó otro hijo que Joacaz, el más pequeño.
Después de todo esto, Yahveh le hirió con un mal de vientre incurable.
Pasaron días y días, y al cumplirse el segundo año, sus intestinos se le salieron a causa de la enfermedad, y murió en medio de terribles dolores. Su pueblo no encendió fuego en su honor, como lo había hecho con sus padres.
Tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. Se fue sin dejar de sí añoranza, y le sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.