El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).
2 Crónicas
Capítulo 24 — Reforma del Templo bajo Joás
Tenía Joás siete años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años en Jerusalén. Su madre se llamaba Siba, de Berseba.
Joás hizo lo recto a los ojos de Yahveh todos los días del sacerdote Joiadá.
Joiadá tomó para él dos mujeres, y Joás engendró hijos e hijas.
Después de esto, Joás decidió restaurar la Casa de Yahveh.
Reunió a los sacerdotes y levitas y les dijo: «Salid por las ciudades de Judá y recoged de todo Israel dinero cada año para reparar la Casa de vuestro Dios; y hacedlo con diligencia.» Pero los levitas no lo hicieron con prontitud.
El rey llamó al sumo sacerdote Joiadá y le dijo: «¿Por qué no has exigido de los levitas que traigan de Judá y de Jerusalén la contribución ordenada por Moisés, siervo de Yahveh, y por la asamblea de Israel, para la Tienda del Testimonio?»
Porque la impía Atalía y sus hijos habían forzado la Casa de Dios, y también habían empleado todas las cosas sagradas de la Casa de Yahveh para los baales.
Mandó el rey que hicieran un cofre, y lo pusieron fuera, a la puerta de la Casa de Yahveh.
Y se pregonó en Judá y en Jerusalén que trajeran a Yahveh la contribución ordenada por Moisés, siervo de Dios, para Israel en el desierto.
Todos los jefes y todo el pueblo se alegraron, trajeron su contribución y la echaron en el cofre hasta llenarlo.
Cuando llegaba el momento de entregar el cofre por medio de los levitas al control del rey, viendo que había mucho dinero, venía el secretario del rey y el delegado del sumo sacerdote, vaciaban el cofre, y lo volvían a su lugar. Así hacían día tras día, y juntaron dinero en abundancia.
El rey y Joiadá lo daban a los que realizaban los trabajos del servicio de la Casa de Yahveh, que alquilaban canteros y carpinteros para restaurar la Casa de Yahveh, y también a los que trabajaban el hierro y el bronce para reparar la Casa de Yahveh.
Los obreros trabajaron, y la obra de reparación progresó en sus manos; restauraron la Casa de Dios conforme a su modelo, y la consolidaron.
Cuando terminaron, llevaron ante el rey y ante Joiadá el resto del dinero, e hicieron con él utensilios para la Casa de Yahveh, utensilios para el servicio y para los holocaustos, copas y otros objetos de oro y plata. Mientras vivió Joiadá, se ofrecieron continuamente holocaustos en la Casa de Yahveh.
Joiadá llegó a viejo, lleno de días, y murió. Tenía ciento treinta años cuando murió.
Le sepultaron en la ciudad de David con los reyes, porque había hecho el bien en Israel, para con Dios y su Casa.
Después de la muerte de Joiadá, vinieron los jefes de Judá, se postraron ante el rey, y el rey les escuchó.
Abandonaron la Casa de Yahveh, Dios de sus padres, y sirvieron a las culebras y a los ídolos. Entonces la ira de Dios cayó sobre Judá y Jerusalén por esta su culpa.
Les envió profetas para que les volvieran a Yahveh; ellos les conjuraron, pero no les escucharon.
El espíritu de Dios vino sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joiadá, que se puso en pie sobre el pueblo y les dijo: «Así dice Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Yahveh? No prosperaréis. Por cuanto habéis abandonado a Yahveh, él os abandonará a vosotros.»
Ellos conspiraron contra él y, por orden del rey, le apedrearon en el atrio de la Casa de Yahveh.
El rey Joás no se acordó de la fidelidad que Joiadá, padre de Zacarías, había tenido con él, y mató a su hijo. Y éste, al morir, dijo: «¡Mírelo Yahveh y pida cuentas!»
Al cumplirse el año, subió contra Joás el ejército de Aram. Vinieron contra Judá y Jerusalén, eliminaron del pueblo a todos los jefes, y enviaron todo el botín al rey de Damasco.
Aunque el ejército de Aram había venido con poca gente, Yahveh entregó en sus manos un ejército muy numeroso, porque habían abandonado a Yahveh, el Dios de sus padres. Así ejecutaron la sentencia contra Joás.
Cuando se retiraron, dejándole malherido, sus siervos conspiraron contra él por la sangre del hijo del sacerdote Joiadá, y le mataron en su lecho. Murió, pues, y le sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.
Los que conspiraron contra él fueron Zabad, hijo de Simat, la ammonita, y Jozabad, hijo de Simrit, la moabita.
En cuanto a sus hijos, la gran carga profética contra él, y la restauración de la Casa de Dios, está escrito en la historia del libro de los Reyes. Reinó en su lugar su hijo Amasías.