El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).
2 Crónicas
Capítulo 29 — Ezequías purifica el Templo
Ezequías comenzó a reinar a los veinticinco años, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Abías, hija de Zacarías.
Hizo lo recto a los ojos de Yahveh, conforme a todo lo que había hecho su padre David.
El año primero de su reinado, el mes primero, abrió las puertas de la Casa de Yahveh y las reparó.
Hizo venir a los sacerdotes y levitas, y los reunió en la plaza oriental.
Y les dijo: «Escuchadme, levitas: Santificaos ahora, y santificad la Casa de Yahveh, Dios de vuestros padres, y sacad del santuario la impureza.
Porque nuestros padres han prevaricado, han hecho lo malo a los ojos de Yahveh nuestro Dios, le han abandonado, han apartado su rostro de la Morada de Yahveh, y le han vuelto la espalda.
Han cerrado también las puertas del pórtico, han apagado las lámparas, no han quemado incienso ni ofrecido holocaustos en el santuario al Dios de Israel.
Por eso la ira de Yahveh ha caído sobre Judá y Jerusalén, y los ha entregado al escarnio, asombro y burla, como veis con vuestros ojos.
He aquí que nuestros padres han caído a espada, y nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres han sido llevados cautivos por todo esto.
Ahora, pues, yo he decidido hacer alianza con Yahveh, Dios de Israel, para que se aparte de nosotros el ardor de su ira.
Hijos míos, no seáis ya negligentes, porque Yahveh os ha elegido para que estéis delante de él y le sirváis, para que seáis sus ministros y le ofrezcáis incienso.»
Entonces se levantaron los levitas: Majat, hijo de Amasay, Joel, hijo de Azarías, de los hijos de Quehat; de los hijos de Merarí: Cis, hijo de Abdí, Azarías, hijo de Jehalelel; de los gersonitas: Joaj, hijo de Zimá, y Edén, hijo de Joaj;
de los hijos de Elisafán: Simrí y Jeiel; de los hijos de Asaf: Zacarías y Matanías;
de los hijos de Hemán: Jehiel y Simei; de los hijos de Jedutún: Semaías y Uzziel.
Estos reunieron a sus hermanos, se santificaron, y siguiendo la orden del rey, conforme a las palabras de Yahveh, entraron a purificar la Casa de Yahveh.
Los sacerdotes entraron en el interior de la Casa de Yahveh para purificarla, y sacaron todas las impurezas que encontraron en el Santuario de Yahveh al atrio de la Casa de Yahveh; luego los levitas las recogieron para sacarlas fuera, al torrente Cedrón.
Comenzaron la purificación el día primero del mes primero; al día octavo del mes llegaron al pórtico de Yahveh; luego purificaron la Casa de Yahveh en ocho días, y terminaron el día decimosexto del mes primero.
Fueron luego al interior donde estaba el rey Ezequías y le dijeron: «Hemos purificado toda la Casa de Yahveh, el altar de los holocaustos con todos sus utensilios, y la mesa de la proposición con todos sus utensilios.
Hemos restablecido y purificado todos los utensilios que el rey Acaz, durante su reinado, había desechado por su impiedad; ahora están delante del altar de Yahveh.»
El rey Ezequías se levantó de mañana, reunió a los jefes de la ciudad y subió a la Casa de Yahveh.
Trajeron siete novillos, siete carneros, siete corderos y siete machos cabríos como expiación por el reino, por el santuario y por Judá. Mandó a los sacerdotes, hijos de Aarón, que los ofrecieran sobre el altar de Yahveh.
Degollaron los bueyes, y los sacerdotes recibieron la sangre y la rociaron sobre el altar; degollaron los carneros y rociaron la sangre sobre el altar; degollaron los corderos y rociaron la sangre sobre el altar.
Luego hicieron acercar los machos cabríos de la expiación ante el rey y la asamblea, y ellos impusieron sus manos sobre ellos.
Los sacerdotes los degollaron y con su sangre hicieron la expiación sobre el altar para expiar a todo Israel, porque el rey había mandado el holocausto y la expiación por todo Israel.
Puso a los levitas en la Casa de Yahveh con címbalos, arpas y cítaras, según la ordenación de David, de Gad, vidente del rey, y del profeta Natán, porque esta orden venía de Yahveh por medio de sus profetas.
Los levitas estaban con los instrumentos de David, y los sacerdotes con las trompetas.
Entonces Ezequías mandó ofrecer el holocausto sobre el altar; y al comenzar el holocausto, comenzó también el cántico de Yahveh con las trompetas y los instrumentos de David, rey de Israel.
Toda la asamblea se postró, mientras el cántico resonaba y las trompetas sonaban, todo ello hasta que se consumió el holocausto.
Cuando terminaron de ofrecer, el rey y todos los presentes se postraron y adoraron.
El rey Ezequías y los jefes ordenaron a los levitas que alabaran a Yahveh con las palabras de David y de Asaf, el vidente. Ellos alabaron llenos de gozo, y se postraron y adoraron.
Entonces Ezequías tomó la palabra y dijo: «Ahora que habéis quedado investidos del sacerdocio de Yahveh, acercaos y traed sacrificios y ofrendas de alabanza a la Casa de Yahveh.» La asamblea trajo sacrificios y ofrendas de alabanza, y todo generoso de corazón trajo holocaustos.
El número de los holocaustos que la asamblea trajo fue de 70 bueyes, 100 carneros y 200 corderos; todo ello para el holocausto de Yahveh.
Las ofrendas consagradas fueron 600 bueyes y 3.000 ovejas.
Pero los sacerdotes eran pocos, y no bastaban para desollar todos los holocaustos; por eso sus hermanos los levitas les ayudaron hasta terminar la obra, hasta que se hubieron santificado los demás sacerdotes, porque los levitas se habían santificado con más sinceridad que los sacerdotes.
Hubo, además, muchos holocaustos, con las grasas de los sacrificios de comunión y las libaciones para los holocaustos. Así quedó restablecido el servicio de la Casa de Yahveh.
Ezequías y todo el pueblo se alegraron de lo que Dios había hecho en favor del pueblo, porque la cosa se había hecho de repente.