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El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).

2 Crónicas

Capítulo 30 — Celebración de la Pascua

1

Ezequías envió a todo Israel y Judá, y escribió también cartas a Efraím y Manasés, para que vinieran a la Casa de Yahveh en Jerusalén a celebrar la Pascua de Yahveh, Dios de Israel.

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El rey, sus jefes y toda la asamblea de Jerusalén acordaron celebrar la Pascua el segundo mes,

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porque no habían podido celebrarla entonces, pues los sacerdotes no se habían santificado suficientemente, y el pueblo no estaba aún reunido en Jerusalén.

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La propuesta agradó al rey y a toda la asamblea.

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Decidieron, pues, promulgar un edicto por todo Israel, desde Berseba hasta Dan, para que vinieran a celebrar la Pascua de Yahveh, Dios de Israel, en Jerusalén, porque no la celebraban como estaba escrito.

6

Los correos fueron con las cartas del rey y de sus jefes por todo Israel y Judá, llevando la orden real: «Hijos de Israel, volveos a Yahveh, Dios de Abraham, Isaac e Israel, para que él se vuelva a vosotros, al resto que ha escapado de las manos de los reyes de Asiria.

7

No seáis como vuestros padres y vuestros hermanos, que prevaricaron contra Yahveh, Dios de sus padres, y él los entregó a la desolación, como veis.

8

No endurezcáis ahora vuestra cerviz como vuestros padres; prestad la mano a Yahveh, venid a su santuario que él santificó para siempre, y servid a Yahveh vuestro Dios, para que se aparte de vosotros el ardor de su ira.

9

Si os volvéis a Yahveh, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán compasión ante sus captores, y volverán a esta tierra, porque Yahveh vuestro Dios es clemente y misericordioso, y no apartará de vosotros su rostro, si os volvéis a él.»

10

Los correos pasaron de ciudad en ciudad por el país de Efraím y Manasés, hasta Zabulón, pero la gente se burlaba de ellos y se reía de ellos.

11

Sin embargo, algunos de Aser, de Manasés y de Zabulón se humillaron y vinieron a Jerusalén.

12

También en Judá la mano de Dios actuó para darles un mismo corazón a fin de cumplir la orden del rey y de los jefes, conforme a la palabra de Yahveh.

13

Se reunió en Jerusalén mucha gente para celebrar la fiesta de los Ázimos en el segundo mes, una asamblea muy numerosa.

14

Se levantaron y quitaron los altares que había en Jerusalén; y todos los altares de incienso los quitaron y los echaron al torrente Cedrón.

15

Degollaron luego la Pascua el día catorce del segundo mes. Los sacerdotes y los levitas, llenos de confusión, se santificaron, y trajeron holocaustos a la Casa de Yahveh.

16

Ocuparon sus puestos según su regla, conforme a la Ley de Moisés, hombre de Dios. Los sacerdotes rociaban la sangre que recibían de manos de los levitas.

17

Como muchos de la asamblea no se habían santificado, los levitas degollaban las víctimas pascuales por todo aquel que no estaba limpio, para santificarlas a Yahveh.

18

Porque una gran parte del pueblo, muchos de Efraím, Manasés, Isacar y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la Pascua sin estar como estaba escrito. Pero Ezequías oró por ellos diciendo: «Yahveh, que es bueno, perdone a todo aquel

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que ha dispuesto su corazón para buscar a Yahveh, el Dios de sus padres, aunque no lo haya hecho según la pureza del santuario.»

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Yahveh escuchó a Ezequías y perdonó al pueblo.

21

Los israelitas que se hallaban en Jerusalén celebraron la fiesta de los Ázimos durante siete días con gran alegría, mientras los levitas y los sacerdotes alababan a Yahveh cada día con todos sus instrumentos.

22

Ezequías habló al corazón de todos los levitas, muy entendidos en el servicio de Yahveh. Comieron durante la fiesta los siete días, ofreciendo sacrificios de comunión y alabando a Yahveh, Dios de sus padres.

23

Toda la asamblea acordó celebrar otros siete días, y celebraron siete días con alegría.

24

Ezequías, rey de Judá, dio a la asamblea 1.000 novillos y 7.000 ovejas; los jefes dieron a la asamblea 1.000 novillos y 10.000 ovejas; y muchos sacerdotes se santificaron.

25

Toda la asamblea de Judá, los sacerdotes y los levitas, toda la asamblea que había venido de Israel, los extranjeros venidos del país de Israel y los que residían en Judá, se llenaron de alegría.

26

Hubo gran alegría en Jerusalén, cual no la había habido desde los días de Salomón, hijo de David, rey de Israel.

27

Los sacerdotes levitas se levantaron y bendijeron al pueblo; su voz fue oída, y su oración llegó a la santa morada de Yahveh, hasta el cielo.

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