El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).
2 Crónicas
Capítulo 33 — Manasés, rey de Judá
Tenía Manasés doce años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén.
Hizo lo malo a los ojos de Yahveh, según las abominaciones de las naciones que Yahveh había desposeído delante de los israelitas.
Reedificó los altos que su padre Ezequías había derribado, erigió altares a los baales, hizo culebras, y se postró ante todo el ejército de los cielos y les sirvió.
Edificó altares en la Casa de Yahveh, de la que Yahveh había dicho: «En Jerusalén estará mi Nombre para siempre.»
Edificó altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la Casa de Yahveh.
Hizo pasar a sus hijos por el fuego en el valle de Ben Hinom; observaba los nubarrones, practicaba la adivinación y la magia; instituyó encantadores y adivinos. Hizo mucho mal a los ojos de Yahveh, provocándole a ira.
Colocó la imagen del ídolo que había hecho en la Casa de Dios, de la que Dios había dicho a David y a su hijo Salomón: «En esta Casa y en Jerusalén, que he elegido entre todas las tribus de Israel, pondré mi Nombre para siempre;
y no haré más errar a Israel fuera de la tierra que he señalado a vuestros padres, con tal que tengan cuidado de poner por obra todo lo que yo les he mandado, toda la Ley, los preceptos y las ordenanzas por medio de Moisés.»
Manasés extravió a Judá y a los habitantes de Jerusalén, hasta el punto de hacerles peor que las naciones que Yahveh había destruido delante de los israelitas.
Yahveh habló a Manasés y a su pueblo, pero no hicieron caso.
Entonces Yahveh trajo contra ellos a los jefes del ejército del rey de Asiria, los cuales prendieron a Manasés con grilletes, le ataron con cadenas de bronce y se lo llevaron a Babilonia.
Pero en su angustia suplicó a Yahveh su Dios y se humilló profundamente ante el Dios de sus padres.
Le hizo oración, y Yahveh se dejó aplacar por él, oyó su súplica y le hizo volver a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Yahveh es Dios.
Después de esto, edificó una muralla exterior a la ciudad de David, al oeste de Guijón, en el valle, hasta la puerta del Pescado, y rodeó el Ofel, y la hizo muy alta. Puso jefes del ejército en todas las ciudades fortificadas de Judá.
Quitó de la Casa de Yahveh los dioses extranjeros y el ídolo, y todos los altares que había edificado en el monte de la Casa de Yahveh y en Jerusalén, y los arrojó fuera de la ciudad.
Restauró el altar de Yahveh, ofreció sobre él sacrificios de comunión y de alabanza, y mandó a Judá que sirviera a Yahveh, Dios de Israel.
Sin embargo, el pueblo seguía sacrificando en los altos, aunque sólo a Yahveh su Dios.
Los demás hechos de Manasés, su oración a su Dios, y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de Yahveh, Dios de Israel, están en la historia de los reyes de Israel.
Su oración y cómo fue escuchado, todos sus pecados y su infidelidad, los lugares donde edificó altos y erigió culebras e imágenes antes de humillarse, están escritos en la historia de los videntes.
Manasés se acostó con sus padres, y le sepultaron en su casa. Reinó en su lugar su hijo Amón.
Tenía Amón veintidós años cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén.
Hizo lo malo a los ojos de Yahveh, como su padre Manasés. Ofreció sacrificios a todas las imágenes que había hecho su padre Manasés, y les sirvió.
No se humilló delante de Yahveh, como se había humillado su padre Manasés, sino que él, Amón, aumentó su culpa.
Sus servidores conspiraron contra él y le mataron en su casa.
Pero el pueblo del país dio muerte a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y proclamó rey en su lugar a su hijo Josías.