El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).
2 Crónicas
Capítulo 6 — Oración de Salomón
Entonces dijo Salomón: «Yahveh ha decidido habitar en la nube oscura.
Yo te he edificado una Casa excelente, como lugar donde habites para siempre.»
Y volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la asamblea de Israel, mientras toda la asamblea de Israel estaba en pie.
Dijo: «Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, que ha hablado por su boca con mi padre David y por sus manos ha cumplido lo que dijo:
Desde el día que saqué a mi pueblo de Egipto, no elegí ciudad alguna entre todas las tribus de Israel para edificar una Casa donde residiera mi Nombre, ni tampoco elegí a ningún hombre para ser jefe de mi pueblo Israel;
pero he elegido a Jerusalén para que resida en ella mi Nombre, y a David para que gobierne a mi pueblo Israel.
Mi padre David tuvo el deseo de edificar una Casa al Nombre de Yahveh, Dios de Israel.
Pero Yahveh dijo a mi padre David: "Por cuanto has pensado en edificar una Casa a mi Nombre, bien has hecho en pensarlo,
pero no serás tú quien edifique la Casa; sino que tu hijo, nacido de tus entrañas, él edificará la Casa a mi Nombre.
Yahveh ha cumplido la palabra que había dicho: yo he sucedido a mi padre David y me he sentado en el trono de Israel, como Yahveh había dicho, y he edificado la Casa al Nombre de Yahveh, Dios de Israel.
Allí he puesto el arca en la que está la alianza de Yahveh, alianza que él hizo con los israelitas.»
Se puso en pie delante del altar de Yahveh, frente a toda la asamblea de Israel, y extendió sus manos.
Pues Salomón había hecho una tribuna de bronce, de 5 codos de larga, 5 de ancha y 3 de alta, y la había puesto en medio del atrio. Subió en ella, se puso de rodillas ante toda la asamblea de Israel, extendió sus manos al cielo,
y dijo: «¡Oh Yahveh, Dios de Israel! No hay Dios como tú, ni en el cielo ni en la tierra, que guardas la alianza y la misericordia con tus siervos que caminan ante ti de todo corazón.
Tú has guardado a tu siervo David, mi padre, lo que le habías prometido; lo que dijiste por tu boca lo has cumplido hoy con tu mano.
Ahora, pues, Yahveh, Dios de Israel, guarda a tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste diciendo: "No te faltará nunca un descendiente que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su conducta, andando según mi ley, como has andado tú delante de mí."
Ahora, pues, ¡oh Yahveh, Dios de Israel, cúmplase la promesa que hiciste a tu siervo David!
«Pero ¿es verdad que Dios habita con los hombres en la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener, ¡cuánto menos esta Casa que yo he edificado!
Atiende, pues, a la oración de tu siervo y a su súplica, Yahveh, Dios mío, escuchando el clamor y la oración que tu siervo eleva ante ti.
Estén abiertos tus ojos día y noche hacia esta Casa, hacia el lugar donde dijiste que pondrías tu Nombre; escucha la oración que tu siervo eleva en este lugar.
Escucha las súplicas de tu siervo y de tu pueblo Israel cuando oren en este lugar; escúchalos desde el lugar de tu morada, desde el cielo, y perdona.
«Si un hombre peca contra su prójimo y se le exige juramento, y él viene a jurar delante de tu altar en esta Casa,
tú, escúchalo desde el cielo, actúa y juzga a tus siervos, devolviendo la condena al culpable, haciendo recaer su conducta sobre su cabeza, y dando la absolución al inocente, tratándole conforme a su inocencia.
«Si tu pueblo Israel es derrotado por el enemigo por haber pecado contra ti, y ellos se convierten y alaban tu Nombre, y te hacen oración y súplica en esta Casa,
tú, escúchalo desde el cielo, perdona el pecado de tu pueblo Israel, y hazlos volver a la tierra que diste a ellos y a sus padres.
«Cuando se cierren los cielos y no haya lluvia por haber pecado contra ti, si oran en este lugar, alaban tu Nombre, y se convierten de su pecado, porque tú los afligiste,
tú, escúchalo desde el cielo, perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el camino bueno por el que deben andar, y envía la lluvia sobre tu tierra, que diste en heredad a tu pueblo.
«Si hay hambre en el país, si hay peste, tizón, añublo, langosta, pulgón; si son sitiados por sus enemigos en el país de sus ciudades; cualquier plaga o enfermedad que sea,
toda oración y toda súplica que haga cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, reconociendo cada cual su plaga y su dolor, y extendiendo sus manos hacia esta Casa,
tú, escúchalo desde el cielo, desde el lugar de tu morada, y perdona, y da a cada cual conforme a su conducta, pues conoces su corazón (sólo tú conoces el corazón de los hijos de los hombres),
para que te teman y anden por tus caminos todos los días que vivan sobre la superficie de la tierra que diste a nuestros padres.
«También al extranjero que no sea de tu pueblo Israel, si viene de lejanas tierras a causa de tu gran Nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido, y viene y ora en esta Casa,
tú, escúchalo desde el cielo, desde el lugar de tu morada, y haz todo lo que te pida el extranjero, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu Nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y sepan que tu Nombre es invocado sobre esta Casa que he edificado.
«Cuando tu pueblo salga a la guerra contra sus enemigos por el camino que tú les envíes, y te hagan oración vuelto hacia esta ciudad que tú has elegido y hacia la Casa que he edificado a tu Nombre,
tú, escucha desde el cielo su oración y su súplica, y hazles justicia.
«Si pecan contra ti (pues no hay hombre que no peque), y airado contra ellos, los entregas al enemigo, de modo que los lleven cautivos a una tierra lejana o cercana,
si en el país a donde fueron llevados cautivos recapacitan, se convierten y te suplican en el país de su cautiverio, diciendo: "Hemos pecado, hemos obrado mal, hemos sido culpables",
si se convierten a ti de todo corazón y de toda su alma en el país de su cautiverio adonde fueron llevados, y oran vueltos hacia su país que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tú has elegido y hacia la Casa que he edificado a tu Nombre,
tú, escucha desde el cielo, desde el lugar de tu morada, su oración y sus súplicas, hazles justicia y perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti.
«¡Oh Dios mío! Estén, te ruego, tus ojos abiertos y tus oídos atentos a la oración hecha en este lugar.
Levántate, pues, Yahveh Dios, hacia tu lugar de reposo, tú y el arca de tu poder. Que tus sacerdotes, oh Yahveh Dios, se vistan de salvación, y tus fieles gocen de la felicidad.
¡Oh Yahveh Dios, no rechaces el rostro de tu ungido! Recuerda las bondades prometidas a David, tu siervo.»