El libro de las Crónicas (originalmente un solo libro) fue escrito después del exilio babilónico, posiblemente por Esdras, con el propósito de unificar al pueblo restaurado alrededor del Templo de Jerusalén y la dinastía davídica. A diferencia del libro de los Reyes, que juzga a los reyes desde una perspectiva profética, Crónicas los presenta desde una perspectiva sacerdotal y davídica, omitiendo los pecados de David y Salomón para enfatizar la gloria del Templo y la fidelidad de Judá. Es canónico en todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en la Biblia hebrea es el último libro de la sección de los 'Ketuvim' (Escritos).
2 Crónicas
Capítulo 9 — Visita de la reina de Saba
La reina de Saba oyó la fama de Salomón, y vino a Jerusalén para probar a Salomón con enigmas, con un séquito muy numeroso, camellos cargados de aromas, oro en gran abundancia y piedras preciosas. Llegada donde Salomón, expuso ante él todo cuanto ella tenía en su corazón.
Salomón le respondió a todas sus preguntas; no hubo nada que Salomón no pudiera explicarle.
Cuando la reina de Saba vio la sabiduría de Salomón, la casa que había edificado,
los manjares de su mesa, el alojamiento de sus servidores, el servicio de sus ministros y sus vestiduras, sus coperos y sus vestiduras, y las gradas por donde subía a la Casa de Yahveh, se quedó sin aliento.
Y dijo al rey: «Era verdad lo que oí en mi tierra acerca de tus palabras y de tu sabiduría,
pero no lo creía hasta que he venido y mis ojos lo han visto. ¡Ni la mitad de la grandeza de tu sabiduría me había sido contada! ¡Tú superas la fama que yo había oído!
¡Felices tus mujeres, felices esos servidores tuyos que están siempre delante de ti y oyen tu sabiduría!
Bendito sea Yahveh tu Dios, que se ha complacido en ti para ponerte sobre su trono como rey de Yahveh tu Dios. Por amor de Israel, su pueblo, para mantenerlo perpetuamente, te ha hecho rey para que ejerzas el derecho y la justicia.»
Luego regaló al rey 120 talentos de oro, gran cantidad de aromas y piedras preciosas. No hubo aromas como los que la reina de Saba regaló al rey Salomón.
También los siervos de Jiram y los de Salomón, que trajeron oro de Ofir, trajeron madera de sándalo y piedras preciosas.
El rey hizo de la madera de sándalo escaleras para la Casa de Yahveh y para la casa real, y cítaras y arpas para los cantores. Nunca se había visto madera semejante en la tierra de Judá.
El rey Salomón dio a la reina de Saba todo lo que ella quiso y le pidió, más lo que le había traído como obsequio real. Después ella se volvió y regresó a su tierra con sus servidores.
El peso del oro que llegaba a Salomón cada año era de 666 talentos de oro,
sin contar lo de los mercaderes y los tratantes; todos los reyes de Arabia y los gobernadores del país traían también oro y plata a Salomón.
El rey Salomón hizo 200 escudos grandes de oro batido, empleando 600 siclos de oro batido en cada escudo,
y 300 escudos pequeños de oro batido, empleando 300 siclos de oro en cada escudo. El rey los puso en la Casa del Bosque del Líbano.
El rey hizo también un gran trono de marfil, y lo revistió de oro puro.
Tenía el trono seis gradas y un estrado de oro; había brazos a uno y otro lado del asiento, y dos leones junto a los brazos.
Doce leones estaban allí sobre las seis gradas, a uno y otro lado. No se había hecho nada igual en ningún reino.
Todas las vasijas de beber del rey Salomón eran de oro, y toda la vajilla de la Casa del Bosque del Líbano era de oro fino; nada era de plata, porque en tiempo de Salomón la plata no contaba como cosa de valor.
Porque el rey tenía naves que iban a Tarsis con los siervos de Jiram; cada tres años llegaban las naves de Tarsis cargadas de oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
El rey Salomón superó en riqueza y en sabiduría a todos los reyes de la tierra.
Todos los reyes de la tierra procuraban ver a Salomón para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón.
Cada uno traía su tributo: objetos de plata y de oro, vestidos, armas, aromas, caballos y mulos, año tras año.
Salomón tenía 4.000 establos para caballos y carros, y 12.000 caballos, que había puesto en las ciudades de los carros y junto al rey en Jerusalén.
Dominaba sobre todos los reyes desde el Río hasta el país de los filisteos y la frontera de Egipto.
El rey hizo que la plata fuese tan abundante en Jerusalén como las piedras, y los cedros como los sicómoros de la Tierra Baja.
Traían caballos para Salomón de Egipto y de todos los países.
Los demás hechos de Salomón, los primeros y los últimos, ¿no están escritos en las palabras del profeta Natán, en la profecía de Ajías de Silo, y en las visiones de Yedó el vidente acerca de Jeroboán, hijo de Nabat?
Reinó Salomón en Jerusalén sobre todo Israel cuarenta años.
Luego Salomón se acostó con sus padres y le sepultaron en la ciudad de David, su padre. Reinó en su lugar su hijo Roboán.