El Libro de Enoc es un texto apocalíptico judío del período del Segundo Templo, tradicionalmente atribuido a Enoc, bisabuelo de Noé. Aunque excluido del canon de la mayoría de las tradiciones cristianas y judías, es considerado canónico por la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo). Fragmentos arameos del libro fueron encontrados entre los Manuscritos del Mar Muerto en Qumrán. La traducción aquí utilizada es una versión en español basada en la edición académica de R.H. Charles (1917) de la Oxford University Press.
Enoc
Capítulo 100 — Los Pecadores se destruyen unos a otros: Juicio de los Ángeles Caídos: la Seguridad de los Justos: más Ayes para los Pecadores.
Y en aquellos días, en un solo lugar, los padres juntamente con sus hijos serán heridos Y hermanos con hermanos caerán en muerte Hasta que los arroyos corran con su sangre.
Pues un hombre no refrenará su mano de matar a sus hijos y a los hijos de sus hijos, Y el pecador no refrenará su mano de su honrado hermano: Desde el amanecer hasta el ponerse del sol se matarán unos a otros.
Y el caballo andará hasta el pecho en la sangre de los pecadores, Y la carruaje quedará sumergida hasta su altura.
En aquellos días los ángeles descenderán a los lugares secretos Y reunirán en un solo lugar a todos aquellos que trajeron el pecado Y el Altísimo se levantará en aquel día del juicio Para ejecutar gran juicio entre los pecadores.
Y sobre todos los justos y santos Él designará guardas de entre los santos ángeles Para guardarlos como a la niña de los ojos, Hasta que Él haga un fin de toda la impiedad y de todo el pecado, Y aunque los justos duerman un largo sueño, no tienen nada que temer.
Y (entonces) los hijos de la tierra verán a los sabios en seguridad, Y comprenderán todas las palabras de este libro, Y reconocerán que sus riquezas no podrán salvarles En el derrocamiento de sus pecados.
Ay de vosotros, Pecadores, en el día de la fuerte angustia, Vosotros que afligís a los justos y los quemáis con fuego: Seréis retribuidos según vuestras obras.
Ay de vosotros, obstinados de corazón, Que veláis para maquinar la impiedad: Por tanto el temor vendrá sobre vosotros Y no habrá nadie para ayudaros.
Ay de vosotros, pecadores, a causa de las palabras de vuestra boca, Y a causa de las acciones de vuestras manos que vuestra impiedad ha obrado, En llamas ardientes, ardiendo peor que fuego, arderéis.
Y ahora, sabed que de los ángeles Él inquirirá cuanto a vuestras acciones en el cielo, del sol y de la luna y de las estrellas acerca de vuestros pecados, porque sobre la tierra ejecutáis juicio sobre los justos.
Y Él convocará para testificar contra vosotros toda nube y niebla y rocío y lluvia; pues todos serán retenidos a causa de vosotros de descender sobre vosotros, y ellos se acordarán de vuestros pecados.
Y ahora dad presentes a la lluvia para que no sea retenida de descender sobre vosotros, ni aún el rocío, cuando hubiere recibido oro y plata de vosotros para que descienda.
Cuando la escarcha y la nieve con su frío, y todas las tempestades de nieve con todas sus plagas cayeren sobre vosotros, en aquellos días no podréis permanecer delante de ellas.