El Libro de Enoc es un texto apocalíptico judío del período del Segundo Templo, tradicionalmente atribuido a Enoc, bisabuelo de Noé. Aunque excluido del canon de la mayoría de las tradiciones cristianas y judías, es considerado canónico por la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo). Fragmentos arameos del libro fueron encontrados entre los Manuscritos del Mar Muerto en Qumrán. La traducción aquí utilizada es una versión en español basada en la edición académica de R.H. Charles (1917) de la Oxford University Press.
Enoc
Capítulo 18
Vi los tesoros de todos los vientos; vi cómo Él los había provisto a toda la creación y a los firmes fundamentos de la tierra.
Y vi la piedra angular de la tierra: vi los cuatro vientos que soportan [la tierra y] el firmamento del cielo.
Y vi cómo los vientos extienden las bóvedas del cielo, y tienen su estación entre el cielo y la tierra: estos son los pilares del cielo.
Vi los vientos del cielo que giran y traen la circunferencia del sol y todas las estrellas a su ocaso.
Vi los vientos sobre la tierra que cargan las nubes: vi "los caminos de los ángeles: vi" en el fin de la tierra el firmamento del cielo arriba.
Y proseguí y vi un lugar que ardía día y noche, donde hay siete montañas de magníficas piedras, tres en dirección al oriente, y tres en dirección al sur.
Y cuanto a las que están en dirección al oriente (una) era de piedra coloreada, y una de perla, y una de jacinto, y las que están en dirección al sur de piedra roja.
Mas la del medio llegaba al cielo como el trono de Dios, de alabastro, y la cumbre del trono era de zafiro.
Y vi un fuego flameante. Y más allá de estas montañas
hay una región, el fin de la gran tierra: allí los cielos fueron completados.
Y vi un profundo abismo, con columnas "de fuego celestial, y entre ellas vi columnas" de fuego caer, que eran más allá de la medida igualmente en dirección a la altura y en dirección a la profundidad.
Y más allá de aquel abismo vi un lugar que no tenía firmamento del cielo arriba, y ninguna tierra firmemente fundada debajo de él: no había agua sobre él, y ningunas aves, sino que era un lugar desolado y horrible.
Vi allí siete estrellas como grandes montañas ardientes, y para mí, cuando indagué acerca de ellas,
El ángel dijo: 'Este lugar es el fin del cielo y de la tierra: este se ha tornado una prisión para las estrellas y el ejército del cielo.
Y las estrellas que ruedan sobre el fuego son aquellas que transgredieron el mandamiento del Señor en el principio de su ascensión, porque no salieron en sus tiempos determinados.
Y Él se airó con ellas, y las prendió hasta el tiempo en que su culpa fuera consumada (incluso) 'por diez mil años'.