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El Libro de Esdras narra el regreso de los exiliados judíos de Babilonia a Jerusalén bajo el liderazgo de Zorobabel y, posteriormente, del escriba Esdras. Describe la reconstrucción del Templo, los decretos de Ciro, Darío y Artajerjes, y las reformas religiosas implementadas por Esdras para restaurar la obediencia a la Ley de Moisés. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo.

1 Esdras (Esdras)

Capítulo 3

1

Llegado el mes séptimo, cuando los hijos de Israel ya estaban en sus ciudades, se reunió todo el pueblo como un solo hombre en Jerusalén.

2

Entonces se levantaron Jesúa, hijo de Josadac, y sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Salatiel, y sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés, el hombre de Dios.

3

Colocaron el altar sobre sus basas, pues tenían miedo de los pueblos de aquellas tierras, y ofrecieron sobre él holocaustos al Señor, holocaustos de la mañana y de la tarde.

4

Celebraron la fiesta de los Tabernáculos, como está escrito, y ofrecieron holocaustos diarios según el número prescrito para cada día,

5

y después el holocausto perpetuo, los sacrificios de las lunas nuevas y de todas las fiestas solemnes consagradas al Señor, y los de todos los que hacían ofrendas voluntarias al Señor.

6

Desde el primer día del mes séptimo comenzaron a ofrecer holocaustos al Señor, aunque los cimientos del templo del Señor no estaban todavía puestos.

7

Dieron dinero a los canteros y a los carpinteros, y alimentos, bebidas y aceite a los sidonios y a los tirios, para que trajeran madera de cedro del Líbano hasta el mar de Jope, conforme a la autorización que les había dado Ciro, rey de Persia.

8

El año segundo de su llegada a la Casa de Dios en Jerusalén, en el mes segundo, Zorobabel, hijo de Salatiel, Jesúa, hijo de Josadac, y los otros hermanos, los sacerdotes y los levitas, y todos los que habían vuelto del cautiverio a Jerusalén, comenzaron la obra, y encargaron a los levitas de veinte años arriba que dirigieran la obra de la Casa del Señor.

9

Jesúa, sus hijos y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, los hijos de Judá, se pusieron de acuerdo para dirigir a los obreros de la Casa de Dios, y también los hijos de Henadad, con sus hijos y sus hermanos los levitas.

10

Cuando los albañiles pusieron los cimientos del templo del Señor, se presentaron los sacerdotes con sus vestiduras y con trompetas, y los levitas, hijos de Asaf, con platillos, para alabar al Señor, según la ordenación de David, rey de Israel.

11

Cantaban alabanzas y acciones de gracias al Señor: «Porque es bueno, porque es eterna su misericordia sobre Israel.» Y todo el pueblo prorrumpió en grandes vítores, alabando al Señor, porque se ponían los cimientos de la Casa del Señor.

12

Muchos de los sacerdotes, levitas y cabezas de familia, ancianos que habían visto la Casa anterior, lloraban a grandes voces cuando ante sus ojos se ponían los cimientos de esta Casa, mientras muchos otros prorrumpían en vítores de alegría.

13

No se podía distinguir el clamor del júbilo de la voz del llanto del pueblo, porque el pueblo lanzaba grandes vítores, y el ruido se oía desde muy lejos.

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