El Libro de Esdras narra el regreso de los exiliados judíos de Babilonia a Jerusalén bajo el liderazgo de Zorobabel y, posteriormente, del escriba Esdras. Describe la reconstrucción del Templo, los decretos de Ciro, Darío y Artajerjes, y las reformas religiosas implementadas por Esdras para restaurar la obediencia a la Ley de Moisés. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo.
1 Esdras (Esdras)
Capítulo 8
Éstos son los cabezas de familia y la genealogía de los que subieron conmigo desde Babilonia, en el reinado del rey Artajerjes:
De los hijos de Fineés: Gersón. De los hijos de Itamar: Daniel. De los hijos de David: Hatús,
de los hijos de Secanías, de los hijos de Parós: Zacarías, y con él fueron registrados ciento cincuenta varones.
De los hijos de Pahat Moab: Elioenay, hijo de Zeraías, y con él doscientos varones.
De los hijos de Secanías: el hijo de Jahaziel, y con él trescientos varones.
De los hijos de Adín: Ébed, hijo de Jonatán, y con él cincuenta varones.
De los hijos de Elán: Isaías, hijo de Atalías, y con él setenta varones.
De los hijos de Sefatías: Zebadías, hijo de Micael, y con él ochenta varones.
De los hijos de Joab: Abdías, hijo de Jehiel, y con él doscientos dieciocho varones.
De los hijos de Selomit: el hijo de Josifías, y con él ciento sesenta varones.
De los hijos de Bebai: Zacarías, hijo de Bebai, y con él veintiocho varones.
De los hijos de Azgad: Johanán, hijo de Hacatán, y con él ciento diez varones.
De los hijos de Adonicán, los últimos, cuyos nombres son: Elifélet, Jeiel y Semaías, y con ellos sesenta varones.
De los hijos de Bigvai: Utai y Zabud, y con ellos setenta varones.
Los reuní junto al río que va a Ahava, y acampamos allí tres días; luego revisé al pueblo y a los sacerdotes, y no hallé allí a ninguno de los hijos de Leví.
Entonces envié a Eliezer, Ariel, Semaías, Elnatán, Jarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulán, principales, y a Joiarib y Elnatán, maestros,
y los envié a Idó, el jefe, en el lugar Casifia, y les puse palabras que decir a Idó y a sus hermanos, los sirvientes del templo, en el lugar Casifia, para que nos trajeran ministros para la Casa de nuestro Dios.
Como la bondadosa mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros, nos trajeron un hombre entendido, de los hijos de Mahli, hijo de Leví, hijo de Israel; y a Serebías, con sus hijos y sus hermanos: dieciocho;
y a Hasabías, y con él a Isaías, de los hijos de Merari, y a sus hermanos y sus hijos: veinte;
y de los sirvientes del templo, que David y los príncipes habían dado para el servicio de los levitas, doscientos veinte sirvientes del templo; todos ellos fueron inscritos por sus nombres.
Proclamé allí un ayuno junto al río Ahava, para humillarnos ante nuestro Dios, para pedirle un viaje próspero para nosotros, para nuestros hijos y para todos nuestros bienes.
Porque me daba vergüenza pedir al rey una escolta de soldados y jinetes que nos defendieran del enemigo en el camino, pues habíamos dicho al rey: «La mano de nuestro Dios está sobre todos los que le buscan, para bien; pero su poder y su ira contra todos los que le abandonan.»
Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios por esto, y él nos respondió favorablemente.
Luego aparté a doce de los jefes de los sacerdotes: a Serebías, Hasabías, y con ellos diez de sus hermanos;
y les pesé la plata, el oro y los utensilios, la ofrenda que para la Casa de nuestro Dios habían ofrecido el rey, sus consejeros, sus príncipes y todo Israel que allí se hallaba.
Pesé y entregué en su mano: seiscientos cincuenta talentos de plata, utensilios de plata por cien talentos, cien talentos de oro,
veinte copas de oro, de mil dracmas, y dos utensilios de bronce fino y brillante, preciosos como el oro.
Y les dije: «Vosotros estáis consagrados al Señor, y los utensilios son sagrados; la plata y el oro son una ofrenda voluntaria al Señor, Dios de vuestros padres.
Velad y guardadlos hasta que los peséis ante los jefes de los sacerdotes, levitas y cabezas de familia de Israel en Jerusalén, en las cámaras de la Casa del Señor.»
Los sacerdotes y los levitas recibieron el peso de la plata, el oro y los utensilios, para llevarlos a Jerusalén, a la Casa de nuestro Dios.
Partimos del río Ahava el día doce del mes primero, para ir a Jerusalén; y la mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros, y nos libró de la mano del enemigo y de los que nos tendían trampas en el camino.
Llegamos a Jerusalén, y allí descansamos tres días.
Al cuarto día, pesamos la plata, el oro y los utensilios en la Casa de nuestro Dios, en manos de Meremot, hijo de Urías, sacerdote; y con él estaba Eleazar, hijo de Fineés; y con ellos estaban Jozabad, hijo de Jesúa, y Noadías, hijo de Binúi, los levitas,
todo por número y por peso; y el peso total fue escrito en aquel mismo tiempo.
Los que habían vuelto del cautiverio, los deportados, ofrecieron holocaustos al Dios de Israel: doce novillos por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos, doce machos cabríos como sacrificio por el pecado; todo en holocausto al Señor.
Y entregaron los decretos del rey a los sátrapas del rey y a los gobernadores de Transeufratina, y ellos apoyaron al pueblo y a la Casa de Dios.