El Libro de Nehemías continúa la narración del regreso del exilio babilónico, centrándose en la reconstrucción de las murallas de Jerusalén bajo el liderazgo de Nehemías, copero del rey Artajerjes. El libro también describe las reformas religiosas y sociales implementadas por Nehemías en conjunción con Esdras, incluyendo la lectura pública de la Ley y la renovación de la alianza. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo.
2 Esdras (Nehemías)
Capítulo 13
Aquel día se leyó el libro de Moisés en presencia del pueblo, y se halló escrito en él: «El amonita y el moabita no entrarán jamás en la asamblea de Dios,
porque no salieron al encuentro de los hijos de Israel con pan y agua, y porque alquilaron contra ellos a Balaán para que los maldijera; pero nuestro Dios convirtió la maldición en bendición.»
Al oír la ley, separaron de Israel a todo mestizo.
Antes de esto, el sacerdote Eliasib, encargado de las cámaras de la Casa de nuestro Dios, pariente de Tobías,
había preparado para él una gran cámara, donde antes se guardaban las ofrendas, el incienso, los utensilios, los diezmos del trigo, del mosto y del aceite, que estaban ordenados para los levitas, cantores y porteros, y las ofrendas reservadas para los sacerdotes.
Durante todo este tiempo no estaba yo en Jerusalén, porque el año treinta y dos de Artajerjes, rey de Babilonia, volví adonde el rey. Pasados algunos días, pedí permiso al rey,
y volví a Jerusalén. Supe entonces el mal que Eliasib había hecho en beneficio de Tobías, preparándole una cámara en los atrios de la Casa de Dios.
Esto me disgustó mucho, y arrojé todos los muebles de la casa de Tobías fuera de la cámara.
Mandé que purificaran las cámaras, e hice volver a colocar allí los utensilios de la Casa de Dios, la ofrenda y el incienso.
Supe también que no se había dado a los levitas la porción correspondiente, y que los levitas y cantores encargados del servicio habían huido cada uno a su campo.
Reprendí a los magistrados y les dije: «¿Por qué está abandonada la Casa de Dios?» Los reuní y los restablecí en su puesto.
Entonces todo Judá trajo a los almacenes los diezmos del trigo, del mosto y del aceite.
Puse al frente de los almacenes al sacerdote Selemías, al escriba Sadoc, y a Pedaías, de los levitas, ayudados por Janán, hijo de Zacur, hijo de Matanías, porque eran tenidos por fieles; a ellos se les encargó repartir las porciones a sus hermanos.
«¡Acuérdate de mí, Dios mío, a causa de esto, y no borres las buenas obras que he hecho en la Casa de mi Dios y en su servicio!»
Por aquellos días vi en Judá a unos que pisaban el lagar en sábado, que traían gavillas y las cargaban sobre asnos, y también vino, uvas, higos y toda clase de cargas, y las traían a Jerusalén en día de sábado. Yo les amonesté el día en que vendían provisiones.
También había tirios que habitaban en la ciudad y traían pescado y toda clase de mercancías, y las vendían en sábado a los judíos en Jerusalén.
Reprendí a los nobles de Judá y les dije: «¿Qué mal es éste que hacéis, profanando el día de sábado?
¿No hicieron eso mismo vuestros padres, por lo cual nuestro Dios trajo sobre nosotros y sobre esta ciudad toda esta desgracia? ¡Y vosotros añadís más ira contra Israel, profanando el sábado!»
Apenas oscurecía, cuando las puertas de Jerusalén iban a dar sombra antes del sábado, mandé cerrar las puertas y ordené que no se abrieran hasta pasado el sábado. Coloqué a algunos de mis servidores en las puertas para que no entrara ninguna carga en día de sábado.
Los mercaderes y vendedores de toda clase de mercancías pasaron la noche fuera de Jerusalén una o dos veces.
Pero yo les amonesté diciéndoles: «¿Por qué pasáis la noche delante de la muralla? Si lo hacéis otra vez, os haré prisioneros.» Desde entonces dejaron de venir en sábado.
Mandé también a los levitas que se purificaran y vinieran a custodiar las puertas para santificar el día de sábado. «¡Acuérdate también de esto en mi favor, Dios mío, y ten piedad de mí según tu gran misericordia!»
Vi también en aquellos días a algunos judíos que se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas.
La mitad de sus hijos hablaban asdodita o la lengua de uno u otro pueblo, pero no sabían hablar la lengua de Judá.
Yo los reprendí, los maldije, los golpé a algunos de ellos, les arranqué los cabellos y los conjuré por Dios: «No daréis vuestras hijas a sus hijos, ni tomaréis sus hijas para vuestros hijos ni para vosotros mismos.
¿No pecó en esto Salomón, rey de Israel? Entre muchas naciones no hubo rey como él; era amado de su Dios, y Dios le había hecho rey de todo Israel; sin embargo, las mujeres extranjeras le hicieron pecar.
¿Se va a decir de vosotros que cometéis ese gran crimen, siendo infieles a nuestro Dios casándoos con mujeres extranjeras?»
Uno de los hijos de Joyadá, hijo de Eliasib, sumo sacerdote, era yerno de Sanbalat, el horonita, por lo que lo eché de mi lado.
«¡Acuérdate de ellos, Dios mío, porque han manchado el sacerdocio y la alianza del sacerdocio y de los levitas!»
Yo los purifiqué de todo extranjero, y establecí las órdenes de los sacerdotes y de los levitas, cada uno en su función,
y también lo relativo a la ofrenda de la leña en los tiempos señalados y las primicias. «¡Acuérdate de mí, Dios mío, para bien!»