Génesis es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y también por el judaísmo. Forma parte de la Torá (Pentateuco), tradicionalmente atribuida a Moisés, y es fundamental para la comprensión de los orígenes del mundo y del pueblo de Israel.
Génesis
Capítulo 23
Vivió Sara ciento veintisiete años; tales fueron los años de la vida de Sara.
Murió Sara en Quiriat Arbá –que es Hebrón–, en la tierra de Canaán. Abrahán vino a hacer duelo por Sara y a llorarla.
Después se levantó Abrahán de junto a su difunta y dijo a los hititas:
«Forastero y huésped soy entre vosotros; concededme en propiedad una sepultura entre vosotros, para enterrar a mi difunta.»
Los hititas respondieron a Abrahán diciéndole:
«Oyenos, señor mío: tú eres un príncipe de Dios entre nosotros; en nuestros mejores sepulcros entierres a tu difunta. Nadie te negará su sepulcro para enterrar a tu muerta.»
Abrahán se levantó, se postró ante el pueblo de aquella tierra, ante los hititas,
y les dijo: «Si de veras queréis que entierre a mi difunta, escuchadme e interceded por mí a favor de Efrón, hijo de Sójar,
para que me dé la cueva de Macpelá, que está en el extremo de su campo; que me la dé por su justo precio, para que sirva de sepultura entre vosotros.»
Efrón, el hitita, estaba sentado entre los hititas, y Efrón, en presencia de todos los hititas que entraban por la puerta de la ciudad, respondió a Abrahán diciendo:
«No, señor mío, óyeme: el campo te lo doy, y también la cueva que hay en él, te la doy; a la vista de los hijos de mi pueblo te la doy; entierra a tu difunta.»
Abrahán se postró ante el pueblo de aquella tierra,
y dijo a Efrón, en presencia del pueblo de la tierra: «Si tú lo admitieras, te ruego me escuches: daré el precio del campo; acéptamelo, y enterraré allí a mi difunta.»
Efrón respondió a Abrahán:
«Óyeme, señor: una tierra que vale cuatrocientos siclos de plata, ¿qué es eso entre tú y yo? Entierra a tu difunta.»
Abrahán aceptó la oferta de Efrón, y pesó a Efrón la cantidad que éste había dicho en presencia de los hititas: cuatrocientos siclos de plata de curso legal entre mercaderes.
Así pasó a ser propiedad de Abrahán el campo de Efrón, que estaba en Macpelá, frente a Mamré, el campo y la cueva que había en él, y todos los árboles que estaban en el campo, dentro de todo su perímetro,
a la vista de los hititas, de todos los que entraban por la puerta de la ciudad.
Después enterró Abrahán a Sara, su mujer, en la cueva del campo de Macpelá, frente a Mamré –que es Hebrón–, en la tierra de Canaán.
Y así el campo y la cueva que había en él pasaron a Abrahán como propiedad sepulcral, adquirida de los hititas.