Génesis es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y también por el judaísmo. Forma parte de la Torá (Pentateuco), tradicionalmente atribuida a Moisés, y es fundamental para la comprensión de los orígenes del mundo y del pueblo de Israel.
Génesis
Capítulo 24
Abrahán era ya viejo, de edad avanzada, y Yahveh le había bendecido en todo.
Dijo Abrahán al criado más viejo de su casa, que era el mayordomo de todos sus bienes: «Pon, por favor, tu mano bajo mi muslo,
y te haré jurar por Yahveh, Dios del cielo y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de entre las hijas de los cananeos, entre los cuales habito,
sino que irás a mi tierra y a mi parentela a tomar mujer para mi hijo Isaac.»
El criado le respondió: «Quizá la mujer no querrá seguirme a esta tierra. ¿Debo entonces llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?»
Abrahán le contestó: «Guárdate de llevar allá a mi hijo.
Yahveh, Dios del cielo, que me tomó de la casa de mi padre y de mi tierra natal, y me habló y me juró diciendo: «A tu descendencia daré esta tierra», él enviará a su ángel delante de ti, y tomarás de allí mujer para mi hijo.
Y si la mujer no quisiere seguirte, quedarás libre de este juramento que me haces. Pero a mi hijo no lo lleves allá.»
El criado puso su mano bajo el muslo de Abrahán, su señor, y le juró sobre este asunto.
Tomó el criado diez camellos de entre los de su señor, cargó con toda clase de regalos de su señor, se puso en camino y fue a la ciudad de Najor, en Aram de los Dos Ríos.
Hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde, a la hora en que salen las mujeres a sacar agua.
Y dijo: «Yahveh, Dios de mi señor Abrahán, haz que salga hoy a mi encuentro, y usa de benevolencia con mi señor Abrahán.
Mírame, yo estoy junto a la fuente, y las hijas de los ciudadanos salen a sacar agua.
Que la joven a quien yo diga: «Inclina tu cántaro, que beba», y ella responda: «Bebe, y también abrevaré tus camellos», sea la que tú has destinado a tu siervo Isaac; y conoceré así que usas de benevolencia con mi señor.»
Todavía no había terminado de hablar, cuando Rebeca, que le había nacido a Betuel, hijo de Milcá, la mujer de Najor, hermano de Abrahán, salía con el cántaro al hombro.
La joven era muy hermosa, virgen, no había conocido varón. Bajó a la fuente, llenó su cántaro y subió.
El criado corrió a su encuentro y dijo: «Dame un poco de agua de tu cántaro.»
Ella respondió: «Bebe, señor mío.» Y en seguida bajó el cántaro a su mano y le dio de beber.
Cuando acabó de darle de beber, dijo: «También para tus camellos sacaré agua, hasta que terminen de beber.»
Y en seguida vació el cántaro en el abrevadero, corrió de nuevo al pozo a sacar agua, y sacó para todos los camellos.
El hombre la miraba en silencio, esperando para saber si Yahveh habría hecho prosperar o no su viaje.
Cuando los camellos acabaron de beber, tomó el hombre un anillo de oro de medio siclo de peso, y dos brazaletes de diez siclos de peso de oro,
y dijo: «¿De quién eres hija? Dímelo, por favor. ¿Hay lugar en casa de tu padre para pasar la noche?»
Ella contestó: «Soy hija de Betuel, el hijo que Milcá dio a Najor.»
Y añadió: «También tenemos paja y forraje en abundancia, y lugar para pasar la noche.»
Entonces el hombre se inclinó y se postró ante Yahveh,
diciendo: «Bendito sea Yahveh, Dios de mi señor Abrahán, que no ha retirado su benevolencia y fidelidad para con mi señor. Yo, guiado por Yahveh, he llegado a la casa del hermano de mi señor.»
La joven corrió a casa de su madre a contar lo sucedido.
Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán; Labán salió corriendo a la fuente donde estaba el hombre.
Y al ver el anillo y los brazaletes en las manos de su hermana, y al oír las palabras de Rebeca su hermana: «Así me ha hablado el hombre», fue a donde estaba el hombre, que seguía junto a los camellos, ante la fuente.
Y le dijo: «Entra, bendito de Yahveh; ¿por qué te quedas fuera? Ya he preparado la casa y el lugar para los camellos.»
El hombre entró en casa, y Labán descargó los camellos, les dio paja y forraje, y agua para que se lavaran los pies él y los hombres que con él estaban.
Después le sirvieron de comer. Pero él dijo: «No comeré hasta haber dicho mi mensaje.» Labán dijo: «Habla.»
Entonces dijo: «Yo soy siervo de Abrahán.
Yahveh ha bendecido mucho a mi señor, que se ha engrandecido. Le ha dado ovejas, vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos.
Sara, mujer de mi señor, dio a luz en su vejez un hijo a mi señor, y a él le ha dado todo cuanto tiene.
Mi señor me hizo este juramento: «No tomarás para mi hijo mujer de entre las hijas de los cananeos en cuyo país habito,
sino que irás a mi casa paterna y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo.»
Dije a mi señor: «Quizá la mujer no me seguirá.»
El me respondió: «Yahveh, en cuya presencia he andado, enviará su ángel contigo y hará próspero tu viaje, y tomarás para mi hijo mujer de mi parentela, de la casa de mi padre.
Entonces quedarás libre del juramento que me haces. Cuando hayas llegado a mi parentela, si no te la dieran, quedarás libre del juramento.»
«Llegado hoy a la fuente, he dicho: «Yahveh, Dios de mi señor Abrahán, si te place hacer próspero el viaje que estoy haciendo,
mírame: yo estoy junto a la fuente. La joven que salga a sacar agua, y a quien yo diga: «Dame un poco de agua de tu cántaro para beber»,
y ella me responda: «Bebe tú, y también para tus camellos sacaré agua», sea la mujer destinada por Yahveh al hijo de mi señor.»
«Todavía no había terminado de hablar en mi corazón, cuando Rebeca salía con el cántaro al hombro, bajó a la fuente y sacó agua. Yo le dije: «Dame de beber, por favor.»
Ella bajó en seguida el cántaro de encima de sí, y dijo: «Bebe, y también abrevaré tus camellos.» Bebí, y ella abrevó también los camellos.
Yo le pregunté: «¿De quién eres hija?» Ella respondió: «Hija de Betuel, hijo de Najor y de Milcá.» Entonces puse el anillo en su nariz y los brazaletes en sus brazos.
Me incliné, me postré ante Yahveh, bendije a Yahveh, Dios de mi señor Abrahán, que me había guiado por el camino de la verdad para tomar la hija del hermano de mi señor para su hijo.
Ahora, pues, si queréis mostrar benevolencia y fidelidad a mi señor, decidídmelo; si no, decidídmelo también, y yo me volveré a la derecha o a la izquierda.»
Entonces Labán y Betuel respondieron: «De Yahveh ha salido el asunto; no podemos decirte nada malo o bueno.
Ahí tienes a Rebeca delante de ti; tómala y vete; sea la mujer del hijo de tu señor, como ha dicho Yahveh.»
Apenas oyó el siervo de Abrahán estas palabras, se postró en tierra ante Yahveh.
Luego sacó el siervo objetos de plata y oro y vestidos, y se los dio a Rebeca; también dio regalos suntuosos a su hermano y a su madre.
Después comieron y bebieron, él y los hombres que le acompañaban, y pasaron la noche. A la mañana se levantaron, y el siervo dijo: «Dejadme volver a mi señor.»
El hermano y la madre de ella respondieron: «Quédese la joven con nosotros algunos días, por lo menos diez; luego se irá.»
El les dijo: «No me detengáis, pues Yahveh ha hecho prosperar mi viaje; dejadme volver a mi señor.»
Ellos respondieron: «Llamemos a la joven y preguntémosle su parecer.»
Llamaron, pues, a Rebeca y le dijeron: «¿Quieres irte con este hombre?» Ella respondió: «Sí.»
Entonces despidieron a su hermana Rebeca, a su nodriza, al siervo de Abrahán y a sus hombres.
Y bendijeron a Rebeca, diciéndole: «¡Oh hermana nuestra, ojalá llegues a ser millares de miríadas, y posea tu descendencia la puerta de sus enemigos!»
Rebeca se levantó con sus muchachas, montaron en los camellos y siguieron al hombre. El siervo tomó a Rebeca y se fue.
Isaac había vuelto del pozo de Lajai Roi, pues habitaba en la tierra del Negueb.
Una tarde salió Isaac a meditar al campo, y alzando los ojos, vio venir unos camellos.
Levantó también Rebeca los ojos, vio a Isaac, y se bajó del camello.
Y dijo al criado: «¿Quién es aquel hombre que viene por el campo hacia nosotros?» El criado respondió: «Es mi señor.» Entonces ella tomó el velo y se cubrió.
El criado contó a Isaac todo lo que había hecho.
Isaac la llevó a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca, que fue su mujer, y la amó. Así se consoló Isaac de la pérdida de su madre.