Génesis es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y también por el judaísmo. Forma parte de la Torá (Pentateuco), tradicionalmente atribuida a Moisés, y es fundamental para la comprensión de los orígenes del mundo y del pueblo de Israel.
Génesis
Capítulo 25
Abrahán tomó otra mujer, llamada Queturá.
Ella le dio a luz a Zimram, a Yocsán, a Medán, a Madián, a Isbac y a Súaj.
Yocsán engendró a Seba y a Dedán. Hijos de Dedán fueron los asureos, los letuseos y los leumeos.
Hijos de Madián: Efá, Efer, Henoc, Abida y Eldaá. Todos éstos fueron hijos de Queturá.
Abrahán dio todo cuanto poseía a Isaac.
A los hijos de sus concubinas les dio Abrahán regalos; y en vida todavía, los despidió de junto a Isaac, su hijo, hacia el país de Oriente.
Los años de la vida de Abrahán fueron ciento setenta y cinco años.
Exhaló Abrahán el espíritu y murió en buena vejez, viejo y lleno de años, y fue a reunirse con su pueblo.
Le sepultaron sus hijos Isaac e Ismael en la cueva de Macpelá, en el campo de Efrón, hijo de Sójar, el hitita, que está frente a Mamré,
el campo que Abrahán había adquirido de los hititas. Allí fue sepultado Abrahán junto a Sara, su mujer.
Después de la muerte de Abrahán, bendijo Dios a su hijo Isaac, que habitaba junto al pozo de Lajai Roi.
Esta es la descendencia de Ismael, hijo de Abrahán, el que le dio Agar la egipcia, sierva de Sara.
Estos son los nombres de los hijos de Ismael, por sus nombres según su descendencia: el primogénito de Ismael: Nebaiot; después: Cedar, Adbeel, Mibsam,
Mismá, Dumá, Masá,
Jadad, Temá, Jetur, Nafis y Cedemá.
Estos son los hijos de Ismael y éstos sus nombres, según sus aldeas y campamentos; doce príncipes por sus tribus.
Los años de la vida de Ismael fueron ciento treinta y siete años. Exhaló su espíritu y murió, y fue a reunirse con su pueblo.
Habitó desde Javilá hasta Sur, que está enfrente de Egipto, en dirección a Asur, y se asentó frente a todos sus hermanos.
Esta es la descendencia de Isaac, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac.
Era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Padán Aram, y hermana de Labán, el arameo.
Isaac oró a Yahveh por su mujer, que era estéril, y Yahveh le fue propicio, de suerte que concibió Rebeca, su mujer.
Los hijos chocaban dentro de ella, y ella exclamó: «Si es así, ¿para qué vivo yo?» Y fue a consultar a Yahveh.
Yahveh le respondió: «Dos naciones hay en tu seno, dos pueblos, al salir de tus entrañas, se dividirán: uno será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al pequeño.»
Cuando se cumplieron sus días de dar a luz, he aquí que había mellizos en su vientre.
Salió el primero, rubio, todo él velludo como una pelliza, y le llamaron Esaú.
Después salió su hermano, con la mano asiendo el talón de Esaú, y le llamaron Jacob. Tenía Isaac sesenta años cuando ellos nacieron.
Crecieron los muchachos. Esaú se hizo perito en la caza, hombre de campo, mientras que Jacob era un hombre sosegado, que habitaba en tiendas.
Isaac prefería a Esaú, porque le gustaba la caza; Rebeca prefería a Jacob.
Jacob había guisado un potaje, cuando Esaú llegó del campo, rendido de fatiga,
y dijo a Jacob: «Dame un poco de ese potaje rojo, que estoy rendido.» Por eso le llamaron Edom.
Jacob replicó: «Véndeme primero tu primogenitura.»
Dijo Esaú: «Estoy a punto de morir, ¿de qué me sirve la primogenitura?»
Jacob insistió: «Júramelo primero.» El se lo juró y vendió su primogenitura a Jacob.
Entonces Jacob dio a Esaú pan y el potaje de lentejas, y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.