Génesis es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y también por el judaísmo. Forma parte de la Torá (Pentateuco), tradicionalmente atribuida a Moisés, y es fundamental para la comprensión de los orígenes del mundo y del pueblo de Israel.
Génesis
Capítulo 26
Hubo hambre en la tierra, además de aquella primera que ocurrió en tiempo de Abrahán. Fue Isaac a Guerar, donde Abimélek, rey de los filisteos.
Apareciósele Yahveh y le dijo: «No bajes a Egipto; permanece en la tierra que yo te diré.
Habita en esta tierra, y yo seré contigo y te bendeciré, porque a ti y a tu descendencia he de dar todas estas tierras, cumpliendo el juramento que hice a tu padre Abrahán.
Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra,
porque Abrahán obedeció mi voz, y guardó mis mandamientos, mis preceptos, mis estatutos y mis leyes.»
Establecióse, pues, Isaac en Guerar.
Cuando los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer, dijo: «Es mi hermana.» Porque temía decir: «Es mi mujer», no sea que lo matasen los hombres de aquel lugar por causa de Rebeca, pues era muy hermosa.
Habiendo estado allí mucho tiempo, sucedió que Abimélek, rey de los filisteos, se asomó a la ventana y vio a Isaac que estaba acariciando a Rebeca, su mujer.
Entonces Abimélek llamó a Isaac y le dijo: «¡Con que es tu mujer! ¿Por qué dijiste: «Es mi hermana»?» Isaac respondió: «Porque me dije: «No sea que muera por causa de ella.»
Dijo Abimélek: «¿Qué es eso que nos has hecho? Poco más y uno del pueblo se llega a tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros un pecado.»
Entonces Abimélek mandó a todo el pueblo: «El que tocare a este hombre o a su mujer, será condenado a muerte.»
Sembró Isaac en aquella tierra y cosechó aquel año el ciento por uno, porque Yahveh le había bendecido.
Engrandecióse aquel hombre, y fue en aumento hasta hacerse muy rico.
Tuvo rebaños de ovejas y vacadas, y muchos servidores, y los filisteos le tuvieron envidia.
Todos los pozos que habían abierto los criados de su padre Abrahán, los filisteos los cegaron, llenándolos de tierra.
Dijo Abimélek a Isaac: «Vete de junto a nosotros, porque eres mucho más poderoso que nosotros.»
Entonces Isaac se fue de allí, acampó en el valle de Guerar, y se estableció allí.
Isaac volvió a abrir los pozos de agua que habían sido abiertos en tiempo de su padre Abrahán y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abrahán; y les puso los mismos nombres que su padre les había puesto.
Los criados de Isaac cavaron en el valle y hallaron allí un pozo de aguas vivas.
Pero los pastores de Guerar discutieron con los pastores de Isaac, diciendo: «El agua es nuestra.» Por eso llamó al pozo «Eseq», pues le habían disputado.
Cavaron otro pozo, y también disputaron por él, y le llamó «Sitná».
Entonces se mudó de allí y cavó otro pozo, por el que no disputaron, y le llamó «Rehobot», diciendo: «Por fin Yahveh nos ha hecho lugar, y prosperaremos en la tierra.»
De allí subió a Berseba.
Y aquella noche se le apareció Yahveh y le dijo: «Yo soy el Dios de tu padre Abrahán. No temas, porque yo estoy contigo; te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por amor de Abrahán, mi siervo.»
Entonces edificó allí un altar e invocó el nombre de Yahveh. Allí plantó su tienda, y los criados de Isaac cavaron un pozo.
Abimélek vino a él desde Guerar con Ajuzat, su amigo, y Picol, jefe de su ejército.
Isaac les dijo: «¿Por qué habéis venido a mí, si vosotros me aborrecéis y me habéis despedido de vuestra tierra?»
Ellos respondieron: «Hemos visto claramente que Yahveh está contigo, y hemos pensado: medie un juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y hagamos una alianza contigo:
que no nos hagas mal, así como nosotros no te hemos molestado, y sólo te hemos hecho bien y te hemos dejado ir en paz. Tú eres ahora el bendito de Yahveh.»
Entonces les aderezó un banquete, y comieron y bebieron.
Al día siguiente madrugaron y se juraron fidelidad mutua. Luego Isaac los despidió y ellos se fueron de él en paz.
Aquel mismo día llegaron los criados de Isaac y le hablaron del pozo que habían cavado, diciéndole: «Hemos encontrado agua.»
Y lo llamó Sibá. Por eso se llama la ciudad Berseba hasta hoy.
Cuando Esaú tenía cuarenta años, tomó por mujer a Judit, hija de Beeri, el hitita, y a Basemat, hija de Elón, el hitita.
Ellas amargaron la vida de Isaac y de Rebeca.