Génesis es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y también por el judaísmo. Forma parte de la Torá (Pentateuco), tradicionalmente atribuida a Moisés, y es fundamental para la comprensión de los orígenes del mundo y del pueblo de Israel.
Génesis
Capítulo 28
Llamó, pues, Isaac a Jacob, le bendijo y le mandó: «No tomes mujer de entre las cananeas.
Levántate, vete a Padán Aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre.
El Dios de los ejércitos te bendiga, te haga fecundo y te multiplique, de modo que llegues a ser una asamblea de pueblos.
Te dé la bendición de Abrahán, a ti y a tu descendencia, para que poseas la tierra de tus peregrinaciones, la que Dios dio a Abrahán.»
Así despidió Isaac a Jacob, que se fue a Padán Aram, a casa de Labán, hijo de Betuel, el arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esaú.
Vio Esaú que Isaac había bendecido a Jacob y le había despedido a Padán Aram para tomar allí mujer, y que al bendecirle le había mandado: «No tomarás mujer de entre las cananeas»;
y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, yéndose a Padán Aram.
Entonces Esaú comprendió que las mujeres cananeas no gustaban a su padre Isaac.
Por eso fue Esaú donde Ismael, y tomó por mujer, además de las que ya tenía, a Majalat, hija de Ismael, hijo de Abrahán, hermana de Nebaiot.
Salió Jacob de Berseba y se dirigió a Jarán.
Llegó a un lugar donde pasó la noche, porque el sol se había puesto. Tomó una de las piedras del lugar, la puso por cabezal, y se acostó en aquel lugar.
Y soñó: había una escalera apoyada en tierra, cuya cima tocaba el cielo; y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella.
Junto a él estaba Yahveh, que le dijo: «Yo soy Yahveh, el Dios de Abrahán, tu padre, y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.
Tu descendencia será como el polvo de la tierra; te extenderás al occidente y al oriente, al norte y al sur. Por ti y por tu descendencia se bendecirán todas las familias de la tierra.
Mira que yo estoy contigo; te guardaré dondequiera que vayas, y te haré volver a esta tierra, porque no te abandonaré hasta haber cumplido lo que te he prometido.»
Despertó Jacob de su sueño y dijo: «Ciertamente Yahveh está en este lugar y yo no lo sabía.»
Y tuvo miedo y dijo: «¡Qué temible es este lugar! Es nada menos que la Casa de Dios, y es la puerta del cielo.»
Levantóse Jacob de madrugada, tomó la piedra que había puesto por cabezal, la erigió como estela, y derramó aceite por encima.
Y llamó a aquel lugar Betel, aunque antes la ciudad se llamaba Luz.
Entonces hizo Jacob un voto, diciendo: «Si es que Dios está conmigo y me guarda en este viaje que estoy haciendo, y me da pan para comer y vestido para vestirme,
y vuelvo sano y salvo a la casa de mi padre, entonces Yahveh será mi Dios,
y esta piedra que he erigido como estela será una Casa de Dios, y de todo cuanto me des, te daré fielmente el diezmo.»