Génesis es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y también por el judaísmo. Forma parte de la Torá (Pentateuco), tradicionalmente atribuida a Moisés, y es fundamental para la comprensión de los orígenes del mundo y del pueblo de Israel.
Génesis
Capítulo 29
Púsose Jacob en camino y se fue a la tierra de los hijos de Oriente.
Miró y vio un pozo en el campo; junto a él había tres rebaños de ovejas echados, porque en aquel pozo abrevan los rebaños; la piedra sobre la boca del pozo era grande.
Cuando se reunían allí todos los rebaños, se retiraba la piedra de la boca del pozo, se abreviaba el ganado, y después se volvía a colocar la piedra sobre la boca del pozo.
Díjoles Jacob: «Hermanos míos, ¿de dónde sois?» Respondieron: «Somos de Jarán.»
Les dijo: «¿Conocéis a Labán, hijo de Najor?» Respondieron: «Le conocemos.»
Díjoles: «¿Se encuentra bien?» Respondieron: «Bien; mira, su hija Raquel viene con el rebaño.»
Entonces dijo: «Mirad, todavía es muy temprano, y no es hora de recoger el ganado; abrevad las ovejas, e id a apacentar.»
Respondieron: «No podemos hasta que se reúnan todos los rebaños y se retire la piedra de la boca del pozo; entonces abrevaremos las ovejas.»
Todavía estaba hablando con ellos, cuando llegó Raquel con las ovejas de su padre, porque era pastora.
Cuando Jacob vio a Raquel, hija de Labán, hermano de su madre, y el rebaño de Labán, hermano de su madre, se acercó, retiró la piedra de la boca del pozo, y abrevó el rebaño de Labán, hermano de su madre.
Jacob besó a Raquel, y levantando la voz, lloró.
Jacob dijo a Raquel que era pariente de su padre, y que era hijo de Rebeca. Ella corrió a anunciarlo a su padre.
Cuando Labán oyó la noticia de Jacob, hijo de su hermana, corrió a su encuentro, le abrazó, le besó y le llevó a su casa. Jacob contó a Labán todas estas cosas,
y Labán le dijo: «Tú eres de mis huesos y de mi carne.» Y se quedó con él un mes.
Entonces Labán dijo a Jacob: «Por ser tú pariente mío, ¿vas a servirme de balde? Dime cuál será tu salario.»
Labán tenía dos hijas; la mayor se llamaba Lía, y la menor, Raquel.
Lía tenía los ojos delicados; Raquel era de hermoso talle y de bello semblante.
Jacob se había enamorado de Raquel, y respondió: «Te serviré siete años por Raquel, tu hija menor.»
Respondió Labán: «Mejor es dártela a ti que dársela a otro; quédate conmigo.»
Sirvió Jacob por Raquel siete años, que le parecieron como unos cuantos días, por lo mucho que la amaba.
Dijo Jacob a Labán: «Dame mi mujer, que se ha cumplido mi tiempo, y me uniré a ella.»
Entonces Labán reunió a todos los hombres del lugar y dio un banquete.
Pero al anochecer tomó a su hija Lía y la llevó a Jacob, y él se unió a ella.
Y Labán dio a su hija Lía su esclava Zilpá, para que fuera su sirvienta.
Por la mañana, resultó ser Lía. Jacob dijo entonces a Labán: «¿Qué es lo que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué me has engañado?»
Respondió Labán: «No se hace así en nuestro lugar, dando la menor antes que la mayor.
Termina la semana de bodas con ésta, y te daremos también la otra, por el trabajo de otros siete años que me servirás.»
Así lo hizo Jacob; terminó la semana con Lía, y Labán le dio a su hija Raquel por mujer.
Labán dio a su hija Raquel su esclava Bilhá, para que fuera su sirvienta.
Jacob se unió también a Raquel, y amó más a Raquel que a Lía, y sirvió a Labán otros siete años.
Vio Yahveh que Jacob menospreciaba a Lía, y la hizo fecunda, mientras Raquel era estéril.
Concibió Lía y dio a luz un hijo, y le llamó Rubén, pues dijo: «Porque Yahveh ha visto mi aflicción, y ahora mi marido me amará.»
Volvió a concebir y dio a luz un hijo, y dijo: «Por cuanto Yahveh ha oído que yo era menospreciada, me ha dado también este otro.» Y le llamó Simeón.
Concibió de nuevo y dio a luz un hijo, y dijo: «Ahora esta vez se unirá mi marido a mí, porque le he dado tres hijos.» Por eso le llamó Leví.
Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: «Esta vez alabaré a Yahveh.» Por eso le llamó Judá. Y cesó de tener hijos.