Génesis es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y también por el judaísmo. Forma parte de la Torá (Pentateuco), tradicionalmente atribuida a Moisés, y es fundamental para la comprensión de los orígenes del mundo y del pueblo de Israel.
Génesis
Capítulo 33
Alzó Jacob los ojos y vio venir a Esaú con sus cuatrocientos hombres. Entonces repartió los niños entre Lía, Raquel y las dos siervas.
Puso delante a las siervas con sus hijos, detrás a Lía con sus hijos, y al final a Raquel con José.
El pasó delante de ellos y se postró siete veces en tierra antes de llegar junto a su hermano.
Esaú corrió a su encuentro, le abrazó, se echó a su cuello, le besó, y lloraron.
Alzó luego los ojos, vio a las mujeres y a los niños, y dijo: «¿Qué son éstos para ti?» Respondió: «Son los niños que Dios ha dado a tu siervo.»
Se acercaron las siervas con sus hijos y se postraron.
Se acercó también Lía con sus hijos, y se postraron; por último se acercaron José y Raquel, y se postraron.
Preguntó Esaú: «¿Qué te proponías con toda aquella cuadrilla que he encontrado?» Respondió: «Ganarme el favor de mi señor.»
Dijo Esaú: «Tengo bastante, hermano mío; quédate con lo tuyo.»
Jacob insistió: «No, por favor; si he alcanzado tu favor, acepta este regalo de mi mano, pues para eso he visto tu rostro, como quien ve el rostro de Dios, y tú me has acogido bien.
Acepta, pues, mi presente, que te ha sido ofrecido, porque Dios me ha dado bastante y tengo de todo.» Tanto le insistió, que lo aceptó.
Esaú dijo: «Pongámonos en marcha y sigamos; yo iré delante de ti.»
Jacob le replicó: «Mi señor sabe que los niños son tiernos y que las ovejas y vacas que están criando dependen de mí; si se les hostigara un solo día, todo el ganado moriría.
Pase, pues, mi señor delante de su siervo; yo me iré poco a poco, al paso del ganado que me precede y al paso de los niños, hasta que llegue a donde está mi señor, en Seír.»
Dijo Esaú: «Permíteme, al menos, dejarte parte de la gente que viene conmigo.» Respondió: «¿Para qué? Bástame haber hallado gracia a los ojos de mi señor.»
Volvió, pues, aquel día Esaú por el camino de Seír.
Jacob se encaminó a Sucot, edificó una casa, e hizo enramadas para su ganado; por eso llamó a aquel lugar Sucot.
Después, cuando Jacob llegó de Padán Aram, sano y salvo a la ciudad de Siquén, que está en tierra de Canaán, acampó frente a la ciudad.
El campo donde plantó su tienda lo compró a los hijos de Hamor, padre de Siquén, por cien monedas.
Y erigió allí un altar, y le llamó «El, Dios de Israel».