Génesis es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y también por el judaísmo. Forma parte de la Torá (Pentateuco), tradicionalmente atribuida a Moisés, y es fundamental para la comprensión de los orígenes del mundo y del pueblo de Israel.
Génesis
Capítulo 34
Salió Dina, la hija que Lía había dado a Jacob, a ver a las hijas del país.
La vio Siquén, hijo de Hamor, el jebuseo, príncipe de aquella región, la raptó y se acostó con ella, deshonrándola.
Se prendó su alma de Dina, hija de Jacob, se enamoró de la joven y le habló al corazón.
Y dijo Siquén a Hamor, su padre: «Tómame a esta joven por mujer.»
Jacob oyó que Siquén había deshonrado a su hija Dina. Como sus hijos estaban con su ganado en el campo, Jacob calló hasta que ellos volviesen.
Salió Hamor, padre de Siquén, a hablar con Jacob.
Cuando los hijos de Jacob volvieron del campo, al saber lo ocurrido, aquellos hombres se sintieron heridos, y se indignaron sobremanera, porque Siquén había cometido una infamia en Israel, acostándose con la hija de Jacob, cosa que no debía hacerse.
Hamor les dijo: «Mi hijo Siquén se ha enamorado de vuestra hija; os ruego que se la deis por mujer.
Emparentad con nosotros; dadnos vuestras hijas y tomad las nuestras.
Habitaréis con nosotros, y la tierra estará a vuestra disposición; estableced en ella vuestro comercio y haced en ella vuestras adquisiciones.»
Siquén dijo al padre y a los hermanos de la joven: «Haya yo hallado gracia a vuestros ojos; daré cuanto me pidáis.
Pedidme dote y regalo crecido, y daré cuanto me digáis; pero dadme a la joven por mujer.»
Los hijos de Jacob respondieron con engaño a Siquén y a Hamor, porque Siquén había deshonrado a Dina, su hermana.
Les dijeron: «No podemos hacer eso, dar nuestra hermana a un hombre incircunciso, porque eso sería una deshonra para nosotros.
Sólo os lo haremos a condición de que os hagáis como nosotros, circuncidando a todo varón de vuestro pueblo.
Entonces os daremos nuestras hijas y tomaremos las vuestras; habitaremos con vosotros y seremos un solo pueblo.
Pero si no nos escucháis en cuanto a circuncidiros, tomaremos a nuestra hija y nos iremos.»
Sus palabras parecieron bien a Hamor y a Siquén, hijo de Hamor.
El joven no tardó en hacerlo, porque estaba enamorado de la hija de Jacob; y él era el más respetado de toda la casa de su padre.
Fueron, pues, Hamor y su hijo Siquén a la puerta de su ciudad y hablaron así a los hombres de la ciudad:
«Esos hombres son amigos nuestros; que habiten en la tierra y hagan en ella sus adquisiciones; ciertamente la tierra es bastante extensa para ellos. Tomaremos sus hijas por mujeres y les daremos las nuestras.
Pero estos hombres nos permitirán habitar con ellos, y seremos un solo pueblo, solamente con esta condición: que se circuncide entre nosotros todo varón, como ellos están circuncidados.
Sus ganados, sus posesiones y todas sus bestias, ¿no serán nuestros? Accedamos a lo que piden, y se quedarán con nosotros.»
Hicieron caso a Hamor y a Siquén, su hijo, todos los que salían por la puerta de la ciudad, y se circuncidó todo varón de cuantos salían por la puerta de la ciudad.
Sucedió que al tercer día, cuando ellos sentían más dolor, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, entraron resueltamente en la ciudad y mataron a todos los varones.
Pasaron a cuchillo a Hamor y a su hijo Siquén, sacaron a Dina de casa de Siquén, y se fueron.
Entonces llegaron los hijos de Jacob a los muertos, y saquearon la ciudad, porque habían deshonrado a su hermana.
Tomaron sus ovejas, sus vacas, sus asnos, y cuanto había en la ciudad y en el campo.
Se llevaron cautivas a todas sus riquezas, a sus niños y a sus mujeres, y saquearon cuanto había en las casas.
Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: «Me habéis turbado, haciéndome odioso a los habitantes de esta tierra, a los cananeos y a los perizitas. Siendo yo poca gente, se reunirán contra mí, me herirán y seré destruido yo y mi casa.»
Ellos respondieron: «¿Acaso se había de tratar a nuestra hermana como a una prostituta?»