Génesis es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y también por el judaísmo. Forma parte de la Torá (Pentateuco), tradicionalmente atribuida a Moisés, y es fundamental para la comprensión de los orígenes del mundo y del pueblo de Israel.
Génesis
Capítulo 35
Dijo Dios a Jacob: «Levántate, sube a Betel y establécelo allí; y haz allí un altar al Dios que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.»
Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que estaban con él: «Quitad los dioses extraños que tenéis entre vosotros, purificaos y mudad vuestros vestidos.
Levantaos y subamos a Betel; allí haré un altar al Dios que me escuchó en el día de mi angustia y que ha estado conmigo en el camino por donde he andado.»
Ellos entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían en su poder y los anillos de sus orejas; y Jacob los escondió bajo la encina que hay cerca de Siquén.
Y se pusieron en camino. Invadió el terror de Dios a las ciudades de sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob.
Llegó Jacob a Luz, que está en tierra de Canaán –esto es, Betel–, él y toda la gente que le acompañaba.
Edificó allí un altar y llamó al lugar El Betel, porque allí se le había manifestado Dios cuando huía de su hermano.
Murió Débora, nodriza de Rebeca, y fue sepultada al pie de Betel, debajo de la encina; y ésta se llamó «Encina del llanto».
Aparecióse de nuevo Dios a Jacob, después de su regreso de Padán Aram, y le bendijo.
Díjole Dios: «Tu nombre es Jacob; pero ya no te llamarás Jacob, sino que Israel será tu nombre.» Y le llamó Israel.
Y añadió Dios: «Yo soy El Saddai. Sé fecundo y multiplícate; de ti ha de salir un pueblo y un conjunto de pueblos; y reyes saldrán de tus entrañas.
La tierra que di a Abrahán y a Isaac, te la daré a ti; y a tu descendencia después de ti daré esta tierra.»
Luego ascendió Dios de junto a él, del lugar donde le había hablado.
Jacob erigió una estela en el lugar donde le había hablado, una estela de piedra; derramó sobre ella una libación y echó aceite por encima.
Y llamó Jacob Betel al lugar donde Dios le había hablado.
Partieron de Betel. Todavía faltaba algún trecho para llegar a Efrata, cuando Raquel dio a luz; tuvo un parto difícil.
En medio de los dolores, la partera le dijo: «No temas, que también este niño es tuyo.»
Y mientras ella expiraba, pues estaba agonizando, le llamó Ben Oní; pero su padre le llamó Benjamín.
Murió Raquel y fue sepultada en el camino de Efrata, que es Belén.
Jacob erigió una estela sobre su sepulcro; esa es la estela del sepulcro de Raquel, que dura hasta hoy.
Israel siguió su camino, y plantó su tienda más allá de Migdal Éder.
Mientras residía Israel en aquella tierra, sucedió que Rubén fue y se acostó con Bilhá, la concubina de su padre; e Israel lo supo. Los hijos de Jacob fueron doce.
Hijos de Lía: el primogénito de Jacob, Rubén; después Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón.
Hijos de Raquel: José y Benjamín.
Hijos de Bilhá, sierva de Raquel: Dan y Neftalí.
Hijos de Zilpá, sierva de Lía: Gad y Aser. Estos son los hijos que le nacieron a Jacob en Padán Aram.
Fue Jacob donde su padre Isaac, a Mamré, a Quiriat Arbá –que es Hebrón–, donde residieron Abrahán e Isaac como forasteros.
Los días de Isaac fueron de ciento ochenta años.
Exhaló Isaac el espíritu y murió, y fue a reunirse con su pueblo, anciano y lleno de años. Le sepultaron sus hijos Esaú y Jacob.