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Génesis es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y también por el judaísmo. Forma parte de la Torá (Pentateuco), tradicionalmente atribuida a Moisés, y es fundamental para la comprensión de los orígenes del mundo y del pueblo de Israel.

Génesis

Capítulo 37 — Historia de José

1

Jacob se estableció en la tierra de Canaán, donde su padre había residido como forastero.

2

Esta es la historia de Jacob. José, de edad de diecisiete años, apacentaba el rebaño con sus hermanos; era el muchacho hijo de las hijas de Bilhá y de Zilpá, mujeres de su padre. Y José denunció a su padre la mala fama de ellos.

3

Israel amaba a José más que a todos sus otros hijos, porque lo había tenido en su vejez, y le había hecho una túnica de mangas largas.

4

Vieron sus hermanos que su padre le amaba más que a todos ellos, y le aborrecieron, y ya no podían hablarle amistosamente.

5

José tuvo un sueño, y se lo contó a sus hermanos, con lo que le aborrecieron aún más.

6

El les dijo: «Oíd, por favor, este sueño que he tenido.

7

Nosotros estábamos atando gavillas en el campo, cuando de pronto mi gavilla se levantó y se mantuvo derecha, mientras vuestras gavillas la rodeaban y se postraban ante la mía.»

8

Sus hermanos le replicaron: «¿Es que vas a ser rey sobre nosotros o vas a dominarnos?» Y le aborrecieron aún más por sus sueños y por sus palabras.

9

Tuvo otro sueño, y se lo contó a sus hermanos: «He tenido otro sueño –dijo–; el sol, la luna y once estrellas se postraban ante mí.»

10

Se lo contó a su padre y a sus hermanos; su padre le reprendió y le dijo: «¿Qué significa ese sueño que has tenido? ¿Vamos a venir yo, tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?»

11

Sus hermanos le tenían envidia; pero su padre meditaba sobre el asunto.

12

Sus hermanos fueron a apacentar el rebaño de su padre en Siquén.

13

Dijo Israel a José: «Tus hermanos están apacentando el rebaño en Siquén; ven, que voy a mandarte a ellos.» Él respondió: «Heme aquí.»

14

Dijo Israel: «Ve, mira cómo están tus hermanos y cómo está el rebaño, y tráeme noticias.» Lo despidió, pues, del valle de Hebrón, y él llegó a Siquén.

15

Un hombre le encontró andando errante por el campo, y le preguntó: «¿Qué buscas?»

16

El respondió: «Busco a mis hermanos; dime, por favor, dónde apacientan el rebaño.»

17

Le dijo el hombre: «Se han ido de aquí; les oí decir: «Vamos a Dotán.»» José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán.

18

Ellos le vieron desde lejos y, antes de que se acercara, tramaron matarle.

19

Se dijeron unos a otros: «Ahí viene el soñador.

20

Venid, vamos a matarlo y lo arrojaremos a un pozo; luego diremos que una fiera lo ha devorado. Veremos entonces en qué quedan sus sueños.»

21

Rubén oyó esto y quiso librarle de sus manos, diciendo: «No le quitemos la vida.»

22

Y añadió Rubén: «No derraméis sangre; arrojadlo a ese pozo del desierto, pero no pongáis mano en él.» Así quería librarle de sus manos para devolverlo a su padre.

23

Cuando José llegó adonde estaban sus hermanos, le desnudaron de su túnica, la túnica de mangas largas que llevaba.

24

Le tomaron y le arrojaron al pozo. El pozo estaba vacío, sin agua.

25

Luego se sentaron a comer. Alzando los ojos, vieron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad, con sus camellos cargados de goma, bálsamo y resina, que bajaban a Egipto.

26

Entonces Judá dijo a sus hermanos: «¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y ocultar su sangre?

27

Venid, vendámoslo a los ismaelitas; no pongamos mano en él, porque es nuestro hermano, carne nuestra.» Le hicieron caso sus hermanos.

28

Cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron a José del pozo y lo vendieron por veinte siclos de plata a los ismaelitas, que lo llevaron a Egipto.

29

Volvió Rubén al pozo, y no encontró a José; entonces rasgó sus vestidos,

30

y volvió a sus hermanos, diciendo: «El muchacho no está; yo, ¿adónde voy a parar?»

31

Tomaron entonces la túnica de José, y después de degollar un cabrito, mojaron la túnica en la sangre.

32

Y enviaron la túnica de mangas largas, la hicieron llevar a su padre y dijeron: «Hemos encontrado esto; reconoce si es la túnica de tu hijo o no.»

33

El la reconoció y dijo: «Es la túnica de mi hijo; una fiera lo ha devorado; ¡José ha sido despedazado!»

34

Entonces Jacob rasgó sus vestidos, se vistió de sayal y guardó luto por su hijo muchos días.

35

Todos sus hijos y todas sus hijas vinieron a consolarle, pero él rehusó el consuelo, diciendo: «¡Con luto bajaré al seol donde está mi hijo!» Y lloró por él su padre.

36

Los madianitas, por su parte, lo vendieron en Egipto a Putifar, eunuco del Faraón, jefe de la guardia.

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